Junio 2018
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¿Te atormentan las preocupaciones? Enviar esta meditación

Filipenses 4:6-7
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”


Refiriéndose a las preocupaciones, el famoso novelista y humorista norteamericano Mark Twain escribió en uno de sus libros que muchas veces se preocupó por tragedias en su vida, la mayoría de las cuales nunca sucedieron. Quizás su declaración nos haga sonreir, pero lo cierto es que esta es una realidad en la vida de la mayor parte de la humanidad. Y es lamentable, pues la preocupación afecta nuestra paz, gozo, salud física y mental, y en el aspecto espiritual perturba nuestra relación con Dios.

Un pastor contó que en una ocasión aprendió una valiosa lección acerca de cómo vencer la preocupación. Así dijo: “Yo había salido en un viaje misionero a un remoto país a pesar de que sabia que en mi ausencia se iba a llevar a cabo una reunión sumamente importante. Durante el viaje me sentí constantemente preocupado acerca de los resultados de la reunión. Pensé que yo había cometido un error al decidir viajar, pues estaba seguro que mi presencia en esa reunión era de vital importancia. Mi mente estaba terriblemente atormentada. Aunque había una diferencia de ocho horas entre las dos ciudades, decidí hablar con el Señor en el preciso momento en que la reunión se estaba llevando a cabo. Mientras yo oraba en la habitación del hotel tarde en la noche, Dios habló claramente a mi atribulado espíritu y me dijo: “¿Quién tú prefieres que esté presente en la reunión, tú o yo?” En ese momento me reí a carcajadas, mientras mi ansiedad y mi autosuficiencia desaparecían como por arte de magia.”

El pasaje de hoy nos exhorta a no estar afanosos sino a orar. La oración nos recuerda que Dios está constantemente en control y que su poder, su sabiduría y su amor se manifiestan en cualquier problema en nuestras vidas por difícil que este sea. Cuando oramos, estamos involucrando a nuestro Padre celestial en nuestras circunstancias y poniendo los resultados en sus manos soberanas. Entonces debemos estar atentos a lo que Dios tiene que decirnos. Escuchar la voz de Dios de la manera en que lo describió el pastor de la historia no lo experimentan muchas personas, pero es posible lograrlo si aprendemos a mantener nuestros oídos espirituales en sintonía con el Espíritu de Dios por medio de la constante oración y la diaria lectura de la Biblia.

El Señor se comunica con nosotros a través de su Palabra. Cuando la leemos como si estuviésemos escuchando su voz, podremos concentrarnos más en lo que el Padre nos está diciendo. Podemos preguntarnos “¿Qué me estará diciendo este pasaje?” o “¿Qué debo hacer, Señor?” A medida que pasemos tiempo diario con Dios, nuestra relación con él se irá fortaleciendo, y será cada vez más íntima. Él se deleita en nuestro diálogo porque quiere revelarse a nosotros.

El Salmo 37:7 dice: “Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.” Dios se manifestará en las circunstancias de aquellos que esperan confiadamente en él. No permitas que la preocupación te controle y te mueva a actuar precipitadamente. Espera el tiempo del Señor. El apóstol Pedro, tan conocido por su impulsividad, aprendió muy bien este principio, y siendo un anciano escribió a “los expatriados de la dispersión”, exhortándolos a echar todas sus preocupaciones y afanes en los brazos del Señor y esperar pacientemente. Así dice 1 Pedro 5:6-7: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” Es decir, debemos ser humildes y reconocer nuestra incapacidad de resolver la situación por nosotros mismos, echando "toda nuestra ansiedad sobre él", confiando en su poder y en su amor. Y en su tiempo él nos levantará y nos exaltará.

ORACION:
Padre amado, me postro humildemente ante tu trono de gracia para depositar en tus manos todas mis cargas, mis afanes y mis preocupaciones. Ayúdame a descansar en ti y a esperar en ti. Y lléname de esa paz que sobrepasa todo entendimiento. En el nombre de Jesús, Amén.