Febrero 2018
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¿Puedes creer sin ver? Enviar esta meditación

1 Corintios 2:9
“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.”


La secuencia normal en la que el ser humano actúa físicamente es: primero ver y después creer. Por regla general actuamos de esta manera aún inconscientemente, es decir si no vemos aquello de lo que nos hablan, nuestra tendencia es no creer, o en el mejor de los casos dudar. En el aspecto espiritual, Dios espera de nosotros exactamente lo opuesto. Es necesario creer primero para entonces ver las cosas que el Señor tiene preparadas para nosotros. Estar convencidos de la existencia de algo que no vemos, sobretodo de algo que parece imposible desde el punto de vista humano, es una manifestación de fe. La Biblia dice en Hebreos 11:1: “La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Es decir, por medio de la fe podemos “ver” con toda claridad aquello que “no se ve”.

También por medio de la fe somos capaces de hacer cosas que normalmente no podemos hacer. Noé demostró su fe al construir el arca en tierra firme, cuando nada indicaba que un diluvio iba a sumergir al mundo. (Génesis capítulo 6). Él le creyó a Dios y luego pudo ver el cumplimiento de su divina palabra al sobrevivir a la enorme inundación junto con toda su familia. En Génesis 22 Dios probó a Abraham diciéndole: “Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.” Y a la mañana siguiente Abraham tomó consigo a Isaac su hijo, y edificó un altar, y preparó leña para el holocausto, “y tomó el cuchillo para degollar a su hijo.” (v.10). En ese momento el ángel de Jehová desde el cielo le dijo: “No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.” En un momento tan crítico de su vida, Abraham recordó las palabras de Dios en Génesis 7:12: “En Isaac te será llamada descendencia”, y creyéndolas de corazón estuvo dispuesto a sacrificar a su hijo porque él vio algo que humanamente era imposible ver. De igual manera Moisés, el gran líder del pueblo israelita, fue usado por Dios para llevar a cabo hazañas extraordinarias “porque se sostuvo como viendo al Invisible”, dice Hebreos 11:27.

En Marcos capítulo 9, un hombre se acercó a Jesús trayéndole a su hijo, el cual estaba endemoniado desde niño, suplicándole que lo liberara del espíritu malo. “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.” (Marcos 9:23-24). Entonces Jesús reprendió al espíritu inmundo y el muchacho fue sano al instante. Y aquel hombre pudo ver lo que por tanto tiempo deseó ver: su hijo completamente sano.

Tomás se negó a creer cuando los demás discípulos le dijeron que habían visto al Señor resucitado. Ocho días después, cuando vio a Jesús, entonces creyó. Por eso Jesús le dijo: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” (Juan 20:29). El Señor se refería a todos los que, como nosotros, han creído en Jesucristo como salvador personal, sin haberle visto.

La Biblia nos asegura que “cuando Cristo se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” (1 Juan 3:2), y que Jesucristo “transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.” (Filipenses 3:21). A medida que caminamos en este mundo, debemos desarrollar nuestra fe y nuestra vista espiritual al punto de ver esas cosas maravillosas que Dios ha preparado para nosotros.

Esforcémonos en relacionarnos con el Señor de una manera cada vez más íntima leyendo la Biblia, meditando en ella y pasando tiempo en oración día tras día. Así nuestra fe crecerá, y podremos ver cosas preciosas que hoy no podemos ver.

ORACION:
Amante Padre celestial, yo anhelo ver las cosas que tú tienes preparadas para mí. Abre mis ojos espirituales de manera que yo pueda andar por fe, y no por lo que mis ojos físicos pueden ver. En el nombre de Jesús, Amén.