Septiembre 2018
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Las recompensas de la meditación diaria  Enviar esta meditación

Salmo 119:97-104
“¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación. Me has hecho más sabio que mis enemigos con tus mandamientos, porque siempre están conmigo. Más que todos mis enseñadores he entendido, porque tus testimonios son mi meditación. Más que los viejos he entendido, porque he guardado tus mandamientos; de todo mal camino contuve mis pies, para guardar tu palabra. No me aparté de tus juicios, porque tú me enseñaste. ¡Cuán dulces son a mi paladar tus palabras! Más que la miel a mi boca. De tus mandamientos he adquirido inteligencia; por tanto, he aborrecido todo camino de mentira.”


Meditar en la Palabra de Dios significa leerla cuidadosamente poniendo atención a cada frase, a cada palabra, como si verdaderamente quisiéramos absorber la enseñanza y entender lo que nuestro Padre celestial quiere decirnos. El salmista declara en el pasaje de hoy: “¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” ¿Quiere esto decir que debemos pasar todo el día leyendo la Biblia? Por supuesto que no. Pero sí podemos mantener en la mente lo que hemos leído y pensar en ello en cualquier momento. Cuando tenemos una gran preocupación nos pasamos el día, y a veces la noche, pensando en lo que nos preocupa. Pues bien, la preocupación es la distorsión que el enemigo ha hecho de la meditación. Claro que la preocupación nos perturba y nos afecta negativamente, mientras que meditar en la Palabra de Dios trae paz y sosiego a nuestras almas.

El valor de invertir tiempo a solas con Dios en la tranquila meditación de su Palabra no debe ser subestimado. Es más que un ejercicio espiritual a cumplir en el día, es parte vital de tu relación con el Señor. A medida que esta relación se hace más íntima notarás cambios en tu carácter y en tu comportamiento. En el pasaje de hoy, el salmista declara que a través de la meditación Dios le dio sabiduría y entendimiento. La Biblia nos habla de muchas otras recompensas que recibirás producto de la meditación diaria. Entre ellas las siguientes:

• Serás prosperado en todos los aspectos, no solamente en las finanzas sino también en tus relaciones con todos los que te rodean, en tu trabajo, en la salud, en tu vida espiritual. El Salmo 1 declara que aquel cuya delicia está en la Palabra de Dios y en ella “medita de día y de noche, será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.” Preciosa promesa para aquellos que buscan diariamente una mayor intimidad con el Señor.

• Aprenderás a tener un espíritu sosegado. La paz de Dios, “que sobrepasa todo entendimiento”, llenará tu corazón aun en momentos difíciles y todo afán y ansiedad desaparecerán cuando traigas tus peticiones delante de Dios. (Filipenses 4:6,7).

• Sentirás gozo en todo momento. En la presencia de Dios “hay plenitud de gozo”, dice el Salmo 16:11. La paz y el gozo provienen del fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas. Por eso el apóstol Pablo, estando preso en una cárcel romana, pasando mil incomodidades, careciendo de todo lo esencial y esperando que lo ejecutaran en cualquier momento, pudo decirles a los filipenses con toda autoridad: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4).

• Serán contestados los deseos de tu corazón. Dice el Salmo 37:4: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.” A medida que tu relación con Dios sea más íntima tu corazón se irá alineando con sus principios y tus deseos serán concedidos pues estarán de acuerdo con su divina voluntad.

• Por último, mientras más leas o escuches la Palabra de Dios más crecerá tu fe y disfrutarás de una manera muy especial tu relación con Dios, la cual se pondrá de manifiesto en tu vida especialmente cuando te enfrentes a una prueba. Romanos 10:17 dice que “la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios.”

Ciertamente son muchas las recompensas de meditar en la Palabra de Dios y pasar tiempo en oración diariamente. Hazte el propósito de leer la Biblia cada día, meditar en lo que lees y orar usando la palabra leída pidiendo a Dios te ayude a ponerla en práctica en tu vida.

ORACION:
Amante Padre celestial, te ruego me ayudes a ser constante buscando tu rostro y pasando tiempo de meditación y reflexión en tu Palabra cada día para que tu Santo Espíritu transforme mi mente y mi carácter conforme a tus planes en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.