Septiembre 2018
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¿Muestras tú a los demás el amor de Cristo? Enviar esta meditación

Mateo 22:36-39
"Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo."


Un intérprete de la ley le preguntó a Jesús cuál era el principal mandamiento. Él le respondió que amar a Dios por sobre todas las cosas, y después le dijo que el segundo mandamiento era semejante, es decir tan importante como el primero: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” Para Dios es de suma importancia que nos amemos los unos a los otros; tan importante como que le amemos a él. De hecho, el fundamento básico de la vida cristiana consiste en amar a Dios y al prójimo. Si no actuamos de esta manera algo anda mal, y la Biblia nos llama mentirosos. En 1 Juan 4:20 leemos: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”

El Espíritu Santo vierte el amor de Dios en nuestros corazones. Así dice Romanos 5:5: “El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado." Una vez que este amor ha sido derramado en nuestros corazones deliberadamente comenzamos a identificarnos con los intereses y propósitos de Jesucristo en las vidas de otros. El resultado obvio de este proceso es sentir el deseo de obedecer los mandatos de Jesús. Y el Señor nos manda a que nos amemos. Dice Juan 13:34-35: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.” Es decir, el carácter de Jesús se manifiesta en nuestras vidas por medio del amor que mostramos a los demás, y todos a nuestro alrededor serán impactados por nuestro testimonio.

Después de su conversión en el camino a Damasco (Hechos capítulo 9) Pablo fue un hombre santo, entregado totalmente al servicio del Señor y por donde quiera que iba compartía con todos el amor que el Espíritu Santo había puesto en su corazón, el que en todo momento formaba parte de sus enseñanzas. En su carta a los Efesios, por ejemplo, los exhortó a que mostraran el amor de Dios “soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.” (Efesios 4:2-3). Deberíamos siempre seguir su ejemplo pero muchas veces nos concentramos en nosotros mismos y nuestros problemas, lo que hace difícil que los demás pueden ver en nosotros el amor de Dios. Tenemos que luchar contra la tendencia humana a amar las cosas que nos permiten obtener beneficios materiales, en lugar de amar y obedecer al Señor y así disfrutar de la paz, el gozo y el amor del Espíritu Santo.

La comunión con el Señor implica más que ir los domingos a la iglesia o pasar un tiempo a solas con él. Es necesario que como resultado de este tiempo devocional en nuestros corazones se produzca el deseo de mostrar la luz, la paz y el amor de Jesucristo al mundo que nos rodea que tan necesitado está de la gracia de Dios. A nuestro alrededor hay personas con necesidades de todo tipo. Muchas veces nuestro corazón se oprime ante tanta desgracia y sentimos lástima por ellos, pero, ¿hemos hecho algo por mostrarles el amor del Señor? No solamente debemos orar pidiendo a Dios que los ayude, sino también debemos mostrarle el amor de Cristo ayudándolos de alguna manera.

Hazte el firme propósito desde este momento de obedecer al Señor no sólo mostrando tu amor a tus seres queridos, sino también a tus vecinos, compañeros de trabajo, e incluso a personas que no conoces que te encuentres hoy en la calle. Hazlo en el nombre del Señor pues él no lo va a pasar por alto; todo lo contrario, él te recompensará. Así dice la Biblia en Colosenses 3:23-24: “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”

ORACION:
Padre celestial, te ruego me ayudes a mostrar tu amor a los demás con hechos no sólo con palabras. Que mi testimonio impacte la vida de los que me rodean y que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.