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¿Quieres sentir gozo en todas las circunstancias? Enviar esta meditación

Juan 15:11
“Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.”


¿Cómo podía Jesús sentir gozo mientras atravesaba Palestina? ¡Cuántos motivos de tristeza había para quien conocía perfectamente el corazón de la gente, así como el origen y el fin de las circunstancias! Veía el sufrimiento de los que encontraba y se compadecía de ellos; también discernía la causa inicial de sus problemas: el pecado, y sufría al comprobar la esclavitud a la cual los hombres estaban sometidos. Pocos eran los momentos en que él podía apreciar la fe de un centurión romano o el afecto y agradecimiento de una mujer como María de Betania. Si Jesús podía sentir gozo en medio de aquellas circunstancias era debido a su íntima relación con su Padre. En las situaciones más difíciles permanecía en comunión con Dios, en una total armonía con la voluntad de aquel que le había enviado. Nada podía interrumpir esa relación ni disminuir su intensidad.

En su carta a los Filipenses, el apóstol Pablo los exhorta a estar gozosos siempre. Allí les dice: “Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!” (Filipenses 4:4). Cualquiera podría pensar que cuando Pablo escribió esta carta estaba disfrutando de unas relajantes vacaciones en algún lugar de Europa, pero no era así. Cuando él escribió esta carta estaba en una cárcel romana, rodeado de incomodidades, pasando hambre, siendo humillado y torturado, y probablemente esperando ser ejecutado de un momento a otro. Y aún así, sentía tanto gozo que no podía dejar de exhortar a los filipenses a que se regocijaran en todo momento. Pablo podía sentir ese gozo, porque aun en esas circunstancias tan adversas él buscaba sin cesar la presencia del Señor.

David pasó por muchas situaciones difíciles en su vida. Fue acusado, perseguido, traicionado, amenazado de muerte, pero siempre mantuvo una íntima relación con Dios. Por eso pudo declarar: “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” (Salmo 16:11). Este es el verdadero gozo, el que no depende de las circunstancias externas, sino de la constante presencia del Espíritu Santo en el corazón de una persona.

En el pasaje de hoy, Jesús nos dice que el propósito de sus palabras es que su gozo esté en nosotros y que nuestro gozo “sea cumplido”, es decir completo, perfecto. Es este, pues, un sentimiento que se manifiesta en nosotros cualquiera sea nuestra situación, cuando vivimos en comunión con el Señor y escuchamos sus palabras y las obedecemos. Hay que reconocer que no es nada fácil sentir gozo cuando hemos perdido el empleo, o algún hijo o familiar cercano está enfermo o nuestra propia salud no está bien, o estamos metidos en deudas y no alcanza el dinero para pagarlas, o cualquier otra de las tantas situaciones problemáticas que vienen a nuestras vidas. Ciertamente es difícil, pero no imposible. La clave consiste en mantener una comunión íntima con Dios de manera que su Santo Espíritu produzca en nosotros su fruto de gozo, como dice Gálatas 5:22-23.

En 1 Tesalonicenses 5:16-23, Pablo exhorta a los creyentes de Tesalónica a estar “siempre gozosos”, y les da una serie de consejos para lograrlo. Allí les dice: “Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal.” Si actuamos de esta manera, la presencia de Dios en nuestras vidas será una realidad y podremos disfrutar de su gozo inefable.

¿Estás en medio de una prueba y sientes que el gozo se ha ido de tu corazón? ¿Estás triste en este momento? Hazte el firme propósito de seguir estas instrucciones de la palabra de Dios, y experimentarás su gozo en tu vida independientemente de las circunstancias que te rodeen. Comienza buscando el rostro del Señor en oración, entrégale tu problema, echa tu carga sobre él y experimentarás su infinita paz y su gozo inefable.

ORACION:
Padre santo, yo reconozco que por mis propias fuerzas no puedo sentir gozo cuando las pruebas y las situaciones difíciles llegan a mi vida, pero sé que el poder de tu Espíritu Santo es más que suficiente para producir en mí gozo y paz en medio de cualquier circunstancia. Te ruego me llenes de tu Espíritu y me capacites para poder regocijarme siempre. En el nombre de Jesús, Amén.