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¿Está tu vida espiritual en ascenso? Enviar esta meditación

Colosenses 3:1-11
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.”


Un piloto estaba volando por encima del desierto de Arabia, cuando se dio cuenta que su pequeño avión necesitaba combustible, por lo que aterrizó en un oasis en el cual había una estación de servicio, y allí llenó el tanque de su avioneta. De nuevo despegó, y al poco tiempo se encontraba volando sobre un área montañosa. Entonces escuchó un ruido detrás de él como si alguien estuviera arañando algo. Aparentemente un animal se había introducido en el fuselaje del pequeño aeroplano. El piloto se alarmó mucho, pues sabía que si ese animal se comía los alambres eléctricos se produciría un grave accidente. Pero era imposible aterrizar en aquel terreno tan escarpado. Entonces se le ocurrió una idea. Puso el avión en dirección de ascenso y aceleró al máximo, elevándose más y más hacia el cielo. De pronto cesaron los ruidos. Más tarde, cuando aterrizó en un aeropuerto, encontró muerta una enorme rata del desierto que se había colado en el avión sin que él se diera cuenta cuando se detuvo a echar combustible. Acostumbrada a la altura del desierto, la rata no pudo sobrevivir cuando el avión se elevó a una altura mucho mayor.

Lo mismo sucede en nuestra vida espiritual. A medida que “nos elevamos” espiritualmente, y nos acercamos más a Dios, nuestra naturaleza pecaminosa y los malos hábitos del pasado dejan de existir. Los viejos patrones de vida no pueden sobrevivir en el nuevo nivel espiritual. Por eso, en el pasaje de hoy, el apóstol Pablo exhorta a los cristianos de la iglesia de Colosas a que busquen “las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.” Y enfatiza en ello con una serie de instrucciones dirigidas a revelar en ellos la vida de Cristo. Con ese fin les da las siguientes instrucciones: “Poned la mira en las cosas de arriba...”, “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros...”, “Dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca...”, “No mintáis los unos a los otros...”

Ciertamente es nuestra responsabilidad actuar como hizo aquel piloto para salvar su vida. En primer lugar busquemos “las cosas de arriba”, fijando en ellas nuestra mirada y “acelerando al máximo”, elevando nuestro nivel espiritual cada día de nuestras vidas. Quizás no siempre podamos lograrlo por nuestras propias fuerzas, pero si somos constantes en esta búsqueda el Espíritu Santo nos recordará todo lo que Jesús dijo (Juan 14:26), y nos dará las fuerzas para llevarlas a la práctica (Efesios 6:10). Entonces podremos decir como dijo Pablo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13).

Para ello es imprescindible vivir una vida de comunión con Dios por medio de la oración y la lectura de la Palabra diariamente, meditando en ella y aplicándola en nuestro diario vivir.

ORACION:
Bendito Padre celestial, te ruego me des fuerzas y me capacites para actuar conforme a lo que me enseña tu Palabra, haciendo morir en mí todo aquello que no glorifica tu nombre. Fortaléceme por medio de tu Espíritu para que la imagen de tu Hijo se vea reflejada en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.