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1 Pedro 5:6-11
"Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo. Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén."


No duermes bien, te sientes intranquilo, estás ansioso, la más mínima cosa te irrita. En otras palabras, no sientes paz en tu vida. Sin duda alguna algo anda mal. Tratas de entender qué te está afectando. Quieres acercarte a Dios y algo te detiene. Ni siquiera sientes deseos de orar y no encuentras explicación. Esto pasa con frecuencia a muchos creyentes que no logran identificar el origen de lo que les aprisiona. El problema es que muchas veces miran en el lugar equivocado, se enfocan en el aspecto físico o emocional y no consideran los ataques espirituales.

El pasaje de hoy nos habla de la causa espiritual de los males de este mundo: nuestro “adversario el diablo”, el cual, según nos dice el apóstol Pedro, anda alrededor nuestro aunque no lo veamos, buscando siempre a quien devorar o sea a quien destruir física, moral y espiritualmente. Debemos ser sobrios, es decir sensatos, prudentes y estar siempre alertas ante la amenaza espiritual que se cierne sobre nosotros. Debemos resistir sus ataques “firmes en la fe”, como dice el pasaje de hoy, no basados en nuestras fuerzas y nuestra inteligencia sino confiando en todo tiempo en el Dios todopoderoso sobre el cual podemos echar nuestra ansiedad, nuestra inseguridad y nuestros temores porque él tiene cuidado de nosotros y pelea por nosotros.

Cuando reconocemos nuestra debilidad e incapacidad y dejamos de luchar contra las circunstancias negativas con nuestras propias fuerzas y nos humillamos ante Dios reconociendo que sólo él puede darnos la victoria, él usa nuestro padecimiento y nuestros sufrimientos para perfeccionarnos, afirmarnos en nuestra fe, fortalecernos espiritualmente y establecernos conforme a sus planes en nuestras vidas. Vemos un ejemplo en 2 Corintios 12. Aquí el apóstol Pablo se refiere a “un aguijón” en su carne. Era algo que le molestaba, le afectaba grandemente en su vida y por mucho tiempo luchó para liberarse. Y le pidió a Dios que se lo quitara. La respuesta del Señor fue la graduación de Pablo en el proceso de aprendizaje y crecimiento espiritual: “Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” No solamente obtuvo Pablo la fortaleza que necesitaba, sino que pudo declarar: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte.” (2 Corintios 12:9).

La meta del diablo es impedir que el plan de Dios se lleve a cabo en nosotros y estorbar nuestra relación con Dios. Por eso Pedro nos exhorta a resistir sus ataques. No es nuestra función luchar contra Satanás, solamente resistirlo. Del resto se encarga Dios. El apóstol Santiago nos lo asegura cuando dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7). Es decir, la manera de derrotar al diablo es someter nuestras vidas a Dios y darle a él todo el control, porque su poder es superior a cualquier otro poder existente en el Universo. Al declarar nuestra incapacidad y someternos a la voluntad de Dios, él perfecciona su poder en nuestra debilidad y nos libra de todo mal.

La pregunta es: “¿Cómo me someto a la voluntad de Dios?” El primer paso es conocer esa divina voluntad, y esto sólo es posible cuando dedicamos un tiempo a la oración y la lectura de la Biblia diariamente. Cuando hacemos de esto un hábito, el Espíritu Santo poco a poco nos va revelando la voluntad de Dios en nuestras vidas y además nos dirige y nos da las fuerzas para someter nuestras vidas a esa voluntad divina. Esta es la clave de una vida victoriosa.

ORACION:
Gracias, Dios mío, por tu promesa de que cuando someto a ti mi vida tú harás huir al diablo de mis alrededores. Por favor perfecciona tu poder en mi debilidad para que tu nombre sea glorificado en mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.