Junio 2018
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¿Quieres experimentar el poder de Dios? Enviar esta meditación

Hechos 1:8
“Recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”


Poder espiritual es la energía divina que Dios desea manifestar en nosotros y a través de nosotros, y la autoridad divina que se requiere para llevar adelante la obra que Dios nos ha encomendado. Este poder no es solamente para predicadores o evangelistas, o para aquellos que trabajan en un determinado ministerio, sino que está disponible para todo creyente que voluntaria y conscientemente se rinde día tras día en sumisión y obediencia al Espíritu Santo.

El pasaje de hoy se refiere al poder del Espíritu Santo en relación a testificar y a glorificar a Dios. Es su poder obrando en nosotros quien nos capacita y nos da el valor para llevar adelante su obra. Aquí Jesús les dice a sus discípulos lo que harían una vez hubiesen recibido el divino poder: “Me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Y una vez fueron llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:4), los discípulos cumplieron fielmente la misión encomendada por el Señor, a pesar de todas las dificultades que encontraron en su camino, las amenazas, encarcelamientos, golpes, latigazos, torturas de todo tipo y hasta la muerte.

En su segunda carta a los corintios, capítulo 12, el apóstol Pablo se refiere a “un aguijón” en su carne. No se sabe a ciencia cierta qué era ese aguijón al que él se refirió, pero sin duda era algo que le molestaba, le afectaba grandemente en su vida, y de lo cual quería librarse. Y le pidió a Dios en repetidas ocasiones que se lo quitara. La respuesta del Señor fue la graduación de Pablo en el proceso de aprendizaje y crecimiento espiritual: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” (2 Corintios 12:9). Realmente es muy difícil de entender este principio divino, pero es muy posible experimentarlo. Cuando reconocemos que somos débiles, nuestra debilidad se convierte en nuestra mayor fortaleza. Cuando Pablo entendió profundamente este principio espiritual, no solamente obtuvo la fortaleza que necesitaba, sino que pudo declarar con autoridad: “Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

No podemos manipular el poder del Espíritu Santo con el fin de usar a Dios. Todo lo contrario, experimentamos su poder cuando somos humildes, reconocemos nuestra incapacidad y nos rendimos totalmente para ser usados por él. Dios manifiesta su poder por medio de nosotros cuando caminamos en completa obediencia a su voluntad. Y solamente por medio del poder de Dios podemos manifestar “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza”, lo cual revela en nosotros el carácter de Cristo. Este es el fruto del Espíritu del cual nos habla Gálatas 5:22-23.

¿Quieres experimentar el poder de Dios plenamente en tu vida? Decide hoy rendir tu vida al Señor completamente, no a medias. Dios espera de nosotros obediencia absoluta. Mientras seamos selectivos en nuestra obediencia a Dios, mientras haya áreas de nuestras vidas que permanezcan fuera de su voluntad, mientras nos consideremos fuertes y capaces de lograr el éxito en algún aspecto con nuestras propias fuerzas, no podremos experimentar plenamente el poder de Dios. Cuando un enemigo levanta sus brazos y se rinde al ejército contrario es porque ha entendido que no vale la pena seguir luchando, que ya no tiene fuerzas, que no tiene posibilidades de ganar. Nosotros tenemos que llegar a este punto delante de Dios. Tenemos que reconocer categóricamente nuestra debilidad e incapacidad y depender de él en todo, para que su poder se perfeccione en nuestra debilidad.

Cuando logremos humillarnos y cedamos al Señor nuestra voluntad, entonces comenzaremos a experimentar su gracia y su poder de maneras que nunca antes habíamos experimentado.

ORACION:
Padre santo, por favor ayúdame a someterme a ti totalmente. Yo anhelo recibir tu poder en toda su plenitud y que tú te manifiestes obrando a través de mí para honra y gloria de tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.