Septiembre 2018
DLMMJVS
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30 

 
¿Estás disfrutando de la verdadera libertad? Enviar esta meditación

Lucas 4:16-21
“Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos. Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.”


Este pasaje nos enseña que Jesús iba regularmente a la sinagoga en el día de reposo. Dice: “Conforme a su costumbre.” Sin duda habría muchas cosas con las que él no estaba de acuerdo, con toda seguridad muchos conceptos de la ley estaban muy lejos de los principios de su evangelio, sin embargo Jesús nunca dejaba de reunirse con aquellos que se congregaban para adorar a Dios. En esta ocasión, al leer la afirmación hecha por el profeta Isaías más de siete siglos antes (la cual encontramos en el capítulo 61 de su libro), Jesús pone el sello divino sobre esta profecía y hace una de sus declaraciones más poderosas al pueblo judío cuando declara: “Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.” Aquí se presenta ante ellos como el Mesías del cual hablaban las profecías cuando les dice: "El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres." La palabra “ungido” es la misma de la cual se derivan los términos "Mesías" (en hebreo) y "Cristo" (en griego).

Muchos consideran este pasaje como una descripción de la labor que Jesús vino a llevar a cabo en la tierra. El Mesías vino a dar “buenas nuevas a los pobres”, no sólo a los pobres en el aspecto económico sino principalmente a los pobres en el aspecto espiritual; vino a “sanar a los enfermos y a los quebrantados de corazón”; y vino sobre todo a “poner en libertad a los cautivos y oprimidos.” Libertad de una esclavitud que va mucho más allá de una cárcel o unas cadenas. Es libertad de la condenación y de la muerte eterna.

Romanos 3:23 declara: “Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.” Y Romanos 6:23a dice que “la paga del pecado es muerte”, es decir condenación eterna. Pero el sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario pagó la deuda de nuestra culpa y fuimos perdonados y justificados. Así termina este versículo: “…mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23b). Es un regalo de Dios para todos los que, creyendo, han aceptado a Jesucristo como su salvador.

¿Por qué Dios nos ha dado este precioso regalo? Simplemente porque él nos ama y desea que disfrutemos una vida de paz y prosperidad en todos los aspectos, tanto en este mundo como cuando partamos de aquí. Por medio del profeta Jeremías, Dios dijo al pueblo de Israel: “Yo sé los planes que tengo para vosotros, planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11). Los israelitas no disfrutaron de esos planes de Dios porque no siguieron sus instrucciones. Por eso el Señor les dijo: “¡Oh, si hubieras atendido a mis mandamientos! Fuera entonces tu paz como un río, y tu justicia como las ondas del mar.” (Isaías 48:18). Más de setecientos años después Jesús vino al mundo con el fin de cumplir los planes de Dios. Así les dijo a un grupo de judíos: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia." (Juan 10:10).

Si estás luchando con pruebas, rechazo, depresión, temores o sentimientos negativos de cualquier tipo recibe hoy este mensaje de esperanza y libertad. Dios envió a su Hijo a morir para liberarte de todas las ataduras del pecado. Tú puedes disfrutar de esa vida en abundancia y de absoluta libertad si has confiado en Jesucristo como tu Salvador. Si aún no lo has hecho y crees esto en tu corazón eleva ahora mismo una oración confesando tus pecados y pide al Señor que entre a morar en ti para siempre. Al hacerlo serás salvo, dice Romanos 10:9-10.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias infinitas por haberme librado de la condenación que yo merecía por mis pecados y mi desobediencia. Por favor, aumenta mi fe y dame el valor para vivir conforme a esta libertad, obedeciéndote y agradándote en todo. En el nombre de Jesús, Amén.