Septiembre 2018
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¿Sabes cómo somos justificados?  Enviar esta meditación

Gálatas 2:15-16
"Nosotros, judíos de nacimiento, y no pecadores de entre los gentiles, sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado."


Cuando los religiosos judíos usaban el término “pecadores” con respecto a los gentiles no pensaban en cualidades morales ni principios espirituales, sino se referían estrictamente al cumplimiento de la ley. Por ejemplo, el libro de Levítico establece las leyes alimentarias judías y enumera los animales que se deben y que no se deben comer. El que comía liebre o cerdo quebrantaba la ley y “se hacía pecador”. De la misma manera pensaban con respecto a otros aspectos establecidos por la ley. Es decir que, de acuerdo a este concepto, aquellos que cumplían con estos requisitos eran justificados y obtenían la salvación de sus almas.

En el pasaje de hoy el apóstol Pablo se dirige a los miembros de la Iglesia de Galacia y les habla de la verdadera justificación por la fe que sólo Jesucristo ofrece. Pablo les recuerda que la muerte de Cristo en la cruz había pagado el precio por el pecado del mundo, y que el único medio para ser salvos era aceptar por fe este sacrificio. Por lo tanto, sus esfuerzos por cumplir la ley con el fin de ser justificados eran totalmente inútiles. Era, sin duda, un error tratar de alcanzar la perfección obedeciendo la vieja ley que los había esclavizado.

Han transcurrido siglos desde que Pablo escribió esta carta, pero aún en nuestros tiempos sus principios están vigentes puesto que hay muchos que piensan que pueden obtener la salvación dejando de hacer esto o haciendo lo otro, es decir por medio de sus obras. El gran problema en este concepto es que por mucho que tratemos de hacer bien, nuestra naturaleza carnal, corrupta y miserable, no nos permite actuar con la santidad que Dios espera de quienes son justificados. La noticia alentadora es que somos “justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley”, como declara el pasaje de hoy. La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado y somos perdonados y justificados, simplemente si creemos de todo corazón. Así dice Romanos 10:9: "Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo." Esta es la gracia de Dios.

Pablo pone bien claro una vez más esta verdad en su carta a los romanos. Allí dice: “Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia.” (Romanos 11:6). Y también lo declara en su carta a los efesios: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2:8-9). En otras palabras, si una persona puede ganarse la salvación, entonces no hay necesidad de la gracia de Dios. Pero como creyentes sabemos que esto no es posible.

Finalmente, Pablo lo declara de una manera inequívoca a los romanos, los cuales pensaban que con sus obras podían ganarse el cielo: “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.” (Romanos 5:1-2). Somos perdonados, justificados y reconciliados con Dios por la gracia de nuestro Señor Jesucristo, quien se dio a sí mismo por nuestra salvación. Aceptemos este precioso regalo con la plena convicción de que nada podemos hacer para ganarlo por nosotros mismos.

Intercede hoy por tus familiares, amigos, compañeros de trabajos, vecinos que todavía están atados a "la ley", pensando que siendo "buenos" pueden ganarse la salvación. Ruega que sus corazones sean alcanzados con la noticia del regalo gratuito de la vida eterna, hecho posible por medio de la sangre de Jesús derramada en el Calvario, y que ellos entiendan que la liberación de todas sus ataduras está a su alcance con sólo aceptar a Jesucristo como Salvador.

ORACION:
Padre, una vez más te doy gracias por tu Hijo Jesucristo y por la libertad que a través de él me has dado. Por favor, ayúdame a entender la profundidad de este milagro y dame la fe y el valor para compartir esta preciosa noticia con aquellos que hoy viven en tinieblas. En el nombre de Jesús, Amén.