Dios te habla
Octubre 2021
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Filipenses 4:6, 7
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.”


No hay duda de que uno de los puntos débiles de la iglesia de Cristo es la oración. Esto se ve reflejado en la asistencia a las reuniones de oración. Generalmente asisten a estas reuniones un pequeño grupo de personas, en su mayoría adultas o ancianas, porque el concepto general es que la oración es para aquellos que no tienen otra cosa que hacer o para personas bien mayores. Nada más lejos de la verdad. Contrario a este concepto, cuando nosotros buscamos la presencia de Dios en oración, su paz “que sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y nuestros pensamientos en Cristo Jesús”, dice el pasaje de hoy. Es decir, podemos esperar un tiempo agradable, lleno de gozo y de paz. Un tiempo en el que podemos deshacernos de todas nuestras cargas y preocupaciones y regocijarnos en la presencia de nuestro Padre celestial. Así lo expresa David en el Salmo 16:11: “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” ¡Qué experiencia tan preciosa la del salmista!

Dios quiere que sus hijos disfruten esta experiencia, pero de alguna manera el diablo ha propagado entre los cristianos la mentira de que orar es pérdida de tiempo y que podemos aprovechar mejor el tiempo haciendo otras cosas, por lo que muchas personas oran sólo cuando les sobra algún tiempo o cuando están en una situación muy difícil. Como resultado vemos en la iglesia una falta de crecimiento espiritual y una muy superficial relación con Dios.

La oración es el medio que Dios nos ha dado para que nos comuniquemos con él. A través de la oración le adoramos, le alabamos, traemos a él nuestras cargas y problemas y nuestras necesidades de todo tipo pero sobre todo le vamos conociendo y estableciendo esa relación que desde el principio de la creación nuestro Padre celestial ha deseado tener con sus hijos. Al buscar a Dios en oración podemos experimentar su presencia inefable que llena nuestras vidas con amor, paz, gozo y armonía. Es una experiencia preciosa que no es fácil describir, es necesario experimentarla individualmente. Cuando estamos orando a solas llega un momento en que el Espíritu Santo nos envuelve y su paz y su gozo inundan todo nuestro ser.

Cuando creamos el hábito de buscar el rostro del Señor a una cierta hora cada día, comenzamos a sentir un verdadero placer que nos lleva ante la misma presencia de Dios, y allí con toda confianza compartimos con él nuestros problemas. David solía levantarse muy temprano a buscar la presencia del Señor. En el Salmo 63:1 él clama: “Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela…” Y en el Salmo 42:1-2 expresa su anhelo del Señor: "Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo; ¿cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?" Esa sed a la que él se refiere es un intenso deseo, una necesidad espiritual de estar cerca de Dios. Y en el Salmo 37:4 él comparte con nosotros los resultados de deleitarse en ese tiempo de comunión: “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón. ”

La oración es un privilegio increíble, es la oportunidad de hablar con el Dios todopoderoso, el Creador del Universo, aquel que tanto nos ama que sacrificó a su único hijo por nuestra salvación y que desea tener una relación de amor mutua con nosotros. Realmente deberíamos estar ansiosos esperando el momento de pasar un rato con él. Lamentable e inexplicablemente muchas veces no es así.

Comienza a buscar a Dios en oración como nunca antes y experimentarás su hermosa presencia y la paz y el gozo del Espíritu Santo. Deléitate en tu tiempo de oración y recibirás bendiciones como nunca antes has recibido.

ORACION:
Padre amado, dame discernimiento espiritual para poder entender la magnitud del privilegio de poder establecer una relación contigo. Te pido que pongas en mi corazón un deseo apasionado de buscar tu rostro en oración para deleitarme en ti cada día de mi vida. Te lo pido en el nombre de Jesús, Amén.