Dios te habla
Mayo 2021
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Apocalipsis 21:1-5
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas.”


Muchos cristianos tienden a ignorar el libro de Apocalipsis porque lo consideran “demasiado misterioso” o “muy difícil de entender”. Pero lo cierto es que fue escrito para que se leyera y se entendiera, y hay promesa de una bendición especial para los que lo hagan. Dice Apocalipsis 1:3: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.” La palabra griega “apokalipsis”, de donde proviene el nombre de este libro, significa “revelación”, quitar el velo. Esto es precisamente lo que este libro hace respecto al Señor Jesucristo, su victoria final y el mundo glorioso que ha de venir para todos los que creyeron en él.

El apóstol Juan, exilado en la isla de Patmos, escribe la visión sobre ese mundo glorioso que le fue dada por “el que estaba sentado en el trono.” Estando Juan en el Espíritu describió la ciudad santa de la siguiente manera: “Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las puertas era una perla. Y la calle de la ciudad era de oro puro, transparente como vidrio. Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.” (Apocalipsis 21:21-23). Y el versículo 27 declara: “No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.”

En su libro “90 Minutos En El Cielo”, Don Piper, pastor de la Iglesia Bautista de South Park en Alvin, Texas escribió acerca de su propia muerte en un terrible accidente automovilístico y su inmediato ascenso al cielo donde, según cuenta, pasó noventa minutos. En ese corto tiempo, antes de regresar a la tierra después de ser “resucitado” por los paramédicos, Piper tuvo una experiencia tan extraordinaria que, según narra, “no puede describir con palabras ni pudo comprender.” Habla de una luz increíblemente intensa, de familiares y amigos que lo recibían abrazándolo y mostrándole el “perfecto amor” del que habla la Biblia; cuenta de una alabanza continua que “era el sonido más placentero y hermoso que haya oído jamás.” Dice Piper que, al detenerse junto a la puerta, pudo ver una ciudad con calles pavimentadas en oro y que todo alrededor “brillaba con los colores más vividos y radiantes que hayan visto mis ojos.”

Tanto la descripción que hace el apóstol Juan del cielo como la experiencia personal que cuenta en su libro el pastor Piper nos muestran un lugar absolutamente maravilloso en el que a todos nos gustaría estar. Pero cualquiera sea la manera en que este impresionante escenario se represente en tu mente, mucho más importante es el hecho de que todos los que hemos sido salvos estaremos cerca de nuestro Señor y Salvador Jesucristo por toda una eternidad, disfrutando de una paz y un gozo imposible de describir en aquella ciudad santa donde “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor”, dice el pasaje de hoy.

Si tú has aceptado a Jesucristo como tu salvador, comienza a disfrutar desde ahora lo que te espera cuando partas de este mundo. Si no has recibido a Cristo en tu corazón, arrepiéntete de tus pecados y recibe al único que puede darte la entrada al cielo por toda la eternidad.

ORACION:
Bendito Padre celestial, gracias por haber provisto el medio para entrar al cielo al dar a tu Hijo Jesús para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. En su santo nombre, Amén.