Diciembre 2017
DLMMJVS
 12
3456789
10111213141516
17181920212223
24252627282930
31 

 
¿Quién controla tu mente? Enviar esta meditación

Romanos 8:5-8
“Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios.”


En este pasaje, el apóstol Pablo muestra la enorme importancia de la mente en la vida espiritual de una persona. Básicamente, la manera en que pensamos determina la manera en que actuamos. El enemigo lo sabe perfectamente, y por eso nos ataca de continuo poniendo en nosotros pensamientos pecaminosos, los cuales, si no los rechazamos inmediatamente, van creciendo y multiplicándose hasta que llegan a controlarnos totalmente. Entonces somos víctimas fáciles de la tentación, y cuando menos lo imaginamos estamos actuando conforme a esos pensamientos. Por eso es necesario eliminarlos de nuestras mentes lo más rápidamente posible. En una ocasión Martín Lutero dijo: “No puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero si puedes evitar que hagan nido en ella.”

El pasaje de hoy nos dice que “los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu.” Es decir, aquel que vive satisfaciendo los deseos de la carne, se encontrará a menudo pensando en cosas pecaminosas que le recuerdan los placeres del mundo. Por el contrario, el que se ocupa en hacer las cosas que agradan a Dios, estudiando la Biblia, meditando en sus enseñanzas, dedicando tiempo a la oración, leyendo libros que edifiquen el espíritu, sirviendo en un ministerio en la iglesia y otras cosas por el estilo, sentirá deleite en poner su mente en las cosas del Espíritu.

Existe una batalla constante por el control de nuestras mentes. Si queremos que sea el Señor quien controle nuestras mentes y por lo tanto nuestras acciones, tenemos que tratar de concentrar nuestros pensamientos en las cosas que agradan a Dios. Así nos aconseja el apóstol Pablo en su carta a los filipenses: “Todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Filipenses 4:8). Claro que esto es más fácil decirlo que hacerlo, pues nuestra naturaleza pecaminosa nos impulsa precisamente a lo contrario. Si queremos triunfar sobre esa tendencia pecaminosa, tenemos que aprender a vernos nosotros mismos como Dios nos ve, una nueva creación que ya no está bajo el control del pecado, sino que vive “conforme al Espíritu.”

Mientras más íntima es nuestra relación con el Señor más sensibles nos volvemos a las advertencias del Espíritu Santo acerca de las tentaciones, y más fuertes seremos para ganar la batalla que se lleva a cabo en la mente. Una vida controlada por el Espíritu comienza cuando creemos de todo corazón y recibimos a Cristo como nuestro Salvador, continúa desarrollándose cuando tomamos la decisión de someternos a la voluntad de Dios, leyendo diariamente su Palabra, que es la espada del Espíritu, y pasando tiempo en oración con nuestro Padre celestial. Esto nos dará la fuerza y el valor para resistir al diablo y sus tentaciones, al cual no le quedará más remedio que apartarse de nosotros. Así afirma Santiago 4:7: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.”

Tenemos que estar conscientes de que nuestro enemigo espiritual es un adversario poderoso, y aunque quizás en ocasiones podamos controlar algunos de esos pensamientos, la realidad es que con nuestras propias fuerzas no podemos derrotar a Satanás. Por eso debemos acudir a la oración “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”, como dice 2 Corintios 10:5. Si queremos ganar la batalla contra este enemigo invisible, tenemos que poner nuestros pensamientos bajo el control del Señor Jesucristo. No existe otra manera.

ORACION:
Padre santo, ayúdame a tener una relación más íntima contigo cada día de mi vida, y dame el poder y la autoridad para rechazar todo intento del diablo de usar mi mente para controlar mis acciones. Yo declaro que mi mente y mi corazón te pertenecen y me someto a tu voluntad. En el nombre de Jesús, Amén.