Marzo 2019
DLMMJVS
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31 

 
¿Puedes estar quieto en medio de la tormenta? Enviar esta meditación

Salmo 62:5-8
“Alma mía, en Dios solamente reposa, porque de él es mi esperanza. El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré. En Dios está mi salvación y mi gloria; en Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos; derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.”


Hay una fotografía de un pequeño pajarito refugiado en la brecha de una enorme roca. Fuera de su refugio ruge una brutal tormenta. El agua y los fuertes vientos golpean furiosamente los alrededores levantando hojas y rompiendo las ramas de los árboles. Sin embargo el pajarito está seguro, tranquilo y su vida está protegida gracias a la roca sólida que le rodea.

¿Puedes recordar algún momento de tu vida cuando parecía que serías lanzado al aire por una tormenta física o emocional? ¿Cuál fue tu respuesta frente a esa prueba? ¿Te aventuraste a enfrentarte a ella con tus propios medios o te refugiaste en los brazos protectores de Dios? Cuando una tormenta golpea tu vida recuerda las palabras del pasaje de hoy. Pon especial atención a la frase: “En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.” En la fotografía mencionada arriba el pajarito no estuvo chirriando o revoloteando intranquilamente. Todo lo contrario, él estuvo descansando sosegadamente hasta que la tormenta pasó. Su confianza estaba en la fuente de su protección.

El Salmo 46:1 declara que “Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” Si creemos esto de corazón, como el salmista, nosotros también podemos estar tranquilos y confiados en la protección de nuestro Dios. De esta manera nos lo ratifica el Señor en el versículo 10 de este mismo Salmo: “Estad quietos, y sabed que yo soy Dios.” Nuestro Padre celestial desea que, en medio de cualquier tormenta en que nos encontremos, estemos tranquilos y conscientes de que él es el Dios todopoderoso que nos ama y desea protegernos de todo mal. Solamente tenemos que confiar en él.

Después que fueron liberados de la esclavitud en Egipto, los israelitas se encontraron frente a una terrible prueba. Frente a ellos la inmensidad del Mar Rojo y a sus espaldas el poderoso ejército egipcio que los perseguían con el fin de aniquilarlos. En aquella situación su líder Moisés demostró su fe y su confianza en el Señor cuando se dirigió a su pueblo diciéndoles: “No temáis; estad firmes, y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros; porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más para siempre los veréis.” (Exodo 14:13). Seguidamente las aguas del mar se abrieron en dos, los israelitas pasaron y cuando los egipcios intentaron hacer lo mismo se cerraron las aguas y todos murieron ahogados. Y termina este capítulo: “Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar. Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.” (v.30-31).

En el Nuevo Testamento leemos acerca de una difícil situación que se presentó inesperadamente en la vida de los discípulos de Jesús. Cuenta Marcos 4:35-41 que navegaban ellos por el mar de Galilea cuando de repente se levantó una gran tempestad de manera que las olas amenazaban con hundir la barca. Mientras tanto, Jesús estaba durmiendo plácidamente a un extremo de la barca. Los discípulos, aparentemente muy atemorizados, despertaron al Señor y le dijeron: “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?” Entonces Jesús se levantó y reprendió al viento. “Y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. Y les dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?”

No importa cuan fuerte sea la tormenta en la que te encuentres, declara con fe y con absoluta convicción como David en el pasaje de hoy: “En Dios está mi salvación y mi gloria; en Dios está mi roca fuerte, y mi refugio.” Aférrate a esa roca inconmovible, mantente firme en medio de la tormenta, clama por la ayuda del Dios todopoderoso. Aunque no lo veas, él está muy cerca de ti.

ORACION:
Padre santo, gracias por la seguridad que me das a través de tu palabra, y por la protección de tu compañía en momentos difíciles de mi vida. Ayúdame a confiar cada vez más en ti y a mantenerme firme en medio de cualquier tormenta. Por Cristo Jesús, Amén.