Septiembre 2018
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¿En quién tienes puesta tu confianza? Enviar esta meditación

Filipenses 4:10-13
“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”


Normalmente se define la “autoconfianza” como una convicción o seguridad que siente una persona basada en sus propias habilidades. Por ejemplo, una vida de éxitos puede llevar a un hombre de negocios a pensar muy alto de sí mismo. Si él, por medio de sus logros, llega a considerarse a sí mismo como el mejor en su campo puede muy fácilmente formarse un patrón de confiar en sí mismo para satisfacer cualquier necesidad que surja o resolver cualquier problema que se presente. Siguiendo este concepto muchos sicólogos enfocan sus tratamientos en aumentar la autoestima (que no es más que la confianza en sí mismos) en personas que se muestran deprimidas por repetidos fracasos que han tenido en su vida.

¿Es esta la confianza que Dios desea para cada uno de nosotros? El apóstol Pablo inmediatamente contestaría: "¡NO!" Pablo ciertamente experimentó grandes éxitos en su vida, sin embargo desde su conversión en el camino a Damasco (Hechos capítulo 9) se mantuvo firme en la convicción de que era Dios quien lo capacitaría y le daría el poder para alcanzar toda meta y vencer toda dificultad que hubiese delante de él en su servicio al Señor. Por eso, él resume el pasaje de hoy declarando: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

En su carta a los filipenses Pablo escribió lo siguiente: “Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.” (Filipenses 3:4-7). Aquí Pablo menciona algunas de las aptitudes con las que él estaba dotado. Pero al mismo tiempo declara la inutilidad de poner en ellas su confianza al decir que las ha "estimado como pérdida por amor de Cristo.” Es decir, para él habían dejado de tener el más mínimo valor.

El deseo de Dios no es que seamos autosuficientes, sino que dependamos de él y pongamos en él nuestra confianza. A través de las Escrituras, el Señor demuestra que él y sólo él es capaz de suplir plenamente toda necesidad nuestra. Por ejemplo, en Filipenses 4:19 dice: “Mi Dios, pues suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” Ciertamente no debemos permitir que nuestros éxitos influyan en nuestro ego y eso desvíe nuestra atención de Dios, en quien debemos poner toda nuestra confianza. Dice Romanos 12:3: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno.”

La Biblia también dice que “toda buena dádiva desciende de lo alto.” (Santiago 1:17). Todo lo bueno que tenemos, todos los éxitos que hemos logrado en esta vida se deben al amor, la gracia y la misericordia de Dios, quien nos ha dado todo. Una linda canción contemporánea dice: “Cada mañana al despertar y por la noche al descansar agradezco tus bondades a mi vida por todo lo que me permites disfrutar.” Cree de todo corazón que es la bondad de Dios la razón de todas las bendiciones que recibes a diario. Agradécele hoy por todo lo que tienes y deposita tu confianza en el Dios todopoderoso para alcanzar futuros éxitos en tu vida.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por tu amor, tu gracia y tu misericordia. Te ruego me ayudes a ver tu mano en todos los éxitos que yo pueda lograr en mi vida, que siempre te de a ti la gloria y la honra, y que mi confianza en ti sea cada vez mayor. En el nombre de Jesús, Amén.