“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

Salmo 1:1-3
 
Las reacciones humanas Enviar esta meditación

Mateo 5:38-48
“Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra; y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa; y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos. Al que te pida, dale; y al que quiera tomar de ti prestado, no se lo rehúses. Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles? Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”


Este pasaje es parte de lo que conocemos como el Sermón del Monte; es la primera enseñanza de Jesús a sus discípulos. Tal parece como si Jesús, al preparar a sus seguidores, estuviese dando prioridad a lo que habría de ser su mayor desafío en el nuevo camino que habían decidido seguir: las relaciones con las demás personas. No se refiere Jesús en este pasaje a nuestra relación con Dios, sino a las relaciones entre nosotros mismos, a las relaciones humanas.

Sin duda el mayor obstáculo que un ser humano encuentra en su nueva vida como creyente es otro ser humano. ¿Por qué? Porque constantemente estamos tratando con otras personas, ya sea de nuestra familia, o amistades, o compañeros de trabajo, o en el supermercado, en la calle, etc., y constantemente estamos reaccionando ante las acciones de ellos.

¡Cuántas veces algo insignificante ha sucedido y la persona ha reaccionado de una forma tan violenta que el resultado ha sido terrible!

No hace mucho tiempo, en Miami, Florida, alguien tocó la bocina de su carro a un individuo que se tardó un poco en mover su auto después que pusieron la luz verde. Este individuo se molestó, se sintió sumamente ofendido, y ¿cuál fue su reacción? Salió del carro, lleno de coraje, maldiciendo y en actitud amenazadora se dirigió al otro carro, diciéndole horrores al que le había tocado la bocina. Este, aparentemente, se sintió amenazado y, sacando un revólver, le disparó, matándolo instantáneamente.

¡Terrible final! ...uno muerto y el otro para la cárcel (y quizás la silla eléctrica). Dos familias destruidas, todo producto de una reacción violenta ante una situación que realmente no tenía ninguna importancia. ¡Qué distinto hubiera sido si el individuo que se molestó cuando le tocaron la bocina, simplemente lo hubiera ignorado y hubiera continuado tranquilamente su camino!

Reacciones humanas... De esto precisamente nos habla Jesús en este pasaje.

Versículo 38: “Oísteis que fue dicho: Ojo por ojo, y diente por diente...”

Hasta ese momento los judíos siempre habían escuchado “Ojo por ojo, y diente por diente”. La ley del Talión. En otras palabras: “El que me la hace, me la paga”.

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.”

Ahora Jesús les habla de un comportamiento totalmente distinto, revolucionario, que va en contra de todo lo establecido a través de la historia del pueblo judío. Claro que Jesús no se está refiriendo exclusivamente al hecho de recibir una bofetada (físicamente hablando). Esto no nos va a ocurrir con mucha frecuencia. Pero durante el curso de nuestras vidas sí recibiremos otros tipos de bofetada. Muchas veces seremos ofendidos o heridos moralmente en mayor o menor grado. Seremos humillados o subestimados o calumniados en ocasiones. En realidad lo que Jesús está diciendo es: “Aún cuando alguien te insulte de la manera más humillante, no debes responder con otro insulto similar”.

Jesús está tratando aquí con nuestro orgullo. Cuando alguien nos insulta o nos calumnia, sentimos como un fuego por dentro... y entonces... reaccionamos. Porque han herido nuestro orgullo, nuestro YO ha sido ultrajado, y eso no podemos permitirlo. Pero es eso exactamente lo que el Señor nos pide que hagamos.

Continúa en el versículo 40: “y al que quiera ponerte a pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa.”

La túnica era una especie de camisa que se usaba debajo de la ropa. La capa era la vestimenta exterior. Los judíos, por lo general, tenían solamente una capa, la cual usaban también como manta o cobija durante la noche. La ley judía establecía que la túnica de un deudor se podía confiscar, pero no la capa para que pudiera protegerse del frío.

Señor, entonces ¿por qué voy a entregarle mi capa, cuando ni siquiera la ley me lo exige? “No importa, quizás tú no entiendas, pero yo te digo que lo hagas”.

Jesús usa este ejemplo para referirse a nuestras posesiones. Cuando se trata de las cosas que poseemos, ninguna tiene una relación tan íntima con nosotros como la ropa. Por regla general es lo último que podemos proteger en el caso de perder las propiedades. Nuestras posesiones son importantes para nosotros, pero Jesús nos exhorta a que no estemos tan apegados a ellas que ocupen el primer lugar en nuestras vidas, sino que seamos capaces de prescindir de ellas aunque esto signifique ceder en nuestros derechos

Versículo 41: “Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos.”

Jesús usa este ejemplo para tocar el punto de nuestra voluntad. Con frecuencia oímos: “Si me lo piden a las buenas, de mí consiguen cualquier cosa, pero... que no traten de imponerse porque entonces sí es verdad que de mí no consiguen nada”. En otras palabras, “no traten de obligarme a hacer algo en contra de mi voluntad, porque conmigo no funciona”. Y generalmente reaccionamos en contra de lo que se nos pide.

Resumiendo: si me dan en la mejilla derecha debo poner la izquierda; si me quieren quitar la camisa, debo entregar también el saco y si me obligan a caminar una milla debo decir: no solamente una milla sino dos millas...

Pero, ¿cómo es eso? ¡Esto no tiene sentido, esto es totalmente irrazonable!

¿Y quién ha dicho que el Señor espera que hagamos las cosas que nosotros creemos que son razonables?

Versículos 46-47: “Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?”

Esto sí es razonable, amar a los que nos aman, saludar a los que nos saludan. Pero esto es lo que hacen los publicanos y los gentiles, les dijo Jesús. Así es como reacciona todo el mundo, pero el Señor quiere que nosotros vayamos más allá, él espera que nuestras reacciones sean diferentes a las reacciones de aquellos que no le conocen.

“Si hacen estas cosas, ¿qué hacéis de más?”, les dice Jesús. “¿Qué mérito tienen?”

El Señor espera que nuestras reacciones sean trascendentales, quiere decir que vayan más allá, que trasciendan. Si alguien te ofende, con seguridad espera que tú te defiendas y contraataques y ya está preparando lo que te va a decir cuando le contestes. Pero si tú no le contestas con otra ofensa sino que tu reacción es suave y tranquila, esa persona se va a sorprender porque no espera esa reacción, y estará tan confundida que no sabrá qué hacer.

Bueno, y todo esto... ¿para qué?

Versículo 45: “...para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos...”

Una traducción más correcta de esta expresión es: “para que seáis semejantes a vuestro Padre que está en los cielos...”

Este es el propósito de Dios en nuestras vidas; que lleguemos a ser semejantes a él. Es el mismo propósito que tenía en mente al crear al hombre a su imagen y semejanza.

Jesús termina con una exhortación esta parte del Sermón del Monte:

Versículo 48: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.”

Sabemos que mientras estemos en este mundo no llegaremos nunca a ser perfectos. En este pasaje esta palabra significa más bien “maduros”. El hombre “perfecto” o “maduro espiritualmente” es aquel que cumple el propósito para el que Dios lo ha creado.

Y esto irá siendo posible a medida que nos parezcamos más a Jesucristo.

Debe ser la meta de cada creyente crecer espiritualmente cada día con el fin de irse pareciendo a Jesús. Debemos aprender de él e imitarle en la manera en que él reaccionaba ante las distintas circunstancias.

La mejilla derecha pone a prueba nuestro orgullo, la túnica representa nuestras posesiones, la primera milla nuestra voluntad.

Cuando volvemos la mejilla izquierda, estamos quebrando nuestro orgullo, siendo humildes así como Jesús fue humilde. Cuando entregamos la capa, estamos quitando a nuestras posesiones el primer lugar que muchas veces ocupan en nuestras vidas y estamos poniendo en primer lugar la obediencia a Dios. Y cuando caminamos la segunda milla, estamos doblegando nuestra voluntad, estamos negándonos a nosotros mismos, estamos diciéndole NO a nuestro YO, y diciéndole SÍ al Señor.

Jesús nos dice en Mateo 11:29: “...aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.”

Dios quiere tratar con nuestras reacciones. ¿Y por qué son tan importantes las reacciones?

Porque a nosotros nos van a conocer por la manera en que reaccionemos ante cada situación.

Dicen que en cada reacción hay una razón. Y si la razón que hay detrás de nuestras reacciones es nuestra propia razón, lo que nosotros consideramos “razonable”, entonces lo más probable es que nuestro testimonio delante de todos los que nos rodean no glorifique el nombre de Dios.

Pero si hemos crecido espiritualmente, y hemos ido sometiendo al control del Espíritu Santo cada vez más áreas de nuestras vidas, entonces reaccionaremos de manera que le agrademos al Señor, y esto va a traer muchas bendiciones a nuestras vidas.