Marzo 2018
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¿Crees que oras lo suficiente? Enviar esta meditación

Filipenses 4:6, 7
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”


Una vida de oración constante siempre resulta en cambios en diferentes áreas, cuyos resultados son bendiciones para nosotros y para aquellos que nos rodean. A través de toda la Biblia vemos ejemplos de hombres y mujeres que llegaron a tener una íntima relación con Dios por medio de la oración, y obtuvieron la victoria en medio de terribles circunstancias.

Por ejemplo, David, mientras huía del rey Saúl y su ejército que le buscaban para matarlo, escondido en el desierto de Judá, escribió el Salmo 63. Dice el versículo 1: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas.” Muy temprano en la mañana él clamaba a Dios por su ayuda. Y el Señor le respondió. De manera similar el profeta Isaías declaró: “Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte.” (Isaías 26:9). Era tan grande su anhelo de estar cerca de Dios que pasaba la noche deseando que amaneciera para buscar su presencia.

En el Nuevo Testamento vemos que el apóstol Pablo pasaba mucho tiempo orando, y en cada una de sus cartas exhortaba a la constante oración. En el pasaje de hoy, Pablo exhorta a los filipenses a orar cuando estuviesen afanosos en medio de las pruebas. Cuando seguimos este consejo, la paz de Dios inundará nuestras mentes y nuestros corazones, aunque muchas veces no podamos siquiera entender como es posible que la sintamos. En su primera carta a los tesalonicenses Pablo les dice: “Orad sin cesar.” (1 Tesalonicenses 5:17). A los efesios les dice: “Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos." (Efesios 6:18). A los colosenses: “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias." (Colosenses 4:2). En todo momento Pablo compartía sus experiencias producto de una vida de constante oración, que resultó en una íntima relación con Dios y una profunda entrega al servicio del Señor.

Jesús fue también un ejemplo de una vida dedicada a la oración. En muchos pasajes del Nuevo Testamento encontramos al Señor orando, ya sea por la noche, o por la madrugada, o a cualquier hora del día. Por ejemplo, Marcos 1:35 dice que Jesús, “levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.” Mateo 14:23 dice: “Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo." Cuando necesitaba tomar una decisión importante, Jesús pasaba tiempo en oración. Leemos en Lucas 6:12-13: “En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles.”

Hasta sus últimos momentos la oración fue un instrumento poderoso en la vida de Jesús. En el jardín de Getsemaní, a pocas horas de su muerte, oró tres veces en busca de la fortaleza que necesitaba. Dice Mateo 26:39: “Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú.” Y dice la Biblia que Dios mandó un ángel para que le fortaleciera. Allí mismo en Getsemaní Jesús les dio a sus discípulos uno de sus últimos consejos: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mateo 26:41).

Estos y muchos más ejemplos similares en la Biblia nos muestran el poder que se manifiesta en una vida de oración. ¿Crees tú que oras lo suficiente? ¿O crees que debes hacerte el propósito de orar más? Si es así, haz un compromiso con Dios ahora mismo de buscar un tiempo todos los días para orar y leer la Biblia, ya sea por la mañana temprano, o por la noche antes de dormir, o al mediodía, o por la tarde. Es necesario que hagas un esfuerzo, pues la carne se resiste a buscar a Dios, pero "el espíritu a la verdad está dispuesto", declaró Jesús.

ORACION:
Padre amado, reconozco que he sido muy negligente en mi vida de oración. Te ruego que desde ahora en adelante me ayudes a buscar tu rostro en oración cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.