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¿Quién tiene la culpa? Enviar esta meditación

Salmo 119:65-72
“Bien has hecho con tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra. Enséñame buen sentido y sabiduría, porque tus mandamientos he creído. Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra. Bueno eres tú, y bienhechor; enséñame tus estatutos. Contra mí forjaron mentira los soberbios, mas yo guardaré de todo corazón tus mandamientos. Se engrosó el corazón de ellos como sebo, mas yo en tu ley me he regocijado. Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata.”


Una de las primeras cosas que hacen las personas cuando se encuentran en problemas es culpar a los demás, tratando de encontrar un responsable de lo que les pasa. Podemos ver esta tendencia en el ser humano desde el principio de la creación. Cuando Adán y Eva pecaron comiendo del árbol prohibido (Génesis capítulo 3), Dios los confrontó a ambos. Adán inmediatamente le echó la culpa a su mujer: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” (Génesis 3:12). Eva actuó de manera similar: “La serpiente me engañó, y comí.” (v.13). Desde entonces esta actitud forma parte intrínseca de nuestra naturaleza carnal. Si algo nos ha sucedido, seguro que debe ser por culpa de alguien, ¿cierto? Sin embargo la mayoría de las veces nuestros intentos por culpar a los demás no producen resultados alentadores, mucho menos resuelven la situación.

En 1 Samuel capitulo 15 Dios le dio instrucciones al rey Saúl por medio del profeta Samuel para que atacara a los amalecitas (enemigos acérrimos de Israel) y destruyera todo. Le dijo: "Mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos." (v.3). Todo, absolutamente todo debía ser eliminado. Sin embargo Saúl optó por perdonarle la vida al rey Agag, y traerse consigo lo mejor de las ovejas y del ganado (v. 9). Entonces el profeta Samuel, por orden de Dios, confrontó a Saúl sobre su desobediencia y este, en lugar de reconocer su falta, le dijo: “El pueblo tomó del botín ovejas y vacas para ofrecer sacrificios a Jehová tu Dios en Gilgal.” (v.21) ¡Como si el pueblo tuviese la autoridad para actuar por sí mismo! Esto le costó el reinado a Saúl, pues finalmente Samuel le dijo: “Por cuanto tú desechaste la palabra del Señor, él también te ha desechado para que no seas rey.” (v.23).

El pasaje de hoy cuenta que el salmista se había descarriado, lo que obviamente le ocasionó problemas. No obstante, en medio de las dificultades él reconoció su culpabilidad y declaró: “Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba.” Él confiesa que su aflicción es el resultado de su extravío, no es culpa de otra persona. Él se descarrió del buen camino y sufrió las consecuencias. Pero recapacitó y encontró el amor y el perdón de Dios. Entonces cambió su actitud, y dijo: “Mas ahora guardo tu palabra.”

La adversidad puede ser una herramienta poderosa en manos de nuestro Padre celestial. Por eso Dios permite que caigamos en situaciones difíciles. Él quiere enseñarnos las consecuencias de nuestro pecado y desobediencia. No debemos interpretar esto como si Dios sólo estuviese esperando que nos desviemos del camino recto para hacernos caer en pesar. Él es un Dios de amor y actuar así es en contra de su naturaleza, pero sí debemos tener muy claro que cuando nos apartamos de sus caminos corremos el riesgo de encontrar malas consecuencias. Proverbios 10:9 nos dice: “El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado.”

El Señor quiere grabar en nuestras mentes el resultado de nuestras acciones que no están de acuerdo a su voluntad y sus principios para ayudarnos a evitar estos problemas en el futuro. El salmista lo entendió de esta manera y así lo expresa al final de este pasaje: “Bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos. Mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata.”

Si estás pasando por una adversidad tal vez Dios está tratando de enseñarte algo. Sé humilde y admite la posibilidad de que seas tú el responsable. Abre tu corazón a la enseñanza de hoy y trata de aprender una lección que puede ayudarte a caminar en integridad y vivir confiado el resto de tu vida.

ORACION:
Padre santo, te ruego me des sabiduría para reconocer mis errores y aprender de ellos. Como el salmista quiero ser humilde y aplicar a mi vida tus estatutos para honrar y glorificar tu nombre. En el nombre de Jesús, Amén.