Septiembre 2018
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¿Confías tú en la protección de Dios? Enviar esta meditación

Salmo 121
“Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra. No dará tu pie al resbaladero, ni se dormirá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Jehová es tu guardador; Jehová es tu sombra a tu mano derecha. El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche. Jehová te guardará de todo mal; él guardará tu alma. Jehová guardará tu salida y tu entrada desde ahora y para siempre.”


El mundo está lleno de peligros de todo tipo. Verdaderamente podemos decir que cuando salimos a la calle estamos corriendo el riesgo de no regresar vivos a la casa. No es descabellado admitir la posibilidad de perder la vida en un accidente automovilístico o a manos de un maniático que entra a un lugar público disparando un arma de fuego (como ha sucedido en tantas ocasiones) o en un asalto con el fin de robarnos o a causa de cualquier otro motivo relacionado con la violencia en medio de la cual vivimos. En ocasiones muchas personas han perdido la vida inesperadamente producto de un fenómeno natural como un repentino tornado, o un rayo, o un terremoto, o un tsunami o algo por el estilo. Otros que gozaban de buena salud de momento han recibido la mala noticia del resultado de los análisis acompañada del diagnóstico del médico de que sólo les quedan unos meses de vida. Ciertamente podríamos comparar este mundo con una jungla llena de animales salvajes que nos amenazan constantemente.

Los seres humanos a través de los años han ido creando su propia protección contra estos peligros. Por ejemplo, para protegernos de la violencia y el crimen se han creado cuerpos de seguridad como la Policía, la Guardia Nacional, el Ejército, etc. Existen también cámaras muy sensibles que son colocadas en lugares ocultos con el fin de inspeccionar los alrededores de una propiedad. Estas cámaras pueden detectar y hasta grabar movimientos sospechosos que puedan indicar la presencia de elementos maleantes. Para los fenómenos naturales contamos en la actualidad con sofisticados instrumentos que pueden, hasta cierto punto, pronosticar la próxima manifestación de algunos de ellos dando tiempo a tomar medidas para prepararse. En cuanto al aspecto de la salud, muchos han sido los adelantos tecnológicos en los últimos años tanto para prevenir algunas enfermedades como para la cura de las mismas.

Sin embargo, a pesar de todas estas medidas y de los avances tecnológicos, la seguridad y la protección absoluta no existen en este mundo a menos que vivamos bajo el amparo y la protección de Dios. La Biblia nos dice en el Salmo 91:1: “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.” Y más adelante en este Salmo encontramos esta preciosa promesa para aquellos que han decidido vivir en la presencia Dios: "No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos." (v.10-11). Dios es el único que puede garantizarnos seguridad en cualquier situación que se nos presente en la vida porque él es omnisciente y es omnipotente, es decir todo lo sabe y todo lo puede. Y además su amor por nosotros "excede a todo conocimiento." (Efesios 3:19).

En medio de la angustia y el temor que le embargaba el salmista sintió la inspiración del Espíritu Santo y alzando sus ojos pronunció desde lo más profundo de su alma las bellas palabras del pasaje de hoy: “Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.” Cuando rendimos al Señor nuestras vidas, cuando confiamos plenamente en su protección podemos tener la seguridad de que él nos “guardará de todo mal” cualesquiera sean las circunstancias, en todo tiempo, a cualquier hora del día o de la noche, pues Aquel que cuida de su pueblo nunca “se adormecerá ni dormirá.”

Al igual que el salmista mostró una fe inquebrantable declarando para sí mismo el perfecto cuidado y la protección de Dios, cada uno de nosotros, si vivimos una vida en la presencia del Señor, podemos declarar que cuando llegue la prueba contaremos con el oportuno socorro y la perfecta seguridad que sólo nuestro Padre celestial puede darnos.

ORACION:
Gracias, Dios mío, porque eres mi constante socorro, mi guardador, mi roca firme, mi amparo y mi protección. Por favor ayúdame a ser agradecido por medio de mi obediencia a ti. En el nombre de Jesús, Amén.