Septiembre 2018
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Efesios 4:10-13
“El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.”


La actitud que vemos en muchas iglesias en la actualidad es la de traer la mayor cantidad de personas al altar para que acepten a Jesucristo como Salvador. Esto, sin lugar a dudas es muy bueno, pero debemos preguntarnos: “¿Han entendido bien el mensaje de salvación antes de dar este paso?” Y después: “¿Cuál es el próximo paso?” “¿Hay algo que el nuevo creyente necesita hacer?” Por regla general después de este llamamiento se le da un abrazo a la persona que respondió abriendo su corazón al Señor, se le felicita, y muchas veces se deja abandonada sin prestarle la más mínima ayuda en esta nueva vida que acaba de empezar, la cual es totalmente nueva para ella.

Cuando un bebé nace es totalmente indefenso e incapaz de valerse por sí mismo. Sus padres lo alimentan, lo bañan, lo visten y le hacen todo lo que es necesario para mantenerlo vivo. A medida que crece le enseñan a caminar, a hablar, a hacer cosas que antes no podía hacer. Y así continúa su desarrollo físico e intelectual hasta que llega a la edad adulta. De igual manera en el aspecto espiritual esa persona que aceptó a Jesucristo como Salvador es un bebé recién nacido. Ciertamente es salva y cuando parta de este mundo irá al cielo por la eternidad. Pero hay algo más que Dios espera de ella: Tiene que crecer espiritualmente. El pasaje de hoy nos enseña que el propósito final de Dios es que “todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo.” Llegar a esta estatura espiritual debe ser la meta de todo cristiano.

Es nuestro deber instruir al nuevo creyente a lograr este crecimiento espiritual por medio de un proceso que consiste en pasar tiempo de oración y lectura de la Biblia diariamente, ser obediente a las enseñanzas de esta palabra y aplicarlas a su vida, congregarse y servir a Dios en algún ministerio de la iglesia. Debemos enseñarle que procure con diligencia presentarse “a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.” (2 Timoteo 2:15). Debemos decirle que necesita fortalecerse “en el Señor y en el poder de su fuerza.” (Efesios 6:10). Alguien debe mencionarle que le esperan momentos difíciles, y que va a encontrarse en medio de una guerra espiritual por lo cual tiene que vestirse “de toda la armadura de Dios, para que pueda estar firme contra las asechanzas del diablo” y así obtener la victoria (Efesios 6:11-18).

Este proceso de crecimiento espiritual es llevado a cabo por el Espíritu Santo pero requiere la participación del creyente. En la relación que entablamos con Dios después de nuestra salvación él espera de nosotros un esfuerzo, como dijo a Josué: “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente...” (Josué 1:9). A través de toda la Biblia somos exhortados a actuar de alguna manera en este proceso con el fin de conocer a Dios profundamente. “Escudriñad las Escrituras”, dice Juan 5:39. “Orad sin cesar.” (1 Tesalonicenses 5:17). “Amaos los unos a los otros con amor fraternal.” (Romanos 12:10). El apóstol Pablo nos exhorta en Romanos 12:1 a que presentemos nuestros cuerpos “en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios.” Y Jesús nos indica lo que debemos hacer si queremos seguirle: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Lucas 9:23).

¿Quieres crecer espiritualmente? Fortalécete en el Señor y en el poder de su fuerza, busca una íntima comunión con Él por medio de la oración constante, escudriña cada día la Palabra de Dios y sigue al pie de la letra sus instrucciones. Esfuérzate y sé valiente y verás como todos los que te rodean notarán el aumento en tu estatura espiritual.

ORACION:
Padre santo, es mi anhelo crecer y madurar espiritualmente. Por favor, ayúdame en este proceso para que tu propósito de que yo sea conforme a la imagen de tu Hijo sea una realidad en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.