Septiembre 2018
DLMMJVS
 1
2345678
9101112131415
16171819202122
23242526272829
30 

 
¿Cómo obra la paciencia? Enviar esta meditación

Santiago 1:2–4
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna."


Los dos primeros versículos de este pasaje los compartimos ayer. Por medio de ellos el apóstol Santiago nos exhorta a tener gozo en medio de las pruebas. Vimos que la razón fundamental por la que ese gozo debe existir es el hecho de que el Señor obra en medio de la aflicción con un propósito, el cual es siempre bueno para aquellos que le aman. Cuando lo creemos de corazón, cuando nuestra fe se manifiesta en medio de la prueba, nos dice este pasaje que el resultado es “paciencia.”

Ahora bien, el último versículo nos enseña que la paciencia no es el producto final, sino que se espera que “la paciencia tenga su obra completa.” O sea, Dios espera que la paciencia se produzca en nosotros cuando prueba nuestra fe. Entonces, usando esta paciencia, él puede completar su obra que es llevarnos a ser conformes a la imagen de su Hijo Jesucristo (Romanos 8:29), es decir para que seamos “perfectos y cabales, sin que nos falte cosa alguna.”

Este proceso puede ser largo y doloroso. Quizás tengamos que esperar mucho tiempo y por eso necesitamos la paciencia. Si nos impacientamos y actuamos basados en nuestros propios impulsos podemos interrumpir la obra de Dios. Esto sucedió a Sara y Abraham cuando en lugar de esperar pacientemente a que se cumpliera la promesa de Dios Abraham se acostó con Agar, la sierva egipcia de Sara la que concibió un hijo, el cual fue llamado Ismael. Todos conocemos los terribles resultados de aquella decisión. De Ismael se levantó el pueblo árabe y de Isaac, el hijo de la promesa que nació trece años más tarde, surgió el pueblo judío. Ambos pueblos han vivido en medio de terribles guerras entre ellos por siglos.

En su juventud, el rey David expresó en muchos de sus salmos una gran impaciencia, clamando a Dios para que urgentemente resolviera sus problemas y acabara con sus enemigos. Por ejemplo, en el Salmo 13:1-2, David escribió: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos en mi alma, con tristezas en mi corazón cada día? ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí?” Sin duda David muestra en este clamor una gran urgencia y ansiedad. Pero a través de las pruebas él llegó a conocer íntimamente al Señor y así obtuvo la paciencia que necesitaba. Siendo un anciano David escribió en el Salmo 37:1: “No te impacientes a causa de los malignos”, y en el versículo 7 dice: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.” Y en el Salmo 40:1, David declara: “Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.” Esperar en el Señor con paciencia es necesario para que él haga su obra, en su tiempo y conforme a sus propósitos.

Muchas veces, como parte de su obra en nosotros, Dios necesita hacer una “cirugía espiritual” para extirpar de nosotros todo lo malvado y corrupto que se ha acumulado en nuestro interior a través de los años y así llevar a cabo un cambio de corazón, de mente y de carácter. Todo esto puede ser muy doloroso. La paciencia es “la anestesia” que Dios usa para mitigar el dolor de la operación. Sin paciencia es imposible que la obra de Dios se lleve a cabo cabalmente en nuestras vidas.

Ahora bien, no se trata de la paciencia pasiva que se sienta y acepta las cosas resignadamente. La palabra griega que se utiliza aquí para definir paciencia significa “persistencia firme”. O sea, se trata de una paciencia activa, dominante, que soporta todo pero no se detiene sino que marcha adelante hacia la meta, con firmeza, con absoluta certeza en la victoria. Esta es la paciencia que resulta de las pruebas. Por eso el apóstol Santiago nos exhorta a que nos gocemos en las pruebas con la seguridad de que una vez nuestra fe sea probada y se produzca paciencia en nosotros, Dios completará su obra y su nombre será glorificado en nuestras vidas.

ORACION:
Amante Padre celestial, te ruego aumentes mi fe para que las pruebas produzcan en mí esa paciencia de que habla tu palabra, y así tú puedas lograr tu propósito en mi vida y cambiar mi mente y mi corazón, y crear en mí el carácter de Cristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.