Septiembre 2018
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¿Eres capaz de sentir gozo en la prueba? Enviar esta meditación

Santiago 1:2–3
“Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia."


El pasaje de hoy parece demandar algo imposible de llevar a cabo. ¿Cómo es posible sentir gozo estando en medio de una prueba? ¿A quién se le ocurre que podamos siquiera considerar estar alegres cuando el dolor ha llegado a nuestras vidas en la forma de un accidente, o una enfermedad, o un problema familiar o cualquier otra mala noticia? ¿Por qué el apóstol Santiago exhorta a sus lectores a hacer algo que parece ser imposible de lograr?

En primer lugar, la palabra de Dios es muy clara en cuanto a lo que podemos esperar en esta vida aún después de haber aceptado a Jesucristo como Salvador. Jesús advirtió a sus discípulos: “En el mundo tendréis aflicción…” (Juan 16:33). Sabemos, pues, que en algún momento de nuestras vidas tendremos que enfrentarnos a algún tipo de prueba dolorosa. La pregunta sigue siendo: ¿Cómo podemos regocijarnos cuando estamos en medio de esa prueba? Jesús, después de advertir a sus discípulos que en el mundo encontrarían aflicción les dijo: “Pero confiad, yo he vencido al mundo.” Confiar es la clave para una vida victoriosa, una vida en la que podamos sentir gozo y paz aun en medio de la prueba. Para aquel que no ha conocido a Cristo esto es totalmente imposible. Pero cuando hemos llegado a conocer al Señor a través de la lectura de su palabra y la oración, la respuesta es diferente porque hemos aprendido que es a través de nuestras aflicciones que Cristo se manifiesta en nuestras vidas con todo su poder. Si viviéramos vidas libres de dificultades, ¿qué necesidad habría de la ayuda de Dios? Es precisamente por la existencia de las pruebas y los sufrimientos que llegamos a sentir la necesidad de clamar a nuestro Padre celestial por su ayuda, y así experimentar su amor y su poder.

La Biblia nos narra en Daniel capítulo 3 que el rey Nabucodonosor amenazó a tres jóvenes judíos (Sadrac, Mesac y Abed-nego) con echarlos al horno de fuego ardiendo si no adoraban la estatua de oro que él había mandado a construir. Estos jóvenes, confiando plenamente en el Dios todopoderoso, le contestaron al rey: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” Seguidamente los jóvenes fueron atados de pies y manos y echados al horno de fuego. De allí, milagrosamente, salieron completamente ilesos. El Señor pudo haberlos librado de la prueba pero la permitió porque él conocía el resultado. El nombre de Dios fue glorificado en toda la nación y “el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia”, dice Daniel 3:30. ¡Victoria total y absoluta!

Cuando nos enfrentamos a un problema con la certeza de que Dios nos dará una solución o nos dará la fuerza para soportarlo adquirimos fortaleza espiritual. Es como cuando entrenamos nuestro cuerpo físico en un gimnasio. A través del esfuerzo que hacemos para levantar las pesas o hacer cualquier otro ejercicio desarrollamos nuestros músculos. También es sabido que los árboles que crecen frente al mar desarrollan raíces fuertes y profundas porque han tenido que soportar los embates de los fuertes vientos marinos. De la misma manera nuestra fe se desarrolla como resultado de enfrentar las pruebas de esta vida y su producto, como dice Santiago, es paciencia.

Cuando estamos conscientes del beneficio espiritual que puede venir de una prueba, cuando confiamos que Dios está en control y que no nos dejará ni nos desamparará entonces podemos sentir gozo si ponemos nuestra mirada en el resultado y no en las circunstancias. Por medio del poder del Espíritu Santo que mora en nosotros podemos regocijarnos en medio de la prueba. No sólo tenemos la seguridad de que Dios proveerá, sino también podemos confiar que si caminamos junto a él estaremos mejor preparados para enfrentar todos los obstáculos que se nos presenten. Esta es la clave de nuestra victoria: la plena confianza en nuestro Señor.

ORACION:
Padre santo, te doy infinitas gracias porque tu palabra me enseña y me da el poder para soportar las pruebas y aun más para sentir gozo en medio de ellas. Gracias, Señor, por tu fidelidad y tu amor. En el nombre de Jesús, Amén.