Junio 2018
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¿Refleja tu testimonio el carácter de Cristo? Enviar esta meditación

Lucas 6:27-31
“Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian. Al que te hiera en una mejilla, preséntale también la otra; y al que te quite la capa, ni aun la túnica le niegues. A cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no pidas que te lo devuelva. Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.”


Un hombre va entrando a un centro comercial cuando se le acerca un individuo proponiéndole un nuevo tipo de betún para zapatos. El vendedor le dice: “Este milagro de la ciencia moderna le da un brillo impresionante a la piel opaca. Es tan bueno que todo el mundo notará la diferencia y querrán saber lo que usted está usando. Por supuesto cuesta un poco más, pero usted no se puede dar el lujo de no comprarlo.” El hombre escucha atentamente, y le parecen bastante convincentes las palabras del vendedor, pero en ese momento mira los zapatos de éste y con cierta contrariedad le contesta: “Estoy seguro que usted cree en su sofisticada pasta pero, por lo que veo, no creo que sea mejor que la marca que yo compro porque sus zapatos brillan menos que los míos.”

A veces nuestros esfuerzos por interesar a la gente en el evangelio son tan poco convincentes como los de este vendedor. Les pedimos que confíen en Jesucristo como Salvador y que estén dispuestos a pagar el alto precio de seguirlo, pero no les damos una evidencia visible de que Cristo ha hecho una diferencia en nuestras vidas. Ciertamente la manera en que nosotros actuamos es mucho más importante ante los ojos de los que nos rodean que las palabras que salen de nuestras bocas. En el Sermón del Monte Jesús advirtió a sus discípulos: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces.” (Mateo 7:15). Y entonces les dijo: “Por sus frutos los conoceréis.” Es decir, por sus hechos, por la manera en que actúan van a conocerlos, no por lo que hablan. Y en su segunda carta a los corintios el apóstol Pablo les dice: “Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres.” (2 Corintios 3:2). Pablo se estaba refiriendo a las cartas de recomendación que se requerían en las iglesias cristianas en aquellos tiempos, pero enfatiza en que su única recomendación eran los propios corintios convertidos. El cambio que se había producido en sus vidas y en su conducta era la única referencia que él consideraba válida.

Siempre habrá alguien que nos estará observando. Somos cartas abiertas leídas por el mundo para gloria de Dios y beneficio de los que nos rodean o para deshonra de nuestro Padre celestial y desgracia de aquellos en quienes influimos, dependiendo de nuestro testimonio. Cuando Pablo y Silas estaban presos en una cárcel en Filipos oraban y cantaban himnos a Dios, cuando de repente sobrevino un gran terremoto y se abrieron las puertas y se soltaron las cadenas que los ataban (Hechos 16). Pero aun así ellos permanecieron allí y no huyeron, probablemente salvando la vida del carcelero. Minutos más tarde el carcelero, impactado por la actitud de Pablo y Silas, les preguntó: “Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” El testimonio de ellos dos fue suficiente para que el corazón de aquel hombre se dispusiera a recibir a Cristo como Salvador. Y aquel día él y su familia fueron salvos.

¿Cómo establecemos un testimonio creíble? Si queremos anunciar a Cristo al mundo tenemos que reflejar el carácter de Cristo en nuestras acciones. El pasaje de hoy nos enseña como hacerlo: amando a nuestros enemigos, no solamente a nuestros amigos; bendiciendo a los que nos desean mal, orando por los que nos ofenden. Debemos ser amables cuando la otra persona no lo espera ni lo merece, o quizás contestar con amor cuando nos gritan o nos atropellan. Por nuestras propias fuerzas quizás no podamos, pero por el poder del Espíritu Santo podemos mostrar a los demás los beneficios y las grandes bendiciones de una vida entregada a Cristo.

ORACION:
Bendito Dios, ayúdame a reflejar a todos el carácter y el amor de Cristo. Por favor lléname de tu Santo Espíritu y controla completamente mis actos para que mi testimonio glorifique tu nombre y sea de bendición para los que me rodean. En el nombre de Jesús, Amén.