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¿Te dejas guiar por tradiciones? Enviar esta meditación

Marcos 7:1-3
"Se juntaron a Jesús los fariseos, y algunos de los escribas, que habían venido de Jerusalén; los cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los condenaban. Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen."


Algunos fariseos y escribas se habían acercado a Jesús quejándose de que habían visto a sus discípulos comer pan sin lavarse las manos, y por esta razón los condenaban. Entonces el Señor les replicó diciendo: “Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, como está escrito: Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas mandamientos de hombres.” (Marcos 7:6-7). Ya Jesús les había advertido en varias ocasiones que su rígida adhesión a las tradiciones podía significar en realidad desobediencia a la ley de Dios. En otras palabras, se preocupaban demasiado por seguir las costumbres tradicionales que venían de generación en generación pero no hacían las cosas que agradaban a Dios. Por eso Jesús les dijo: “Bien invalidáis el mandamiento de Dios para guardar vuestra tradición.” (v.9).

Para Dios siempre ha sido sumamente importante que sus palabras se escribiesen, precisamente para evitar que hubiese en ellas cambios al transmitirse de boca en boca. Más de 1,400 años antes del nacimiento de Cristo, Dios le dijo a Moisés: "Escribe tú estas palabras; porque conforme a estas palabras he hecho pacto contigo y con Israel." (Éxodo 34:27). Más adelante, le ordenó a Jeremías: "Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá..." (Jeremías 36:2). Al profeta Habacuc Dios le mandó: "Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella." (Habacuc 2:2). A través de toda la Biblia vemos este mismo proceder de parte de Dios, hasta el último libro donde el Señor Jesucristo se reveló al apóstol Juan y le dijo: "Escribe las cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas." (Apocalipsis 1:19).

Han pasado 2,000 años desde que Jesús amonestó a aquellos judíos, pero aún hay en el mundo millones de personas que actúan de la misma manera que ellos actuaban. Y las palabras del Señor continúan teniendo la misma validez. En Juan 5:39 les dijo Jesús: "Escudriñad las Escrituras, porque ellas son las que dan testimonio de mí." Todo lo que necesitamos para crecer espiritualmente y llegar a conocer a Dios profundamente está escrito en la Biblia. Así lo declara 2 Timoteo 3:16: "Toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia."

En su carta a los colosenses el apóstol Pablo les dijo: "Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo." (Colosenses 2:8). Esta es una advertencia del peligro que implica prestar oídos a las tradiciones de los hombres y no buscar el conocimiento únicamente en la infalible Palabra de Dios. Porque podemos ser arrastrados al engaño por medio de la astucia de aquellos que emplean "filosofías y huecas sutilezas", todo lo cual tiene su origen en el corazón del hombre y no en Dios. Y aun en el caso de que no existiera la intención premeditada de engañar, tenemos que entender que no es posible asegurar la absoluta veracidad de aquello que proviene de los hombres.

Antes de partir de este mundo Jesús dijo a sus discípulos: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura." (Marcos 16:15). Ellos obedecieron siguiendo estrictamente sus enseñanzas. La Biblia nos narra que mientras predicaban al pueblo, varios de los apóstoles fueron llevados ante el concilio donde el sumo sacerdote los amenazó y les dijo que no siguieran enseñando en el nombre de Jesús. Entonces "respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres." (Hechos 5:29).

Ellos obtuvieron el conocimiento directamente del Señor. Ahora nosotros lo encontramos en la Palabra de Dios. Lee la Biblia diariamente, medita en ella y rechaza todo aquello que no esté escrito en ella.

ORACION:
Padre santo, te ruego me ayudes a buscar tu rostro día tras día, y a alimentar mi espíritu únicamente con tu Santa Palabra. En el nombre de Jesús, Amén.