“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos, ni estuvo en camino de pecadores, ni en silla de escarnecedores se ha sentado; sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

Salmo 1:1-3
 
El significado de la cruz Enviar esta meditación

Colosenses 2:13-15
“Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.”


¿Qué significa para los cristianos el enorme sacrificio de Jesús? ¿Cuál es el significado de la cruz?

Según nos dice este pasaje, Jesucristo logró varias cosas en la cruz del Calvario:

Primero: Nos levantó de la muerte en que nos encontrábamos y nos dio vida eterna, pagando con su sangre por todos nuestros pecados. (v.13).
Correspondía a cada uno de nosotros hacer ese pago, puesto que todos sin excepción somos pecadores conforme a Romanos 3:23: "Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Además dice Romanos 6:23a: "Porque la paga del pecado es muerte..." Es decir, como todos somos pecadores todos merecemos la muerte eterna. Y estando muertos en nuestros pecados éramos impotentes para librarnos por nosotros mismos de la condenación. Por eso Dios, como un precioso regalo, ofreció a su Hijo con el fin de que en lugar de condenación tuviésemos vida eterna. Así termina Romanos 6:23b: “…mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.”

Segundo: Dejó sin efecto el castigo que merecíamos por esos pecados, anulando el acta que decretaba nuestra muerte y clavándola en la cruz. (v.14).
El apóstol Pablo utiliza esta metáfora refiriéndose a una nota o documento firmado a mano por un deudor que reconoce la deuda. Algo similar a lo que llamamos “pagaré”. El sacrificio de Jesús anuló nuestra deuda y con ello eliminó la sentencia que pesaba sobre nosotros.

Tercero: Despojó a los principados y a las potestades. (v.15).
La palabra griega usada en el original se aplica al despojo de las armas y armaduras de un enemigo derrotado. En el Calvario, los principados y las potestades, los líderes y autoridades del ejército y del reino de Satanás fueron despojados de sus armas y de su autoridad, de manera que ahora no tienen ningún poder para derrotar a quienes han creído y aceptado el sacrificio de Cristo.

Pero eso no es todo; aún nos dice más el apóstol Pablo: “…los exhibió públicamente…” En aquellos tiempos, cuando un general romano volvía victorioso de una gran conquista, con frecuencia llevaba a cabo un desfile triunfal. El vencedor y su ejército desfilaban por las calles bordeadas por millares de personas que les aclamaban. Mientras los músicos tocaban sus instrumentos, carros y soldados transportaban los tesoros tomados al monarca vencido y éste y sus generales eran conducidos encadenados, y su vergüenza era expuesta públicamente.

Esto hizo Jesús con el diablo y sus demonios, “…triunfando sobre ellos en la cruz.” El triunfo de Jesús en el Monte Calvario fue completo y terminante. No debe haber la más mínima duda al respecto. En el plan de Dios la cruz dejó de ser un instrumento de tortura y vergüenza para convertirse en su mayor victoria, y como Jesús ocupó nuestro lugar allí en la cruz es también, por lo tanto, nuestra victoria. Deberíamos regocijarnos constantemente del glorioso triunfo de Cristo en la cruz, sin embargo de alguna manera el diablo, aún así derrotado, se las arregla para confundirnos y quitar de nosotros el gozo que debíamos sentir en todo momento en nuestros corazones, independientemente de las circunstancias que nos rodeen.

Jesús dijo a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33) Podemos leer este versículo en la Biblia, quizás hasta aprenderlo de memoria, sin embargo muchas veces nos encontramos afligidos o en medio de un problema y tenemos la oportunidad de aplicar esta palabra en nuestras vidas para obtener un triunfo, y no lo hacemos porque no hemos llegado a entenderla de todo corazón; no hemos discernido espiritualmente lo que significa “confiad, yo he vencido al mundo.”

La Biblia dice en Oseas 4:6: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento.” Sin duda el motivo principal de la falta de gozo en nuestras vidas es la falta de conocimiento, el que no entendemos en toda su profundidad el significado de la muerte y resurrección de Jesucristo y su correspondiente victoria.

Cuentan que en los años setenta, unos treinta años después de haberse terminado la segunda guerra mundial, encontraron escondido en las montañas de Japón a un soldado japonés que no tenía conocimiento de que la guerra había terminado. Carecía de un radio u otro medio a través del cual enterarse de lo que había sucedido. Su falta de conocimiento de la verdad hizo que por todo ese tiempo aquel hombre estuviese escondido, temeroso, viviendo en cuevas, comiendo de todo lo que podía encontrar para sobrevivir, pasando trabajos e incomodidades, habiendo podido vivir en paz y tranquilidad en su casa con su familia. Nosotros muchas veces nos comportamos como ese hombre. Sufrimos innecesariamente, nos atormentamos, nos deprimimos ante situaciones que, literalmente, nos aplastan ignorando totalmente que Jesucristo ya venció por nosotros y que simplemente debemos confiar en él. Nuestra falta de conocimiento nos destruye. Y no es siempre falta de conocimiento intelectual, sino más bien conocimiento y discernimiento espiritual.

Después de la victoria en la cruz Jesucristo fue exaltado hasta lo sumo y Dios le dio un nombre que es sobre todo nombre, dice la Biblia en Filipenses 2:9. Cristo se halla en el trono celestial. El ha sido elevado sobre todo principado, autoridad y poder. Y allí, a la diestra del Padre, intercede constantemente por todos y cada uno de quienes han confiado en él (Romanos 8:34). Así es que podemos estar seguros de que somos no solamente vencedores en esta guerra espiritual sino, como afirma Pablo en su carta a los Romanos, “somos más que vencedores, por medio de aquel que nos amó.” (Romanos 8:37).

La clave está en creer que tenemos la victoria que Cristo ganó en la cruz. Si no lo creemos de corazón cualquier cosita que nos pase pondrá duda en nosotros, y entonces viene la tristeza, y la ansiedad, y a veces la desesperación. Ciertamente en esta vida tendremos que pasar por tiempos de aflicción, de sufrimientos, de tristeza, pero recordemos: no hubo gozo el viernes, hubo dolor y sufrimiento para todos aquellos que estaban frente a la cruz. Hubo llanto y tristeza durante todo el sábado. Pero el domingo se produjo el milagro más grande y maravilloso de la historia de la humanidad.

La resurrección de Cristo trajo consigo el gozo indescriptible de la vida eterna. Pero para que hubiera resurrección tuvo que haber muerte primero. Ya Jesús había dicho a sus discípulos: "De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto." (Juan 12:24). La victoria de Jesucristo se manifiesta de forma total y completa cuando entendemos este concepto y lo aplicamos en nuestras vidas. Es necesario morir al pecado, es necesario morir a los deseos de la carne que no estén de acuerdo a la voluntad de Dios. En Getsemaní, pocas horas antes de su muerte en la cruz, Jesús murió a sus deseos carnales de huir del Calvario y sometió su voluntad a la voluntad del Padre orando tres veces y diciendo: "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú." (Mateo 26:39).

El mensaje de la cruz es el mensaje más poderoso que haya sido expresado jamás en este mundo. A través de la muerte surgió la vida, la verdadera vida. Aférrate a la cruz y a la victoria que de ella emanó. El apóstol Pablo lo entendió profundamente y asimismo lo aplicó a su propia vida. De esta manera lo expresa en Gálatas 2:20: "Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí."

Cuando el dolor y el sufrimiento lleguen a tu puerta, cuando la aflicción te visite no te desesperes, sino haz lo que dijo Jesús: Confía en él. Levanta tus ojos y por un momento míralo a él en la cruz sufriendo horriblemente por ti, pero no te detengas ahí, mira más allá de la cruz, disfruta la victoria de la resurrección, fija tus ojos en Cristo resucitado porque él vive y ahora está a la diestra del Padre. La muerte no pudo retenerlo en el sepulcro. Aquella tumba estaba vacía el domingo temprano en la mañana cuando el ángel les dijo a aquellas mujeres: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?” (Lucas 24:5). Hoy la tumba continúa vacía, y estará por siempre vacía porque la victoria de nuestro Señor Jesucristo es eterna e irreversible.

Dice Jesús en Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” La intención de Satanás es robar nuestro gozo y matar y destruir nuestra alma, pero Jesús vino a darnos vida y vida en abundancia. No solamente cuando partamos de este mundo, sino mientras estemos aquí. Disfruta la vida abundante que te ofrece Jesús. Sólo él puede ofrecerla. Y por lo que hizo en la cruz pudo decir con autoridad: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:6).

¡A él sea la gloria y el imperio y el poder por los siglos de los siglos. Amén!