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Juan 4:7-19
“Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga yo sed, ni venga aquí a sacarla. Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido, y ven acá. Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido; porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad. Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.”


En este pasaje Jesús se encuentra con una mujer que ha pasado su vida en busca de la felicidad. Esta mujer samaritana pasó de una relación a otra relación tratando de llenar el vacío de su vida, sin lograrlo. Jesús le ofreció la solución para su problema pasando de lo físico y emocional a lo espiritual. Por eso le muestra el remedio perfecto para calmar la sed de su alma. El Señor le dijo: “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás.” Al igual que la mujer samaritana, la mayoría de los seres humanos buscan ansiosamente la felicidad por diferentes medios y muchas veces no la consiguen, y si la consiguen es de una forma superficial y temporal. Jesús usó esta metáfora para mostrarle a aquella mujer que él podía darle el “agua de vida eterna” con la cual saciar su sed espiritual y llenar el vacío de su alma de una vez y para siempre.

El ser humano no se siente totalmente feliz mientras, de acuerdo a sus propios conceptos, le falte algo, ya sea material, emocional o espiritual. Muchas cosas pueden hacernos sentir incompletos o insatisfechos, como relaciones rotas, soledad, desempleo, enfermedad, problemas en la familia, falta de propósito en la vida. Las palabras de Jesús pueden ser aplicadas a todos nosotros. Él es el único que puede llenar el vacío y sanar heridas en lo más profundo de nuestras almas y de nuestros corazones.

El apóstol Pablo escribió a los colosenses: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.” (Colosenses 2:8-10). Ciertamente sólo a través de Cristo estamos completos. Si tenemos a Cristo no necesitamos nada más, aunque desde el punto de vista material pueda faltarnos “algo”. Pablo llegó a conocer el secreto de la verdadera felicidad, la que se siente lo mismo en la escasez que en la abundancia, cuando falta algo o cuando sobra. En su carta a los filipenses les dijo: “He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” (Filipenses 4:11-12). Entonces declara el secreto de su constante gozo y felicidad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

Si sientes que “falta algo” en tu vida, busca el rostro del Señor en oración diariamente y pídele que derrame el agua restauradora de su amor en tu espíritu quebrantado. Solamente a través de él puedes encontrar la felicidad que tanto deseas.

ORACION:
Amante Padre, te doy gracias una vez más por Jesucristo. Ayúdame a entender que él es la fuente de todo lo que yo necesito en la vida para estar completo. Yo rechazo todo intento de Satanás de confundirme y declaro que tu presencia llena mi vida completamente. Por Cristo Jesús, Amén.