Diciembre 2017
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La indestructible palabra de Dios Enviar esta meditación

Deuteronomio 4:1-2
“Ahora, pues, oh Israel, oye los estatutos y decretos que yo os enseño, para que los ejecutéis, y viváis, y entréis y poseáis la tierra que Jehová el Dios de vuestros padres os da. No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno.”


La Biblia no fue escrita en Atenas o en Alejandría (los grandes centros de la cultura antigua), ni es obra de filósofos ni de científicos. La redactaron hombres y mujeres que, en su mayoría, no tenían estudios pero fueron inspirados por la misma fuente de sabiduría y poder: Dios mismo. Así dice 2 Timoteo 3:16: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.” La mayoría de los escritores fueron hebreos, pueblo que por tradición, educación y sentimientos es muy cerrado al contacto exterior; sin embargo, la Biblia ejerció una preponderante influencia sobre las naciones de Occidente.

Durante toda la historia se han hecho muchos esfuerzos para destruir y deshacerse de la Biblia. Reyes, gobernadores, dictadores, autoridades religiosas y ateos han tratado de quemarla, enterrarla, refutarla, matar a los que la leían, confiscarla, prohibirla y esconderla, pero la Biblia ha vencido en todas las batallas. En el año 303 DC Diocleciano, el emperador romano, decretó la más terrible de las persecuciones contra “El Libro” y sus lectores. Miles de cristianos perecieron e innumerables Biblias fueron destruidas. Se erigió una columna de triunfo con esta inscripción: “Extinto nomine cristianorum” (“El nombre de los cristianos ha sido extinguido”). Pero la Palabra de Dios resurgió y en el año 325 el emperador Constantino la reconoció como la “Palabra de la Verdad”.

En el siglo dieciocho Voltaire, renombrado filósofo y escritor francés, ateo de corazón, profetizó que cien años después de su muerte la Biblia sería un libro desusado. Actualmente es Voltaire a quien se ha echado al olvido, y la casa que era de él es usada por la Sociedad Bíblica para poner en circulación cientos de miles de ejemplares de la palabra de Dios. La Biblia es el libro de mayor venta en todas las épocas. Se ha traducido a más de dos mil lenguas y dialectos, y se han distribuido miles de millones de copias de este sagrado libro por todo el mundo. Sus enseñanzas se remontan a miles de años pero todavía están vigentes en nuestros tiempos. Es poderosa y verdadera, y se eleva sobre todo el escombro y las ruinas de sus enemigos. ¡Y así será para siempre! Así lo afirma 1 Pedro 1:25: “La palabra del Señor permanece para siempre.” Nada ni nadie podrá destruir jamás la poderosa palabra de Dios.

En Mateo 24:35 Jesús declara: “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.” Podemos vivir totalmente convencidos de que estas palabras del Señor se cumplirán a cabalidad. Y, mientras estemos en el cuerpo, debemos alimentar nuestras almas cada día de nuestras vidas con el poder que emana de la indestructible palabra de Dios. Además debemos estar muy alertas, pues a nuestro alrededor hay muchos “maestros” y “pastores” que “apartan de la verdad el oído”, y predican “las fábulas” que el mundo desea escuchar, como advierte Pablo a su hijo espiritual Timoteo en 2 Timoteo 4:3-4.

Debemos, por tanto, mantenernos firmes en la verdad de la Palabra de Dios estando “siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que demande razón de la esperanza que hay en nosotros.” (1 Pedro 3:15). Para ello, “tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios; orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu.”, dice Efesios 6:17-18.

Por medio de la lectura de la Biblia y la oración constante llegamos a tener un profundo conocimiento de Dios, y podemos usar su poder de la manera en que lo hacían Jesús y sus discípulos para llevar a cabo milagros y proezas que glorificaban el nombre de Dios.

ORACION:
Querido Padre celestial, te doy gracias por tu palabra, que es alimento y consuelo para mi vida. Te ruego me capacites por medio de tu Espíritu para entenderla y obedecerla al pie de la letra y que mi testimonio glorifique tu nombre en todo lo que yo haga o hable. En el nombre de Jesús, Amén.