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Los beneficios de perdonar Enviar esta meditación

2 Corintios 2:9-11
“Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo. Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.”


El fin que el apóstol Pablo perseguía en ésta, su segunda carta a los corintios, era asegurarse de que ellos estaban aplicando a sus vidas los principios y mandamientos del evangelio según él se los había enseñado. Les dice que les escribe "para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo." Y específicamente se preocupa por saber si ellos han perdonado “para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros.”

Una predicadora holandesa llamada Corie ten Boon fue usada con poder por Dios hace varias décadas. Durante la Segunda Guerra Mundial ella y su familia fueron acusadas por los nazis de haber escondido judíos en su hogar. Los arrestaron y los llevaron a los campos de concentración. Su padre y su hermana murieron allí. Años más tarde Corie regresó sola a su hogar. Al terminar la guerra, el Espíritu Santo la guió a predicar a Alemania. Después de un sermón que predicó sobre el perdón muchas personas lloraban mientras confesaban sus pecados. Muchos esperaron para estrecharle la mano al bajar de la plataforma. Mientras los saludaba uno por uno, apareció en la fila un hombre que tenía su mano extendida. Tan pronto ella lo vio sintió que su corazón dejaba de latir. Él había sido uno de los guardias en Ravensbruck, el campo de concentración donde ella y su hermana habían estado encarceladas. Los prisioneros tenían que pasar desnudos delante de él cuando eran llevados a ese campo, y con frecuencia les negaba el alimento. Dolorosos recuerdos de aquellos años terribles llenaron la mente de Corie.

El hombre no la reconoció como una antigua prisionera, pero ella se lo hizo saber. Él le dijo que después de haber servido como guardia en Ravensbruck había aceptado a Cristo como su Salvador personal. “Yo sé que Dios me ha perdonado todas las crueldades que cometí allí; pero me gustaría oírlo de sus labios también. ¿Me perdonará usted?” Corie cerró sus ojos. Ante ella pasó la imagen del cadáver de su hermana, y revivió el amargo recuerdo de su propio sufrimiento. Aquellos segundos le parecieron años. Finalmente, con sus ojos cerrados, hizo una oración: “Señor, yo no puedo perdonar a este hombre. ¡Ayúdame!” Ella decidió que al menos podía levantar la mano, y al hacerlo sintió que el poder del Espíritu Santo fluyó en su corazón y perdonó al antiguo guardia. Acto seguido sintió como todos los sentimientos de amargura desaparecieron y fueron reemplazados por el gozo y la paz de Dios. Posteriormente ella dijo que se había sentido como si tuviera diez años menos. Después de esta extraordinaria experiencia Corie ten Boon viajó por todo el mundo predicando el amor y el perdón de Cristo.

La falta de perdón en nuestros corazones nos aparta de Dios y permite a Satanás ejercer su influencia en nuestras vidas, dice el pasaje de hoy. Esto trae amargura, desasosiego, discordia, hostilidad y una serie de sentimientos que se traducen en vidas infelices. Cuando perdonamos, esas raíces de amargura desaparecen y el Espíritu Santo nos llena de la paz y el gozo del Señor. Esta fue la experiencia de Corie ten Boon. Ciertamente fue muy difícil para ella siquiera hacer un leve movimiento indicando su decisión de perdonar a aquel hombre, pero de lo más profundo de su corazón surgió un clamor pidiendo la ayuda del cielo. Lo que inmediatamente sucedió cambió su vida totalmente. Entonces pudo disfrutar plenamente de la paz, el gozo y todas las bendiciones del Señor.

Si tú te encuentras en una situación similar, si te resulta muy difícil perdonar a alguien que te hizo daño, clama a Dios por su ayuda con sincero deseo de obedecerle en esta área de tu vida. Verás como a medida que el Espíritu Santo va limpiando tu corazón de raíces de amargura serás capaz de perdonar y disfrutarás al máximo de la presencia y las bendiciones del Señor.

ORACION:
Mi Dios amado, te ruego que tu Santo Espíritu arranque de mi corazón las raíces de amargura que me impiden perdonar a aquellos que me han hecho daño, y así pueda yo disfrutar plenamente de tu paz y tu gozo. En el nombre de Jesús, Amén.