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¿Cuán firme estás tú? Enviar esta meditación

Salmo 125:1
“Los que confían en el Señor son como el monte de Sion, que no se mueve, sino que permanece para siempre.”


Cuando uno piensa en algo verdaderamente firme o inmovible, lo primero que viene a la mente es una montaña. Una montaña (o monte) es firme porque permanece fijo en un lugar, es decir no se mueve aunque haya vientos y tormentas. El pasaje de hoy dice que aquel que ha puesto su confianza en Dios es tan firme como "el monte de Sion." La palabra “Sion” aparece más de 150 veces en la Biblia, significando esencialmente “fortaleza.” También en ocasiones expresa el concepto de "pueblo de Dios". Todo aquel que confía en Dios puede tener la seguridad de que en medio de las pruebas y de las tormentas más grandes permanecerá firme. El Salmo 91 expresa de manera clara este concepto cuando dice: "El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente." (v.1). Y más adelante declara: "No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada." (v.10).

La clave fundamental para estar firme es estar consciente no sólo de que Dios es omnipotente, es decir todo lo puede, sino también de que él nos ama incondicionalmente aunque no lo merezcamos, porque “Dios es amor”, dice 1 Juan 4:8. El apóstol Pablo lo expresa de esta manera: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.” (Romanos 5:8-9). En otras palabras, si tú has aceptado a Jesucristo como tu salvador quita de tu mente toda preocupación relativa al amor de tu Padre celestial en cualquier situación que se presente ante ti.

Algo muy importante que debemos tener en cuenta siempre es que nuestras propias fuerzas no son suficientes para mantenernos firmes en todas las circunstancias. Quizás en algún momento pensemos que somos suficientemente fuertes para resistir cualquier ataque del enemigo, pero si nos descuidamos en nuestra comunión con el Señor podemos debilitarnos espiritualmente y sin apenas darnos cuenta caer en alguna tentación. Y tendremos que sufrir las consecuencias de nuestra caída. Por eso Pablo advirtió a los cristianos de Corinto en su primera carta: “El que piensa estar firme, mire que no caiga.” (1 Corintios 10:12). En otras palabras, “No se descuiden; manténganse en constante comunión con el Señor para que no caigan.” La verdadera firmeza proviene del poder de Dios, y únicamente en él debemos fortalecernos. Solamente cuando nos vestimos con la poderosa armadura de Dios podemos tener la seguridad de que permaneceremos firmes contra las trampas y los engaños de Satanás. Dice Efesios 6:10-11: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”

A medida que escudriñes la Palabra de Dios y medites en ella y la pongas en práctica en tu vida irás creando un fundamento espiritual que te hará permanecer firme en las circunstancias más difíciles que se presenten ante ti. Serás como aquel hombre prudente que edificó su casa sobre la roca, y cuando vinieron las lluvias y los vientos, y los ríos crecieron, aquella casa no cayó sino que permaneció firme. (Mateo 7:24-25). Las pruebas son parte de la vida, todos hemos pasado o pasaremos a través de ellas. El enemigo está constantemente tratando de hacernos caer, y tanto en las pruebas como en las tentaciones es nuestra fe lo que nos va a mantener firmes para resistir sus ataques. El apóstol Pedro nos da esta advertencia en su primera carta: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe.” (1 Pedro 5:8-9).

¿Estás enfrentando una prueba en estos momentos? Ya sabes lo que tienes que hacer para mantenerte firme. Confía en Dios. Busca la fortaleza en su Palabra. Arrodíllate a orar. Alguien dijo: “Vivir de rodillas nos mantiene de pie.” Si te aferras a esta enseñanza y la pones en práctica, por fuerte que sea la tormenta que llegue a tu vida permanecerás firme como el monte de Sion.

ORACION:
Mi amante Padre celestial, te ruego me ayudes a obedecer tu Palabra y a buscar en ti la fortaleza que necesito para mantenerme firme en medio de la prueba, con la seguridad de que tú me darás la victoria. En el nombre de Jesús, Amén.