Agosto 2018
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¿Te deleitas tú en la presencia de Dios? Enviar esta meditación

Salmo 34:7-8
“El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Gustad y ved que es bueno el Señor; dichoso el hombre que confía en él.”


Hay algunas cosas en la vida que tenemos que hacer por obligación. Quisiéramos evitarlas pero no podemos, pues es necesario hacerlas aunque no disfrutemos mucho llevarlas a cabo. Hay también otras cosas que hacemos de manera rutinaria o mecánica, las cuales hemos estado haciendo por algún tiempo, y llega el momento en que nos acostumbramos a la rutina y las hacemos casi automáticamente. Si bien éstas no las estamos haciendo obligadamente, tampoco podemos decir que estamos disfrutando plenamente el momento. Ahora bien, ¡qué diferente es hacer algo con gusto! Entonces todo nuestro ser se involucra y disfrutamos de lo que estamos haciendo, como cuando saboreamos una deliciosa comida.

En el pasaje de hoy el salmista David nos invita a que gustemos, es decir a que probemos lo bueno que es el Señor, y disfrutemos de su santa presencia. Y dice además que aquel que teme a Dios y le busca día tras día cuenta con la protección del "ángel de Jehová", quien los "defiende" en todas las circunstancias que se presenten. No se refiere este "temor" al hecho de sentir miedo de un castigo sino más bien se trata de un temor santo y reverente hacia Dios y su Palabra. Es un profundo deseo de agradarle en todo y tratar de no ofenderle en nada. Dios desea que "gustemos" nuestra relación con él pero muchas veces, consciente o inconscientemente, nos envolvemos en la práctica de una religión fría, rutinaria y aburrida que nada tiene de gustosa o apetitosa. A menos que gustemos y disfrutemos de la presencia de Dios, nuestro cristianismo será algo rutinario y aburrido, carente de propósito y con pocos resultados.

David también nos exhorta en el Salmo 37:4: “Deléitate asimismo en el Señor, y él te concederá las peticiones de tu corazón.” Deleitarse es disfrutar plenamente de algo. Nos deleitamos en la presencia del Señor cuando al pasar un tiempo con él disfrutamos cada momento, sin prisa, abstraídos, alejados del mundo, envueltos en su paz inefable y saboreando la dulzura de su Espíritu. Cuando llegamos a un nivel espiritual en el que día tras día nos deleitamos en la presencia de Dios, meditando en su Palabra y pasando un tiempo de oración en el Espíritu sentiremos que todas nuestras necesidades espirituales y emocionales son cubiertas y las peticiones de nuestro corazón serán satisfechas.

También David escribió en Salmos 16:11: "Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre." Ciertamente una vez David entregó su vida al Señor, disfrutó plenamente de su compañía. Y al final de su vida, cuenta 1 Crónicas 29:28 que él "murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria."

Nos vamos al Nuevo Testamento y vemos a Jesús exhortando a sus seguidores a que prueben la comida espiritual que él les ofrece. Dice Juan 6:35: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Y en Juan 4:13-14, junto al pozo de Jacob, Jesús le dijo a la mujer samaritana refiriéndose al agua del pozo: “Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.” Cuando una persona come el "pan de vida" satisface su hambre espiritual para toda la vida. Cuando alguien bebe el "agua de vida" sacia la sed del espíritu totalmente y para siempre. Jesucristo es este pan y esta agua. ¡Él es la única y verdadera fuente de plena satisfacción y el que le da buen sabor a la vida!

Entrégale a Dios en este día toda esa fría religiosidad que te ha impedido disfrutar de su compañía y comienza a deleitarte en él. Toma la firme decisión de buscar el rostro del Señor cada día y pasar un tiempo a solas con él. Hazlo con fervor, con expectativa, con anhelo en tu corazón de disfrutar de su santa presencia.

ORACION:
Mi bendito Padre celestial, te ruego llenes mi corazón y mi mente de tu paz y de tu gozo, y que yo pueda deleitarme en tu santa presencia. En el nombre de Jesús. Amén.