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¡Claro que hay esperanza! Enviar esta meditación

1 Corintios 6:9-11
“¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios."


A través de toda la Biblia hay muchos pasajes que pueden ser mal interpretados o quizás llevados a extremos en su interpretación. Hay creyentes que se exceden en su celo religioso y muchas veces se basan en pasajes como el de hoy, fundamentalmente los dos primeros versículos, para condenar a aquellos que ellos consideran "injustos" o pecadores de una manera u otra, proclamando con sus propias palabras algo así como: “Ustedes están condenados, y no tienen ninguna esperanza.” Sin embargo, sí existe una esperanza para aquellos que necesitan un cambio en sus vidas. Esta esperanza es Cristo Jesús. El último versículo del pasaje de hoy (v.11) dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.”

La Biblia dice que todos somos pecadores (Romanos 3:23). No hay ninguna excepción, pero en Cristo Jesús hay esperanza de una eternidad libre de pecado y condenación. Cuando aceptamos a Jesucristo como nuestro Salvador somos lavados, santificados y justificados para siempre por medio de la sangre redentora del Cordero de Dios. Por lo tanto, aquellos que piensan que han hecho cosas demasiado terribles para ser perdonados por Dios, presten atención a esta declaración en Romanos 8:1-2: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.” No existe una ofensa o un pecado tan grande que no pueda ser cubierto por Su sangre. Este es un poderoso mensaje de esperanza para el mundo.

Cuando los escribas y los fariseos trajeron delante de Jesús a una mujer que había sido sorprendida en el acto de adulterio (Juan capitulo 8), para ella no había ninguna esperanza pues, según la ley, debía morir apedreada. Y estos judíos, con el fin de tentar a Jesús para poder acusarle, le dijeron: “En la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” (v.5). Y Jesús les contestó: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” Y dice la Biblia que ellos, “al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.” Entonces Jesús le dijo a la mujer: “¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.” (v.10-11) ¡Qué experiencia tan maravillosa vivió aquella mujer! No tenía ninguna esperanza, y se encontró frente a frente con el Hijo de Dios, el cual en su infinita gracia y misericordia perdonó su pecado. Pero además el Señor expresó claramente la necesidad de un cambio en la vida de ella, cuando le dijo: “Vete, y no peques más.” En el pasaje de hoy, el apóstol Pablo expresa este cambio en la vida de aquellos a quienes escribe de la siguiente manera: “Y esto erais algunos.”

¿Conoces a alguien que necesita este mensaje de esperanza en el día de hoy? ¿Sabes si esta persona conoce el poder redentor y restaurador de la sangre de Cristo? Hazte el propósito de compartir este mensaje con alguien, ya sea en tu centro de trabajo, en el lugar donde estudias, entre tus amistades y familiares, en el mercado o en cualquier lugar en que te encuentres. No existe un sentimiento más reconfortante que guiar a un inconverso al conocimiento de Aquel que dio su vida por la redención de nuestros pecados, y mostrarle que no todo está perdido, que hay esperanza de perdón y un cambio muy grande en su vida.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por el mensaje de esperanza que nace del sacrificio de tu Hijo. Te ruego me capacites para transmitir a todos aquellos que viven sin una esperanza, las buenas nuevas de salvación a través de ese sacrificio. En el nombre de Jesús, Amén.