“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

Salmo 1:1-3
 
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Isaías 26:3
"Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en tí persevera; porque en ti ha confiado."


Estas palabras las escribió el profeta Isaías hace unos 2,800 años, pero aún en nuestros días, en medio de un mundo tan necesitado de paz, tienen un profundo significado. Cuando hablamos de paz, pensamos en descanso, en reposo, en tranquilidad espiritual. Todo el mundo desea vivir en paz. Sin embargo todos los días leemos en los periódicos o vemos en la televisión noticias de asesinatos, de violaciones, de robos a mano armada, de guerra en todas partes del mundo. Vivimos en un mundo que parece estar encontrando su mejor expresión en el odio, la violencia, la guerra. Se han escrito libros, se han dado cursos, se han invertido vidas, tratando inútilmente de encontrar la paz. En las Naciones Unidas, se reúnen cada año representantes de todos los países del mundo con el fin de llegar a acuerdos que "garanticen" la paz mundial. Desde hace muchos años se están haciendo esfuerzos por concertar un acuerdo de paz entre Israel y los palestinos. Incluso han llegado a firmar documentos que parecen acercarlos a lograr la tan ansiada paz, pero entonces de alguna manera estalla la violencia y como resultado de nuevo hay muertos y heridos de ambas partes. La pregunta es: ¿Por qué no hay paz? El problema consiste en que no se puede legislar la paz. No puede crearse la paz por medio de leyes. La paz se engendra, nace. La paz comienza dentro de cada individuo.

Veamos tres cosas fundamentales que la Biblia nos dice acerca de la paz:

La primera se encuentra en Romanos 5:1: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo." Lo primero que nos enseña la Biblia sobre la paz, es que la paz viene a nuestras vidas como individuos cuando arreglamos nuestras cuentas con aquel que es nuestro Dios, nuestro Creador. Cuando pensamos en que Dios creó el mundo, en que Dios nos hizo, como dice su Palabra, es lógico que lleguemos a la conclusión de que si Dios nos creó es porque él tiene un propósito para la vida de cada uno de nosotros. La Biblia dice que "Dios es amor" (1 Juan 4:8). Hay tanto amor en Dios que él quiso compartir ese amor con alguien. Su propósito al crearnos fue manifestar ese amor en nosotros.

Mientras el hombre estuvo bajo ese "paraguas" de amor de Dios, todo marchaba a las mil maravillas. En el jardín del Edén, Adán y Eva disfrutaban de una paz indescriptible, hasta que se rompió la relación por medio del pecado. Después, en lugar de esa paz quedó un profundo vacío en el alma del hombre. Agustín de Hipona, un gran hombre de Dios, decía que este vacío sólo puede ser llenado por Dios. La persona que ha salido de ese “paraguas” de amor de Dios, la persona que ha quebrantado su relación con su creador... es un pez fuera del agua. ¿Has visto el pez en el agua? Cada escama, cada aleta, cada forma de su cuerpo tiene sentido. Es coherente, es hermoso, tiene eficiencia en la manera que se mueve... en su medio ambiente. Lo sacamos del agua... y aletea... y muere. El hombre fuera de una relación íntima con su Padre celestial es un pez fuera del agua, y empieza a sufrir las consecuencias de estar alejado de Dios. Y aletea y golpea con su vida, y siente esa sensación de carga, de culpa en su vida y se va al mundo buscando una solución, porque... algo está mal. Es lucha tras lucha, son problemas, son frustraciones una detrás de la otra... y el mundo ofrece sus soluciones... y ninguna resulta.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz con Dios…” No habrá paz, no habrá sentido de utilidad, no habrá sentido de dirección, no habrá un sentido de estar completo en el hombre hasta que arregle sus cuentas con Dios. Es lo primero que nos dice la Biblia sobre la paz.

Una segunda cosa que nos enseña la Palabra de Dios acerca de la paz se encuentra en Colosenses 1:19, 20: "Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz." Viendo Dios como esta creación de él, estaba destruyéndose a sí misma, movido por su inmenso amor y su misericordia decidió hacer algo, y estableció ese puente que es Cristo Jesús. Y a través de Jesucristo, y de su sangre derramada en la cruz del Calvario, lavar nuestros pecados, que nos habían separado de él y hacer posible la reconciliación entre nosotros y él, y adoptarnos como sus hijos (Gálatas 4:4-5).

Lo primero que nos enseña la Biblia es que para poder tener paz, tenemos que arreglar nuestras cuentas con Dios. Lo segundo que nos enseña la Biblia es que la única manera de arreglar las cuentas con Dios es a través de Jesucristo, su Hijo, reconociendo nuestros pecados y viniendo a él arrepentidos en busca del perdón.

Lo tercero que menciona la Biblia sobre la paz se encuentra en Filipenses 4:6, 7: "Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús." Este versículo tiene una palabra muy significativa porque no habla de “la paz con Dios”, sino de “la paz de Dios”. Esa paz que recibimos de él a través de la presencia de su Santo Espíritu en nuestras vidas, esa paz que no es producto de las circunstancias, que no depende de que la salud esté bien o que la cuenta del banco esté abundante, o que la familia esté bien o que el trabajo esté bien, sino que en medio de circunstancias difíciles, de manera inexplicable nace de adentro hacia afuera.

La paz que el mundo nos ofrece es una paz incompleta, que no satisface plenamente y es además una paz temporal, que desaparece tan pronto las circunstancias favorables dejan de existir. Por el contrario, la paz que Dios nos da, nos llena totalmente y podemos sentirla en las buenas y en las malas porque no depende de las circunstancias. Jesús dijo en Juan 14:27: “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”

Esa paz inefable sólo se manifiesta en nuestras vidas cuando hemos llegado a tener una íntima relación con nuestro Dios. Y la única manera de conocer profundamente a Dios es por medio de la lectura de la Biblia, que es su Palabra, y de la oración cada día de nuestras vidas.