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¿Cuál es la fuente de tu confianza? Enviar esta meditación

Filipenses 4:4-7
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos! Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”


Durante la primera etapa de su vida, hasta su conversión, el apóstol Pablo tenía puesta toda su confianza en sus propias credenciales, es decir su origen, su educación y su jerarquía entre los judíos. Esa era la fuente de su seguridad. Sin embargo, desde el momento de su encuentro con Jesús en el camino a Damasco (Hechos 9:1-6), Saulo de Tarso supo que su vida vieja había terminado y abrazó de todo corazón su nueva vida en Cristo. Por eso más tarde pudo declarar: “Ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo.” (Filipenses 3:8).

Pablo reconoció la insuficiencia de todo aquello en lo que había confiado antes: sus conocimientos, sus logros y su autoridad, y renunció a cualquier idea de vivir fuera de una relación con el Señor Jesucristo. La relación de Pablo con Jesús estableció los nuevos fundamentos de su existencia y creó en él una nueva fuente de su confianza que lo llevó a obtener logros increíbles. La firme confianza de Pablo en la fidelidad de Dios fue siempre un factor importante en su vida. Él le creyó al Señor cuando éste prometió fortalecerlo y prepararlo, guiarlo en todas las situaciones, suplir todas sus necesidades y no abandonarlo nunca. Cuando enfrentaba pruebas, Pablo experimentaba el poder del Espíritu Santo que fluía en él y a través de él. Por eso pudo enfrentar las adversidades con valor. Su confianza no estaba puesta en sí mismo sino en la presencia, la provisión y el poder de Dios a través de Cristo, y por consiguiente se mantenía firme. En su carta a los filipenses Pablo expone claramente la razón por la cual él podía vivir contento y confiadamente, lo mismo en escasez que en abundancia, tanto en las buenas como en las malas. Allí él declaró con toda autoridad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13).

Cuando nuestra seguridad descansa en Dios y demostramos convicción en cuanto a sus promesas, tenemos paz. Pero esta actitud calmada no va a permanecer mucho tiempo si mezclamos la confianza en él con la seguridad en nosotros mismos. Todos notarán que fue Dios quien inspiró nuestra confianza cuando nos vean tener éxito de maneras inesperadas o mostrar un gozo y una paz interior inexplicables en las situaciones más difíciles. Pablo escribió el pasaje de hoy estando en la cárcel, rodeado de incomodidades, siendo humillado y torturado, y esperando que en cualquier momento lo ejecutaran. Y aún así, su confianza en el Señor le permitía sentir tanto gozo que no podía dejar de exhortar a los filipenses a que se regocijaran en todo momento.

La confianza es algo que no surge de la noche a la mañana como por arte de magia. Si alguna vez has llegado a confiar en un amigo o una amiga, seguramente fue el resultado de un trato frecuente por mucho tiempo, y de las situaciones que se presentaron a través de los años que crearon una intimidad y un conocimiento mutuo. De manera similar sucede en el aspecto espiritual. Desarrollamos confianza en Dios al meditar diariamente en su Palabra, al pasar tiempo con él en oración, al permitir que su Santo Espíritu transforme esas áreas de nuestras vidas que afectan la relación con nuestro Padre celestial. Entonces llegaremos a conocer al Señor profundamente. Esto creará en nosotros una nueva fuente de confianza.

¿Cuál es la fuente de tu confianza? Cuando la prueba y la aflicción llegan a tu vida, ¿hacia donde diriges tu mirada? ¿Hacia tus conocimientos o tu experiencia o tu sabiduría? ¿O inmediatamente te dejas caer en los brazos del Señor y permites que él tome el control de la situación?

ORACION:
Padre santo, anhelo llegar a tener tal confianza en ti que pueda actuar en las pruebas como lo hacía tu siervo Pablo. Por favor ayúdame a conocerte más, a vivir en íntima comunión contigo, a descansar en tus brazos en todas las circunstancias que se presenten en mi vida. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.