Dios te habla
Diciembre 2021
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¿Tienes la seguridad de tu salvación? Enviar esta meditación

Mateo 7:21-23
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.”


Muchas personas en algún momento de sus vidas levantaron la mano respondiendo a una invitación a aceptar a Jesucristo como salvador. Pero esta acción no siempre significa que son salvos. Romanos 10:9-10 dice “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” La Biblia es muy clara al especificar que “serás salvo” si “creyeres en tu corazón.” Solamente Dios sabe si al momento de hacer profesión de fe una persona cree en su corazón o simplemente ha sido movida por sus emociones o lo ha hecho sólo “por salir del paso” o cualquier otro motivo. Entonces, ¿cómo podemos estar seguros de que somos salvos? El apóstol Pablo, en su segunda carta a los corintios les dice: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos.” (2 Corintios 13:5). Tú necesitas examinarte a ti mismo para ver si estás en la fe. Si no hay evidencia que lo corrobore, quizás tengas que llegar a la conclusión de que no eres salvo.

En el pasaje de hoy Jesús nos dice que sólo entrará al reino de los cielos “el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” Un verdadero hijo de Dios se caracteriza por la obediencia a la voluntad de su Padre celestial, de la misma manera que lo hizo Jesús. Así les dijo él a sus discípulos: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió.” (Juan 4:34). El punto clave es este: Si de verdad eres salvo sentirás en tu corazón un fuerte deseo de conocer la voluntad de Dios y obedecerla.

En Mateo 5:13-14, Jesús se refiere a los creyentes como “la sal de la tierra” y “la luz del mundo”. El estilo de vida de un verdadero cristiano debe ser muy fácil de distinguir del resto del mundo. Al igual que la sal preserva la carne de la descomposición, los creyentes deben ser preservativos en medio de un mundo que se está corrompiendo cada día más. E igualmente la luz de Cristo debe brillar a través de ti en medio de las tinieblas del pecado. ¿Es evidente para los incrédulos que están a tu alrededor que tu vida es diferente a la de ellos? ¿O haces tú lo mismo que ellos hacen?

Algo que puede asegurarte que eres salvo son los cambios que ha habido en tu vida en tu manera de pensar, de hablar y de actuar. 2 Corintios 5:17 dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” Piensa bien: ¿Continúas tú haciendo lo mismo que hacías antes de dar profesión de fe? ¿No sientes remordimiento cuando haces algo que sabes no agrada a Dios? El Espíritu Santo, el cual viene a morar en nosotros cuando aceptamos a Jesucristo como salvador, nos hace conscientes de que hemos pecado y también nos da la seguridad de nuestra salvación. Dice Romanos 8:16: “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.” La seguridad de la salvación nos viene de ese testimonio interno del Espíritu Santo y de la manifestación externa de nuestras acciones. Jesús lo expuso claramente en el Sermón del Monte, cuando dijo: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos?” (Mateo 7:16).

La verdadera salvación implica transformación. Después del perdón y la justificación viene la regeneración, la santificación y por último la glorificación cuando partamos de este mundo. Es la voluntad de Dios que a través de este proceso seamos “hechos conformes a la imagen de su Hijo.” (Romanos 8:29). ¿Estás tú haciendo la voluntad de Dios? ¿Sientes placer en la presencia del Señor? ¿Demuestran tus frutos que el Espíritu Santo está haciendo su obra en ti? Si puedes contestar “sí” a estas preguntas, puedes tener la seguridad de tu salvación. Y cuando partas de este mundo irás a vivir al cielo por toda la eternidad.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias por el regalo de la salvación a través del sacrificio de tu Hijo. Ayúdame a vivir conforme a tu voluntad en todo lo que haga, para la gloria y honra de tu nombre. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.