Junio 2018
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¿Cuán grande es el poder de Dios? Enviar esta meditación

Hebreos 12:25-29
“Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles. Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor.”


Dios revela su poder a la humanidad de diferentes maneras. Una de ellas es a través de la naturaleza. La Biblia dice que "los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos." (Salmo 19:1). El viento, las olas, los huracanes y los terremotos demuestran la fuerza y el poder de nuestro Dios. En ciertas situaciones especiales el Señor ha hecho sentir su presencia poderosamente a través de fenómenos naturales. Por ejemplo, cuando Dios habló a Moisés en el Monte Sinaí “todo el monte se estremeció en gran manera”, dice Éxodo 19:18. El día de la Resurrección, cuando María Magdalena y la otra María fueron a ver el sepulcro, “hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella.” (Mateo 28:1-2).

También se manifestó el poder de Dios al abrirse en dos el mar Rojo para dejar pasar a los israelitas, y cuando los egipcios que los perseguían intentaron hacer lo mismo las aguas se cerraron y todos murieron ahogados. (Éxodo 14:21-28). También cayó fuego del cielo cuando Elías clamó a Dios desafiando a los profetas de Baal (1 Reyes 18:36-38). De la misma manera cuando Pablo y Silas, estando presos en una cárcel de Filipos, oraron y cantaron himnos a Dios sobrevino un gran terremoto, “de tal manera que los cimientos de la cárcel se sacudían; y al instante se abrieron todas las puertas, y las cadenas de todos se soltaron.” (Hechos 16:25-26).

El pasaje de hoy hace referencia a lo sucedido en el Sinaí cuando Dios habló a Moisés y tembló la tierra. Pero cuando él hable en el futuro, promete lo siguiente: “Aún una vez, y conmoveré no solamente la tierra, sino también el cielo.” De esta manera lo declaró muchos siglos antes el profeta Hageo: “De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones.” (Hageo 2:6-7). Y este será el fin de toda la maldad y el principio del reinado de nuestro Señor.

El eterno e indestructible poder de Dios está a nuestra disposición si estamos dispuestos a obedecerle, y se manifiesta en nuestras vidas por medio de su palabra. En Mateo 24:35, respondiendo a preguntas de sus discípulos acerca de las señales de los últimos tiempos, Jesús les dijo: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” Debemos vivir aferrados a esta poderosa palabra, pues de ella depende el que vivamos una vida de triunfo en triunfo en todas las circunstancias que se nos presenten en la vida.

Así escribió Pablo a los cristianos de Corinto: “Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.” (1 Corintios 1:18). Juan Wesley, gran siervo de Dios y fundador de la denominación Metodista estaba perfectamente consciente de este poder. Por eso declaró: “Dadme cien hombres que no teman a nadie sino a Dios, que no odien nada sino el pecado y que no conozcan a nadie sino a Jesucristo crucificado, y conmoveré al mundo.”

Busca el rostro del Señor en oración cada día, escudriña las Escrituras y medita en ellas diariamente, obedece sus instrucciones y esfuérzate por agradarle en todo. Si lo haces, ese maravilloso poder divino te investirá y entonces podrás declarar con toda autoridad como lo hizo Pablo: “Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece.” (Filipenses 4:13).

ORACION:
Padre santo, te doy gracias porque has puesto tu poder a mi disposición. Hoy declaro que tú eres más grande que cualquier problema que puedo encontrarme en mi vida, y que en ti yo tengo la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.