Junio 2018
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Números 14:1-4
“Entonces toda la congregación gritó, y dio voces; y el pueblo lloró aquella noche. Y se quejaron contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y les dijo toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; o en este desierto ojalá muriéramos! ¿Y por qué nos trae Jehová a esta tierra para caer a espada, y que nuestras mujeres y nuestros niños sean por presa? ¿No nos sería mejor volvernos a Egipto? Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto.”


Durante más de cuatro siglos los israelitas sufrieron la esclavitud en Egipto. Cuando desesperadamente clamaron a Dios, él decidió liberarlos y con ese fin envió a Moisés. Una vez salieron de Egipto emprendieron una larga caminata a través del desierto en dirección a la tierra prometida. Cuando se encontraban cerca de su destino, Dios le ordenó a Moisés que enviara hombres a reconocer la tierra de Canaán para que se fueran familiarizando con el lugar donde se establecerían (Números 13:1). Doce hombres recorrieron la tierra de sur a norte y de este a oeste, tomaron muestras de sus frutos y a los cuarenta días regresaron al punto de partida. Entonces se dirigieron a Moisés y al resto del pueblo con el fin de dar el informe de sus experiencias. Los primeros diez que hablaron, sin duda reflejando una total falta de fe en Dios, describieron un escenario totalmente pesimista.

El pasaje de hoy nos describe la reacción del pueblo ante este informe. Gritaron, protestaron, lloraron y “se quejaron contra Moisés y contra Aarón.” Y, desde luego, también se quejaron contra Dios y murmuraron contra él, a pesar de todo lo que el Señor había hecho por ellos desde que los sacó de la esclavitud en la que vivían, y a través de la marcha por el desierto, guiándolos, protegiéndolos y supliendo todas sus necesidades. Falta de fe, ingratitud, temor, todo esto abundaba en aquel pueblo malagradecido. Sin duda no confiaban en el plan de Dios. Finalmente a algunos se les ocurrió la idea de volver a Egipto, a la esclavitud, y hasta decidieron nombrar a un capitán que los guiara en su viaje de regreso, en dirección totalmente opuesta al propósito de Dios. Ellos estuvieron a punto de disfrutar las grandes bendiciones que el Señor tenía preparadas para ellos, pero a causa de su incredulidad y desobediencia, una generación completa nunca llegó a la tierra prometida.

Desafortunadamente la tendencia del ser humano es quejarse ante las dificultades. Si pudiéramos escuchar una grabación de las conversaciones que sostuvimos durante un día cualquiera, nos asombraríamos de lo mucho que protestamos y nos quejamos. Los niños se quejan de la tarea que deben hacer; la mamá se queja de tener que pasar tanto tiempo recogiendo cosas regadas por el resto de la familia; el papá llega a casa y se queja del día de trabajo y hace comentarios muy ásperos sobre su jefe o sus compañeros; nos quejamos del calor, o del frío, o de lo congestionado que está el tráfico. En fin, pasamos una buena parte del tiempo lamentándonos de los inconvenientes y pasamos por alto muchas bendiciones por las que deberíamos estar agradecidos.

Al igual que aquellos israelitas, los que manifiestan una actitud de disgusto o descontento con lo que tienen se pierden las bendiciones de Dios y transmiten desaliento a quienes les rodean. Esa actitud es totalmente incompatible con el carácter de Cristo, quien aceptó el plan de su Padre, el cual lo llevó hasta el horrible sufrimiento de la cruz del Calvario, sin quejarse y dispuesto siempre a obedecer. Por eso, después de su resurrección, "Dios le exaltó hasta lo sumo." (Filipenses 2:9).

Dios tiene un plan para tu vida y es un plan lleno de bendiciones, dice Jeremías 29:11, pero es muy probable que antes de llegar a tu “tierra prometida” tengas que pasar por algunas dificultades. Confía en el Señor, aférrate a él y acepta los inconvenientes sin quejarte, así como Jesús lo hizo y al final disfrutarás de preciosas bendiciones. Sigue el consejo del viejo adagio que dice: “En lugar de quejarte porque las rosas tienen espinas, alégrate porque las espinas están cubiertas de rosas.” En toda situación, por difícil que parezca, hay algo por lo que dar gracias a Dios.

ORACION:
Padre mío, te suplico perdones mis muchas quejas y lamentos, y me ayudes a aceptar los inconvenientes que encuentre en mi vida sin quejarme, sabiendo que son parte de tu plan para bendecirme. En el nombre de Jesús, Amén.