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¿Por qué murió Jesús? Enviar esta meditación

Romanos 5:6-11
“Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación.”


En el Antiguo Testamento el sacrificio era parte esencial del plan de Dios para el perdón de pecados. En Levítico capitulo 16 leemos que la Ley establecía que hubiese un día al año para la expiación de todos los pecados de Israel. Ese día, el sumo sacerdote ofrecía en sacrificio un cordero por toda la nación. Este cordero debía ser perfectamente sano y sin defecto alguno. Más de mil años después Juan el Bautista, viendo que Jesús se acercaba, declaró a todos en alta voz: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Las palabras de Juan describieron claramente como el Señor llevaría a cabo el plan de salvación de Dios dando su vida y derramando su sangre en la cruz del Calvario.

Muchos se preguntan: "¿Por qué Jesús sufrió una muerte tan terrible si no hizo mal a nadie?" La Biblia nos dice que desde que Adán y Eva pecaron desobedeciendo las instrucciones de Dios, la naturaleza humana se volvió propensa al pecado. Dios, en su absoluta santidad, no podía tener una relación personal con ellos, ni con nosotros sus descendientes. La consecuencia del pecado original fue la separación del hombre de su creador, es decir muerte espiritual, como dice Romanos 6:23a: “La paga del pecado es muerte...” Pero la continuación de este versículo trae a este mundo una preciosa esperanza. Así dice Romanos 6:23b: "... mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro." La muerte de Cristo en la cruz saldó la deuda del pecado y nos abrió el camino para reconciliarnos con Dios y así “seremos salvos por su vida", como dice el pasaje de hoy.

Fue en la cruz donde el Hijo de Dios se humilló y cargó sobre él todos los pecados del mundo (pasados, presentes y futuros). La cruz marcó el lugar y el momento en que se llevó a cabo el juicio de Dios y donde se derramó su gracia y su misericordia. Allí se reveló el plan redentor de Dios, fue destruido el poder de la muerte y se llevó a cabo el perdón de los pecados. Por medio de la muerte de Cristo y su sangre derramada se ha asegurado una vida nueva a los que lo reciben como Salvador, y la seguridad de vida eterna cuando partan de este mundo.

Por la muerte de Jesucristo la justicia de Dios fue satisfecha. Dios sabía que no podíamos pagar por nuestros pecados, por eso dio a su Hijo como sustituto, transfirió a él nuestras iniquidades y lo declaró culpable en lugar de nosotros. Cristo murió voluntariamente por nosotros, para cumplir con la justa exigencia de Dios por el pecado. La sangre y la muerte parecen desagradables, pero sin la sangre de Cristo que fue derramada por nosotros y sin su muerte vicaria a nuestro favor seríamos como prisioneros condenados sin esperanza.

El apóstol Pablo tenía unas credenciales impecables: educación, cultura, magníficos antecedentes familiares y una posición de autoridad entre los judíos. Pero cuando se encontró con Cristo en el camino a Damasco descubrió su absoluta falta de méritos. Aprendió que lo único de valor eterno en este mundo era que el Salvador murió en la cruz por sus pecados. Por eso escribió en Gálatas 6:14: “Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo.” Para muchos la muerte de Jesucristo en la cruz era algo ilógico y sin sentido, pero Pablo entendió que era en la cruz donde Dios había cumplido su tan largamente esperada promesa de dar al mundo un Salvador.

ORACION:
Bendito Dios, una vez más te doy gracias por tu Hijo Jesucristo, mi redentor y Salvador. Gracias porque a través del increíble dolor de la cruz hoy puedo tener la seguridad de la vida eterna junto a ti, en lugar de la horrible condenación que merecía. Por Cristo Jesús, Amén.