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¿En qué ocupas tu tiempo? Enviar esta meditación

Eclesiastés 3:1-10
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz. ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.”


En este pasaje el sabio Salomón nos muestra la conclusión a la que él llegó al estudiar las actividades, los trabajos y los propósitos que Dios ha preparado para que el hombre ocupe su tiempo. Dice el versículo 10: “Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.” Dios planeó todo perfectamente desde el mismo instante en que creó el universo. Todo va a ocurrir en un cierto momento y de acuerdo a sus leyes y principios. Y estos eventos se van a repetir como en un ciclo a través de toda la historia. Cuando el ser humano se empeña en cambiar el orden de estos acontecimientos, los resultados no son los que el Señor había planeado, sino que muchas veces traen malas consecuencias.

Dice este pasaje: “¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?” La respuesta es: Ninguno. Por eso el Señor nos manda a no afanarnos por nada. Algunos han hecho del trabajo un dios, y su prioridad es trabajar con el fin de comprar cosas. Cosas que esta sociedad de consumo trata de convencernos que son indispensables para nuestra vida. Es nuestra responsabilidad establecer prioridades de manera que hagamos todo en su debido orden y tiempo, pero debemos hacerlo conforme a la voluntad de Dios y a sus planes para nuestras vidas. En su carta a los Efesios, el apóstol Pablo los exhorta a andar “no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo.” Entonces les dice la clave para lograrlo: “Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor.” (Efesios 5:15-17).

En esta carta (capítulos 5 y 6), Pablo menciona un cierto orden que bien pudiéramos aplicar al tiempo que tenemos disponible cada día. En primer lugar comencemos el día buscando el rostro del Señor en oración, leyendo su palabra y meditando en ella. Jesús nos exhorta a hacer de esto una prioridad en nuestras vidas. Él nos dice en Mateo 6:33: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” Debemos también dedicar tiempo a la familia. Dios quiere que el esposo y la esposa disfruten de tiempo de compañerismo e intimidad; también es imprescindible compartir tiempo de calidad con los hijos, y entablar con ellos una buena relación, al mismo tiempo que les instruimos en los caminos del Señor. El tiempo en nuestro trabajo debe ser aprovechado al máximo para llevar a cabo nuestras responsabilidades eficientemente. Y debemos también dedicar tiempo a servir en la iglesia de Cristo.

El rey David declaró: “Señor, en tu mano están mis tiempos.” (Salmo 31:15). Tenemos que estar conscientes de que el tiempo que tenemos a nuestra disposición pertenece a Dios. Nosotros somos simplemente sus administradores. De la misma manera que cuando terminó su Creación, Dios “tomó al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase” (Génesis 2:15), él espera que nosotros usemos con efectividad el tiempo y los recursos que él nos ha dado. Sigamos fielmente sus instrucciones escritas en la Biblia y esforcémonos en obedecer su voluntad. Algún día llegará el fin de nuestro tiempo aquí en la tierra y nos encontraremos frente a frente con el Señor. Entonces daremos cuenta de la manera en que ocupamos el tiempo que tuvimos disponible durante nuestras vidas.

ORACION:
Bendito Padre celestial, te ruego me ayudes a estar consciente del tiempo que me has dado y de mis responsabilidades de manera que todo lo que yo haga sea conforme a tu voluntad, para que en todo sea glorificado tu santo nombre. Por Cristo Jesús te lo pido, Amén.