Marzo 2019
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¿Qué pensamientos albergas en tu mente? Enviar esta meditación

Colosenses 3:1-7
“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas.”


En esta carta a la iglesia de Colosas, el apóstol Pablo se refiere a los creyentes cuando dice "habéis resucitado con Cristo." Desde el punto de vista espiritual esto significa que los cristianos hemos muerto a la antigua manera de vivir y hemos nacido a una forma de vida totalmente nueva en la cual nuestra meta es imitar a Jesucristo en todo. Pablo menciona una lista de las cosas que formaban parte de la vieja naturaleza, entre ellas: “fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia.” Todas estas actitudes y otras más "por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia" deben desaparecer de nosotros para siempre. Por eso Pablo nos exhorta con urgencia: “Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros.” Y entonces nos da este consejo: "Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra."

¿Cómo hacemos morir "lo terrenal" en nosotros? En primer lugar apartándonos de todo aquello que da lugar a esos tipos de actitudes que no agradan a Dios. Esto no es fácil lograrlo pues el mundo que nos rodea está constantemente bombardeándonos a través de los medios de comunicación con miles de imágenes que producen en nuestras mentes pensamientos inmorales, indecentes y totalmente contrarios a la pureza y la santidad que el Señor desea ver en sus hijos. Es en estos momentos que debemos actuar de acuerdo a lo que Dios espera e inmediatamente echar esos pensamientos impuros de nuestras mentes. Muchas veces no es posible impedir que lleguen a nosotros pero siempre podemos rechazarlos. En relación a esto alguien dijo: “No podemos evitar que los pájaros vuelen sobre nosotros, pero sí podemos evitar que hagan un nido en nuestras cabezas.”

¿Cómo buscamos "las cosas de arriba"? Una vez hemos echado fuera de nosotros todos esos pensamientos impuros y pecaminosos debemos enfocar nuestras mentes en aquello que agrada a Dios. En Filipenses 4:8 encontramos este sabio consejo: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” Nuestra perspectiva de la vida debe ser muy diferente a la de aquellos que no conocen a Cristo; nuestro pensamiento debe estar enfocado en el reino celestial, no en las cosas terrenales. Proverbios 23:7 dice: “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.” Por eso debemos ser extremadamente cuidadosos al albergar en nuestras mentes pensamientos que no estén de acuerdo a la Palabra de Dios. La santidad en nuestras mentes determina la santidad en nuestras vidas.

Ahora bien, con nuestras propias fuerzas es imposible para nosotros lograr este estado mental. Solamente con la ayuda del Espíritu Santo podremos lograrlo. Nuestra responsabilidad consiste en alimentar nuestras mentes con una fuerte dieta basada en la Palabra de Dios. Solamente la verdad en las Escrituras puede contraatacar las cosas inmundas que entran a nuestras mentes. Diariamente debemos pasar tiempo orando, leyendo la Biblia y meditando en sus enseñanzas. Esto nos permitirá seguir el modelo de pensamiento de Dios. Así viviremos una vida que agrade a nuestro Padre celestial y nos convertiremos en las personas que él planeó que fuéramos.

ORACION:
Mi bendito Dios y Señor, te ruego me ayudes a guardar tu palabra en mi mente y en mi corazón para que no haya en ellos lugar para pensamientos e ideas que no glorifiquen tu santo nombre. Es mi anhelo vivir cada día honrándote en todo lo que pienso, digo o hago. Por favor dame fuerzas para lograrlo. En el nombre de Jesús, Amén.