“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

Salmo 1:1-3
 
La importancia de creer Enviar esta meditación

Mateo 9:27-30
“Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho. Y los ojos de ellos fueron abiertos.”


Dice este pasaje que mientras Jesús se dirigía a un cierto lugar, le seguían dos ciegos, los cuales le gritaban que tuviese misericordia de ellos. Aparentemente Jesús no se detuvo a atenderlos en la calle, pues dice que le seguían, “dando voces.” Quizás el Señor estaba probando la fe de aquellos hombres. ¿Desistirían ellos? ¿Se darían por vencidos si él no contestaba inmediatamente su clamor?

Esto pasa muchas veces con nosotros cuando no recibimos respuesta inmediata de Dios. Nos llenamos de ansiedad, nos desesperamos y decidimos no clamar más a Dios. Y entonces tratamos de resolver el problema nosotros mismos. Evidentemente no fue este el caso, y aquellos ciegos persistieron y siguieron a Jesús hasta la casa a la que él se dirigía. Y allí se acercaron al Señor, buscando la tan ansiada sanidad. Este es el primer paso: Venir a Jesús. Él hace una invitación en Mateo 11:28: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”

Aquellos ciegos estaban cargados, y estaban conscientes de su necesidad, y sabían que Jesús podía suplir esa necesidad: la sanidad de sus ojos. De esta manera se encontraron frente a frente con el Señor. “¿Creéis que puedo hacer esto?”, les pregunta Jesús. “¿Creen ustedes que yo puedo sanarlos?”

¿Cuán importante es la respuesta a esta pregunta para lo que viene después?

Sumamente importante. La condición fundamental que nos muestra la Biblia para recibir las bendiciones de Dios es CREER. Empezando con nuestra salvación. Dice Juan 3:16: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito para que todo aquel que en él CREE no se pierda mas tenga vida eterna.” Y lo mismo en toda petición que hagamos: “Y todo lo que pidiereis en oración, CREYENDO, lo recibiréis”, dijo Jesús en Mateo 21:22.

Así que el primer paso es venir al Señor. El segundo paso: Creer que él puede resolver nuestro problema. Aquellos ciegos contestaron: “Sí, Señor.” Sin duda Jesús vio en el corazón de ellos una absoluta seguridad y sinceridad al contestar su pregunta, pues inmediatamente les tocó los ojos y les dijo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho.” “Y los ojos de ellos fueron abiertos.” Y pudieron ver.

Conforme a vuestra fe os sea hecho. ¡Qué importante es creer! ¡Cuán importante es la fe! Con ella todo, sin ella nada. “Sin fe es imposible agradar a Dios”, dice Hebreos 11:6. Sin duda fue el poder del Señor quien sanó a los ciegos, pero es la fe la que mueve la mano de Dios. Por medio de la fe el poder de Dios se manifiesta y las murallas son derribadas, los mares son abiertos, las bocas de los leones son cerradas, el mar embravecido es calmado, las tinieblas se convierten en luz resplandeciente, las circunstancias cambian, y el lamento se convierte en baile, dice la Biblia.

Es muy fácil decir: “Sí, yo creo”. Millones de personas en el mundo dicen que creen. En primer lugar, ¿en qué creen? No es solamente creer, sino en quién creer. ¿Crees tú en el Dios todopoderoso? El único, el verdadero, el que es el mismo ayer, y hoy y por los siglos: Cristo Jesús. ¿Y cómo crees en él? ¿De qué manera crees tú en Dios? Muchos dicen: “Yo creo en Dios... a mi manera, tú sabes...” Bueno, en realidad sólo existe una manera de creer, y es la que dice la Biblia. Si esperamos el favor de Dios, tenemos que creer de acuerdo a su Palabra. Creer de todo corazón, sin la más mínima duda de que Dios todo lo puede y que no hay nada imposible para él.

Hace muchos años hubo un equilibrista que llegó a tener fama internacional por sus proezas en la cuerda floja. A medida que pasaba el tiempo, sus actuaciones eran cada vez más espectaculares. El solía cruzar de un edificio de varios pisos a otro a través de un cable que se colocaba entre ambos. Lo más impresionante era que no usaba una red protectora, arriesgando su vida en cada actuación. Los edificios escogidos iban siendo más altos en cada ocasión, 30 pisos, 50 pisos, 80 pisos de altura. Cada vez que este hombre actuaba, enormes multitudes acudían a verlo, y sus actuaciones eran transmitidas por la televisión a todo el mundo.

En una ocasión, él anunció que intentaría hacer algo que nadie había hecho antes: cruzar las cataratas del Niágara de la orilla de los Estados Unidos a la orilla de Canadá a través de un cable de acero. Llegado el día, se reunieron en el lugar miles de personas a ambos lados de las cataratas. El equilibrista llegó y subió a una plataforma muy alta. Enseguida recibió una gran ovación de parte de la multitud. Entonces, tomando un micrófono, les pidió silencio y les explicó que intentaría cruzar hasta la orilla opuesta y regresar al punto de partida a través del cable que para los efectos había sido instalado, y no habría ninguna red protectora debajo de él. Seguidamente preguntó: “¿Creen ustedes que puedo hacerlo?” La inmediata respuesta fue un rotundo SÍ salido de todas aquellas gargantas.

El hombre se dirigió al inicio del cable, y con sumo cuidado comenzó a caminar. Lentamente, avanzó paso a paso mientras miles de ojos se mantenían fijos en él. Debajo, las rugientes aguas de las cataratas saltaban como tratando de alcanzarlo. Un pequeño traspié y le esperaba una muerte segura. Continuó caminando muy despacio mientras la ansiosa multitud se mantenía en impresionante silencio. Así llegó al lado opuesto. Y cuidadosamente dio la vuelta e inició el regreso.

Con la misma precaución, muy lentamente comenzó a avanzar hacia el punto de partida. Los minutos parecían interminables mientras una extraordinaria tensión se sentía en medio de aquella muchedumbre. Paso a paso, poco a poco continuó su camino hasta que ¡finalmente! llegó a la meta. Entonces la multitud prorrumpió en unánime y merecida ovación.

El equilibrista subió de nuevo a la plataforma, pidió silencio y nuevamente se dirigió al público. Les dijo: “He decidido que ahora mismo voy a repetir lo que acabo de hacer. “¿Creen ustedes que puedo hacerlo?” Nuevamente se levantó de la multitud un SÍ ensordecedor. “Pero quiero hacer un cambio” – les advirtió – “esta vez quisiera llevar a una persona sobre mi espalda. ¿Algún voluntario?”

Un sobrecogedor silencio invadió aquella multitud. No hubo una sola mano que se levantara en señal de aceptación del reto. Aquellos que con tanta firmeza creían que él podía repetir la hazaña no se atrevían a acompañarlo en el intento.

¿Algún voluntario?

Ciertamente hay una gran diferencia entre creer que alguien puede hacer algo, y confiar la propia vida al unirse en el intento. Muchos creen en Jesucristo. Pero son pocos los que están dispuestos a seguirlo en el camino señalado por él. Creer es fácil cuando no afecta nuestras vidas, cuando da lo mismo una cosa que otra. Pero cuando se trata de CONFIAR nuestras vidas a Dios, de entregarnos a él, entonces no es tan fácil. Esta es la manera en que la Biblia nos dice que creamos. No de una manera simple y superficial, sino de una manera profunda, sólida, agradable a Dios. Entonces él se manifiesta y derrama bendiciones sobre nosotros.

Cuando aquellos dos ciegos contestaron “Sí, Señor”, había algo poderoso que respaldaba sus palabras, que hizo que Jesús obrara un milagro.

Cuando el carcelero de Filipos les preguntó a Pablo y a Silas: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Ellos le dijeron: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú y tu casa.”

Tiene que ser algo más que simplemente yo creo que sí… me parece que sí…. tú puedes cruzar hasta la otra orilla… Para gozar del privilegio más grande, más precioso, más maravilloso que puede llegar a tener un ser humano: vivir por toda la eternidad junto a su Creador, junto a Aquel que dio su vida por cada uno de nosotros allí en la cruz del Calvario… Tiene que haber algo más profundo, más fuerte, más genuino….

Cuando Jesús, allí frente a la tumba de Lázaro, dijo: “Quitad la piedra”, Marta, la hermana del muerto, le dijo: “Señor, hiede ya, porque es de cuatro días.” Y Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”

Entonces quitaron la piedra… Y Lázaro salió.

¿Hay alguna piedra que deba ser removida de tu vida? ¿Puedes tú creer que Dios puede hacer un milagro en tu vida, en la vida de tus hijos, de tu esposo (o esposa), de tus nietos (si los tienes)?

¿Te resulta difícil creer? No te preocupes. Si tú quieres creer, el Señor Jesucristo puede ayudarte.

Cuando allí, en Marcos capitulo 9, aquel hombre trajo ante Jesús a su hijo endemoniado, clamando a él para que lo sanara, Jesús le dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” E inmediatamente el padre del muchacho le contestó: “Creo; ayuda mi incredulidad.”
Parece que no estaba muy seguro. Pero Jesús le ayudó. Y allí se manifestó la gloria de Dios.

¿Quieres tú que la gloria de Dios se manifieste en tu vida? ¿Puedes tú creer?

ORACION:
Amante Padre celestial, tu Palabra dice que para ti nada es imposible, pero muchas veces siento duda. Reconozco que soy débil, me resulta difícil creer de la manera en que tú esperas que tus hijos creamos. Yo quiero creer profundamente, genuinamente, para agradarte a ti. Por favor ayuda mi incredulidad, aumenta mi fe. Yo quiero ver tu gloria y disfrutar de tu presencia cada día de mi vida. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.