Abril 2019
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¿Cómo recibes las bendiciones de Dios? Enviar esta meditación

Exodo 16:1-4
“Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto. Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto; y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud. Y Jehová dijo a Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no.”


Poco después que los israelitas fueron liberados de la esclavitud en Egipto, en medio del desierto se les terminó la comida. Entonces comenzaron a murmurar contra Moisés y Aarón, y a quejarse recordando las ollas de carne y el pan que “comíamos hasta saciarnos.” Entonces Dios les prometió que les enviaría pan del cielo para su alimentación diaria. Al principio, con seguridad los israelitas deben haberse impresionado mucho con la provisión del “pan del cielo.” Pero después de un tiempo se cansaron de comer lo mismo día tras día. Lo que originalmente les había resultado algo extraordinario ahora había perdido todo su atractivo. Entonces los israelitas comenzaron a murmurar de nuevo, y otra vez Dios mostró su paciencia y su misericordia, y le dijo a Moisés: “Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.” (Exodo 16:12).

La ciudad de Banff, Alberta está localizada en el corazón de las Montañas Rocosas de Canadá. Rodeada de majestuosas cumbres montañosas es un verdadero paraíso natural que es el sueño de millares de viajeros del mundo entero. La imponente belleza de las laderas cambia con las estaciones. La nieve resplandeciente, las flores silvestres de brillantes colores, las hojas doradas del otoño. Es sin duda algo verdaderamente maravilloso. Una joven pareja se mudó a esta ciudad y durante un tiempo, cada vez que salían a caminar se paraban para admirar la belleza del paisaje montañoso. Estaban seguros de que nunca se cansarían de disfrutar las preciosas vistas panorámicas que los rodeaban. Pero se cansaron. Llegó un momento en el que aquella belleza era tan familiar para ellos que ya no la disfrutaban.

Al igual que les sucedió a los israelitas y también a esta joven pareja, muchos cristianos nos volvemos insensibles ante las bendiciones que Dios derrama cada día sobre nosotros y no las disfrutamos. Este sentimiento es algo que debemos rechazar de nuestras vidas pues afecta nuestra relación con el Señor. La Biblia dice que las misericordias de Dios “nuevas son cada mañana.” (Lamentaciones 3:23). Cada día Dios nos bendice supliendo las necesidades que tengamos ese día. Así lo expresó David al escribir: “Jehová es mi pastor; nada me faltará.” (Salmo 23:1). Lamentablemente muchas veces no estamos conscientes de todas sus bendiciones.

Los israelitas se quejaron porque se cansaron de comer pan todos los días pero no se percataban de todas las demás bendiciones que Dios les daba en tantos otros aspectos. Por ejemplo, en Deuteronomio 8:4 el Señor les recuerda: “Tu vestido nunca se envejeció sobre ti, ni el pie se te ha hinchado en estos cuarenta años.” Estos y muchos otros beneficios eran ignorados por aquel pueblo desagradecido. Por eso la mayoría de ellos no pudo disfrutar de la tierra prometida.

Acércate al Señor cada mañana agradeciéndole de todo corazón por su diaria provisión de vida y de salud, por el suministro de alimentos, por su protección y cuidado, por su paz y su gozo y por las incontables cosas buenas que recibes de él cada día en todos los aspectos imaginables. Ora y lee la Biblia diariamente con un sentido de expectación y esperanza, con la confianza de que tu Padre celestial va a proveer para tus necesidades y agradeciéndole su inmenso amor y su misericordia.

ORACION:
Padre santo, te ruego me capacites para mostrarte mi agradecimiento por tu cuidado y protección cada día de mi vida. Ayúdame a rechazar todo sentimiento de conformismo y apatía, y a llegarme a ti diariamente agradecido y esperando lo mejor. En el nombre de Jesús, Amén.