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¿Pones tú en práctica lo que predicas? Enviar esta meditación

Romanos 2:1-3
“Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios?”


Hace algunos años a una universidad la acusaron de plagio. “Plagio” significa tomar los escritos de alguien y hacerlos pasar por propios. Esta acción es ilegal y es además moralmente incorrecta cualquiera que sea el escrito que se ha copiado, pero en este caso lo más impactante fue el hecho de que esta universidad había plagiado precisamente la sección referente a “Plagio” del manual de la otra universidad. El delito fue descubierto cuando un estudiante de postgrado de una de las dos universidades, que estaba considerando un empleo como profesor adjunto en la otra universidad, estaba leyendo el manual de la escuela y notó que la sección que advertía a los estudiantes contra el plagio era idéntica a la advertencia que había en el manual de la primera universidad.

En el pasaje de hoy, parte de su carta a los romanos, el apóstol Pablo incrimina a aquel hombre que juzga a los demás mientras que él hace lo mismo que critica. Quien actúa de esta manera, dice Pablo, no tiene excusas y se condena a sí mismo. Y lo más importante: el que actúa de esta manera que ni piense que escapará del juicio de Dios. Ciertamente "Dios no puede ser burlado" (Gálatas 6:7), y pobre de aquel que lo intenta pues nada bueno le espera.

También Jesús en el Sermón del Monte habló fuertemente en contra de quienes juzgan a los demás sin tener en cuenta sus propias acciones, las cuales muchas veces son peores que aquellas que están criticando. Allí el Señor enseñó reglas muy claras en relación al juzgar a los demás. Dice Mateo 7:1-5: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” Quizás la mayoría de nosotros, si no todos, nos podemos identificar con esta tendencia. Vemos un pecado en la vida de otra persona y nos disponemos inmediatamente a criticarlo, y muchas veces hasta delineamos la manera de corregir dicho comportamiento. Pero si somos honestos con nosotros mismos podremos ver faltas similares en nuestras propias vidas.

Más adelante en la misma carta a los romanos, Pablo denuncia la hipocresía de los religiosos que se creían muy justos pero hacían las mismas o peores cosas de las que acusaban a los demás. Así escribió Pablo: “Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio? Tú que te jactas de la ley, ¿con infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.” (Romanos 2:21-24). He aquí una gran enseñanza para nosotros. Si de verdad deseamos agradar a Dios debemos no solamente predicar a los que nos rodean lo que nos dice su santa palabra sino también debemos ponerla en práctica en todo momento. Recordemos lo que dijo Jesús a sus discípulos en el Sermón del monte: “Por sus frutos los conoceréis.” (Mateo 7:20). Es decir, nos conocerán no por lo que decimos sino por la manera en que actuamos.

Pide al Señor que te dé discernimiento para reconocer tus faltas y tus debilidades antes de señalar las faltas de los demás. Pídele también sabiduría para entender profundamente lo que nos enseña su palabra y compártelo con aquellos que te rodean. Y sobretodo hazte el propósito de poner en práctica lo que predicas.

ORACION:
Bendito Padre celestial, te ruego me capacites para ver mis propias acciones a la luz de tu santa palabra, y asegurarme de que están de acuerdo con lo que yo comparto con los demás. Y así sea tu nombre glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.