Marzo 2019
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¿A quién me someto y a quién resisto? Enviar esta meditación

Santiago 4:7
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”


¿Te has preguntado alguna vez de donde provienen las aflicciones o calamidades por las que has pasado o estás pasando en estos momentos? Cuando las cosas andan mal muchas personas aseguran que se trata de un ataque diabólico, sin embargo bien pudiera ser una señal de parte de Dios de que andamos en un camino equivocado, o simplemente esos problemas pudieran ser consecuencias de nuestro comportamiento.

Una conducta en la que ignoramos o desobedecemos los principios de Dios establecidos en su palabra siempre va a traer malas consecuencias. Este fue el caso del rey David cuando adulteró con una mujer casada (2 Samuel capítulo 11). Esta mujer concibió un hijo, el cual nació, enfermó y murió a los pocos días. La Biblia cuenta que David sufrió mucho por la muerte de su hijo. Aquí claramente vemos que su sufrimiento fue consecuencia directa de su pecado.

La Biblia nos habla también de una ocasión en la que Dios le dijo al rebelde pueblo de Israel: “Os hice estar a diente limpio en todas vuestras ciudades, y hubo falta de pan en todos vuestros pueblos; mas no os volvisteis a mí, dice Jehová. También os detuve la lluvia tres meses antes de la siega; e hice llover sobre una ciudad, y sobre otra ciudad no hice llover; sobre una parte llovió, y la parte sobre la cual no llovió, se secó. Y venían dos o tres ciudades a una ciudad para beber agua, y no se saciaban; con todo, no os volvisteis a mí, dice Jehová.” (Amós 4:6-8). En este caso el propósito de Dios era hacer que su pueblo, en medio de la adversidad, reflexionara y volviera a él sus ojos. Sin embargo ellos no entendieron y en lugar de volverse al Señor y someterse a su voluntad, continuaron en el camino del pecado y la desobediencia sometidos al control del enemigo. Lamentablemente, muchas veces los cristianos no interpretamos bien lo que nos está sucediendo y terminamos resistiendo a Dios y sometiéndonos al enemigo. Esto sucede cuando no sabemos a qué resistir y a qué someternos.

De una manera u otra el enemigo de nuestras almas está envuelto en la causa de nuestros problemas y dificultades. Efesios 6:12 dice: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” Es decir, es en el mundo espiritual, invisible a la vista natural, donde se desarrollan los planes del enemigo que afectan nuestras vidas. Las tentaciones provienen del diablo pues Dios “no tienta a nadie”, dice Santiago 1:13. Es nuestra responsabilidad resistirlas y no hacer caso a los deseos de la carne. El pasaje de hoy dice: “Resistid al diablo.” Pero, consciente de nuestra debilidad e incapacidad para ver las cosas del mundo espiritual, el apóstol Santiago nos dice en primer lugar: “Someteos, pues, a Dios. ”

Esta debe ser nuestra prioridad en esta vida, someternos a Dios en todos los aspectos. Con este fin debemos leer la Biblia diariamente, meditar en ella, pasar tiempo en oración pidiendo al Señor que nos dé discernimiento espiritual para conocer su voluntad en nuestras vidas. Y entonces obedecerla aún en contra de nuestros deseos e impulsos carnales. Cuando lo hacemos, el diablo “huirá de nosotros.” Cuando Jesús, mientras se preparaba para su ministerio aquí en la tierra, fue tentado por el diablo en el desierto (Mateo capítulo 4), él rechazó todos sus intentos diciéndole: "Escrito está." Y entonces declaraba el correspondiente pasaje de las Escrituras. Finalmente, dice la Biblia que "el diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían." (Mateo 4:11).

Si queremos vivir una vida llena de la paz y el gozo del Señor debemos recordar esta enseñanza y aplicarla siempre al momento de actuar en momentos de dificultad. Es nuestra responsabilidad imitar a Jesús sometiéndonos a la voluntad del Padre y resistiendo en todo momento las tentaciones del diablo.

ORACION:
Padre santo, en medio de las pruebas y dificultades de este mundo, ayúdame a discernir cuando tú estás obrando en mi vida para someterme a ti, y enséñame a identificar las artimañas del enemigo para resistirlo y rechazar todo lo que proviene de él. En el nombre de Jesús, Amén.