Dios te habla
Abril 2022
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Filipenses 2:5-8
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”


En el otoño de 1959, el escritor y novelista norteamericano John Howard Griffin decidió hacer una investigación en relación a la discriminación racial que existía en los Estados Unidos. Con ese fin consultó a un dermatólogo de Nueva Orleans, el cual le recetó una serie de medicamentos, tratamientos de rayos ultra violeta y diferentes cremas que oscurecieron su piel. Griffin también se afeitó la cabeza para ocultar su verdadero pelo. Entonces se lanzó a un increíble viaje a través del, en aquel entonces, segregado sur de los Estados Unidos en el cual experimentó los efectos de una terrible discriminación y prejuicio que impactó su vida para siempre. El resultado fue su fascinante libro titulado “Black like me” (“Negro como yo”), el cual muchos consideran el documento más importante que se ha escrito acerca del racismo en los Estados Unidos. Como consecuencia de la publicación de este libro, Griffin fue personalmente difamado, atacado, colgado en efigie, y amenazado de muerte por el resto de su vida. Sin duda fue un acto de valor a toda prueba, movido por sus principios y su compasión por aquellos que estaban sufriendo el martirio de la discriminación racial.

Ahora bien, ¿qué podemos decir sobre lo que hizo Jesucristo? El pasaje de hoy nos dice que el Hijo de Dios hizo mucho más que cambiar su aspecto. Él renunció a su gloria y se vistió de humanidad. Vivió en esta tierra como un ser humano cualquiera y fue “despreciado y desechado entre los hombres.” (Isaías 53). “A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron”, dice Juan 1:11. Conoció nuestras tristezas, y experimentó personalmente nuestras frustraciones y sentimientos. Y finalmente fue humillado, torturado y clavado injustamente en la cruz del Calvario. Todo esto por su indescriptible amor por nosotros. Con el fin de librarnos de la condenación eterna ocupó nuestro lugar en la cruz, para así poder ofrecernos vida en abundancia para que la disfrutemos mientras estemos en este mundo y junto a él por toda la eternidad.

La Biblia dice en Hebreos 2:14-15: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” Aquí aprendemos que Cristo se hizo de carne y hueso y vivió como nosotros, y murió y resucitó con el fin de destruir el imperio de la muerte y romper las cadenas que nos tenían atados a todos. Debido a que él se hizo como uno de nosotros y supo lo que es ser tentado, es capaz de ayudarnos cuando somos tentados. Podemos orar en su nombre con confianza y hablarle en completa honestidad de nuestras luchas, temores, derrotas, necesidades y debilidades, sabiendo que él es nuestro sumo sacerdote misericordioso y fiel.

Cuando pensamos en lo que Cristo hizo por cada uno de nosotros, debería surgir de lo más profundo de nuestros corazones un sentimiento muy grande de amor y agradecimiento hacia él y un deseo de esforzamos por agradarle cada día de nuestras vidas. Si deseas agradar al Señor comienza con buscar su rostro en oración y pasar tiempo leyendo y meditando en su palabra diariamente. Pide a su Santo Espíritu que te dé discernimiento para que puedas entender profundamente el valor y la trascendencia del sacrificio de Jesús en la cruz del Calvario y te capacite para corresponder a ese sacrificio.

ORACION:
Padre santo, no tengo palabras para agradecer ni manera de corresponder al inmenso sacrificio de tu Hijo amado. Te ruego me ayudes a amarte más y a esforzarme más por agradarte con mis acciones cada día de mi vida, de manera que mi testimonio glorifique tu nombre. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.