Septiembre 2018
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¿Puedes entender la gracia de Dios? Enviar esta meditación

Efesios 2:8, 9
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe."


Dice este pasaje que somos salvos por gracia, por medio de la fe. “Gracia” es un regalo. Aún más, es un regalo inmerecido. Es decir que la salvación de nuestras almas es un regalo de Dios que ninguno de nosotros merece. Pero, ¿cómo entendemos esto? Podríamos tratar de entender la magnitud de la gracia de Dios, pero quizás nunca lleguemos a entenderla.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que por el pecado que cometieron Adán y Eva todos nosotros somos considerados pecadores y por lo tanto condenados a muerte. Así dice Romanos 5:12: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” Debido a esto, Romanos 3:23 declara: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Esto quiere decir que no tenemos ningún derecho a entrar al cielo y vivir eternamente junto al Señor, disfrutando de su paz y su amor. O sea como consecuencia del pecado fuimos "destituidos" de ese privilegio que originalmente Dios había dado al ser humano, y por lo tanto estamos condenados a pasar la eternidad en el infierno separados de Dios. Así declara la Biblia en Romanos 6:23: “Porque la paga del pecado es muerte.”

Es aquí donde se presenta ante Dios un dilema entre su perfecta justicia y su infinito amor por la humanidad. Por un lado, él debía cumplir su palabra manteniendo eternamente la separación entre él y el hombre como consecuencia del pecado. Pero es tan grande su amor por nosotros que decidió enviar a su Hijo Jesucristo para que muriera en la cruz del Calvario y pagara la deuda que nosotros debíamos pagar. Era necesario un sacrificio, alguien tenía que morir, y Jesús se entregó a sí mismo en propiciación por nuestros pecados para darnos la salvación de nuestras almas y con ella la vida eterna. Así se manifestó la gracia de Dios, precioso regalo que el Señor nos ha dado y que no merecíamos, el cual para nosotros es gratis pero a Dios le costó mucho, nada menos que la vida de su Hijo, con el fin de librarnos de la condenación eterna. Veamos algunas características de la gracia:

1. Es gratis.
Romanos 3:24: “Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.”

2. Es iniciativa de Dios.
Romanos 5:8: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.”

3. Es completa.
Juan 19:30: “Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.” En ese momento, al derramarse la sangre de Aquel que nunca pecó, se pagó completamente la deuda de todos nosotros delante de Dios.

4. Es suficiente y es eterna.
Hebreos 10:12: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios.”

5. Se manifestó a través de la obra redentora de Jesús.
Romanos 5:21: “Así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.”

Ciertamente no existen palabras para definir la maravillosa gracia de Dios. Quizás pudiésemos intentar describirla al igual que hizo un hombre llamado Agustín de Hipona, el cual durante su juventud vivió una vida lujuriosa e inmoral. Pero hubo en él un cambio enorme cuando conoció a Jesucristo como su salvador. Después de su conversión Agustín renunció a todas sus posesiones, fundó un monasterio y se retiró por tres años a orar y meditar en la Palabra de Dios. Estando allí escribió este precioso poema:

Busqué al Señor y luego supe
que él movía mi alma para buscarlo,
buscándome él a mí;
no fui yo quien te encontró, oh Salvador verdadero,
no... yo fui encontrado por ti.

Tú extendiste tu mano y tomaste la mía;
caminé y no me hundí en el furioso mar de la tormenta.
No fue tanto que yo me asiera de ti,
como que tú, amado Señor, me asiste a mí.

Ahora siento una infinita paz
y sólo amor es mi respuesta a ti, Señor;
aunque la espalda te dí, tú me salvaste
porque siempre me amaste, Señor.

Esta es la gracia de Dios. Darnos lo que no merecemos... por su infinito amor.

ORACION:
Padre Santo, no puedo entender la magnitud de tu amor, pero te adoro por haber derramado sobre mí tu gracia a través del sacrificio de tu Hijo. En el nombre de Jesús, Amén.