Enero 2020
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¿Cómo está tu entendimiento espiritual? Enviar esta meditación

Marcos 8:14-17
“Habían olvidado de traer pan, y no tenían sino un pan consigo en la barca. Y él les mandó, diciendo: Mirad, guardaos de la levadura de los fariseos, y de la levadura de Herodes. Y discutían entre sí, diciendo: Es porque no trajimos pan. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?”


Sin duda los discípulos conocían muy bien a Jesús. Lo habían dejado todo para seguirle, le habían visto hacer todo tipo de milagros, sanar enfermos, echar fuera demonios, calmar las aguas del mar, alimentar a miles con unos pocos panes y unos pececillos, y muchas otras maravillas. Sin embargo, en este pasaje Jesús les dijo: “Guardaos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes”, y los discípulos interpretaron que Jesús se estaba refiriendo a que ellos no habían traído pan. Y entonces se pusieron a discutir. No entendieron lo que Jesús quiso decirles. La fermentación producida por la levadura se identificaba con la putrefacción, y por lo tanto para los judíos la levadura representaba el mal. Realmente Jesús les estaba diciendo: “Cuídense de la mala influencia de los fariseos y de Herodes.”

En Juan capítulo 13, la Biblia nos habla de una ocasión en la que Jesús se dispuso a lavar los pies a sus discípulos. Pedro se negó a permitir que el Maestro lavara sus pies y Jesús le dijo: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después.” Entonces Pedro le dijo: “No me lavarás los pies jamás. Jesús le respondió: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo. Le dijo Simón Pedro: Señor, no sólo mis pies, sino también las manos y la cabeza.” (Juan 13:7-9). Pedro no entendía el por qué Jesús actuaba de esa manera, pero finalmente obedeció pues para él lo más importante era su relación con el Señor. Hay dos cosas que podemos aprender de estos dos pasajes:

Primero: El entendimiento o discernimiento espiritual no depende de nuestra inteligencia, sino que está directamente relacionado con el corazón. Jesús les dice a sus discípulos: “¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro corazón?” Un corazón endurecido no permite ver ni entender las cosas de Dios. Y lo único que puede ablandar un corazón endurecido es una íntima y sincera relación con el Señor. A través del profeta Ezequiel, Dios dice: “Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” (Ezequiel 36:26). Dios es el único que puede lograr esa transformación en nuestras vidas. Los discípulos estaban en proceso, a través de su relación con el Señor, de llegar a tener mucho entendimiento espiritual pero obviamente aún no habían llegado a ese nivel.

Segundo: Llegar a discernir o entender espiritualmente no depende solamente de que hayamos decidido seguir a Cristo, sino de la disposición de nuestros corazones a obedecer la voluntad de Dios aunque no la entendamos en un momento determinado. La reacción de Pedro puede ser un ejemplo para nosotros. Tú obedeces la palabra de Dios aunque no entiendas lo que Dios pretende en tu vida, después viene el discernimiento, y el poder y las bendiciones. Todos sabemos las proezas y los milagros que Pedro y los demás discípulos llegaron a realizar movidos por el poder del Espíritu Santo, una vez se sometieron totalmente a la voluntad de Dios.

Cuando no mantenemos una diaria relación con el Señor, cuando no obedecemos la Palabra de Dios nuestros corazones se van endureciendo, a veces de manera imperceptible y como resultado nuestra visión espiritual se va haciendo peor cada vez. Por el contrario, nuestro entendimiento espiritual aumenta a medida que nuestra relación con el Señor se hace más profunda por medio de la lectura de su Palabra día tras día, la meditación en lo que leemos y la oración. Entonces podremos entender cuál es su voluntad y tendremos la fuerza para obedecerla.

ORACION:
Padre querido, te ruego que tu Santo Espíritu obre en mi corazón de manera que yo pueda entender con toda claridad todo lo que tú deseas enseñarme. Ayúdame a tener una relación bien íntima contigo, y dame el valor para obedecerte en todo lo que tú me mandes. En el nombre de Jesús, Amén.