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¿Eres tú luz para los que están en tinieblas? Enviar esta meditación

Mateo 5:14-16
“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”


Este pasaje es parte del conocido "Sermón del Monte", el cual predicó Jesús al principio de su ministerio a una multitud de judíos que le seguía después que él "recorrió toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo." (Mateo 4:23). Aquí Jesús hace énfasis en la necesidad de aquellos que le seguían de ser luz para un mundo en el que reina la oscuridad.

Por regla general cuando en la Biblia se menciona la oscuridad se está hablando de pecado, del mundo espiritual de tinieblas cuyo príncipe es Satanás y en el cual viven, andan y se desarrollan todos aquellos que no han conocido la luz redentora de Cristo. En Juan 8:12, Jesús dice: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas.” Es decir, el requisito para salir de ese mundo de tinieblas es conocer a Jesús y seguirle; no hay otra alternativa. En el mundo espiritual Jesucristo es el sol, fuente principal de luz y de poder. Los cristianos somos como la luna que en medio de la oscuridad de la noche alumbra, no por su propia luz sino reflejando la luz del sol. Jesús dice que los cristianos somos “la luz del mundo” pero nosotros no tenemos luz propia, sino que debemos reflejar la luz que proviene de él. Para ello es necesario que vivamos cerca de él y conozcamos su palabra y la pongamos en práctica en nuestras vidas y la hagamos llegar a aquellos que necesitan de esa luz.

Cuando Jesús dijo: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura…” (Marcos 16:15) no estaba hablando exclusivamente de viajar a otras naciones aunque esto, de ser posible, sería estupendo. El Señor realmente estaba diciendo: "Mientras ustedes andan en este mundo…" Esto quiere decir que nosotros debemos cumplir esa encomienda a medida que nos desarrollamos en nuestros centros de trabajo, en la calle, en el vecindario, en el supermercado, en vacaciones, en el avión, en un restaurante, en la sala de espera mientras esperamos que nos atienda el médico, dondequiera que nos encontremos debemos aprovechar toda oportunidad que se presente para comunicar a aquellos que están a nuestro alrededor el Evangelio de Jesucristo e invitarlos a que se unan a la familia de la fe aceptando a Jesús como salvador personal. Cuando Jesús dijo a sus apóstoles: “Haced discípulos…” (Mateo 28:19) quiso decir que debemos motivar a aquellos que creen a que aprendan y obedezcan todo lo que él ha dicho. Es la única manera de salir de las tinieblas, conociendo a Cristo, siguiéndole cada día y viviendo una vida cercana a su luz redentora.

En su segunda carta, el apóstol Pedro escribe: “Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro...” (2 Pedro 1:19). Pedro declara que tenemos la poderosa palabra de Dios, la cual puede alumbrar en medio de la oscuridad como una antorcha. Asimismo en el Salmo 119:105, el salmista dice: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” Él afirma que la palabra de Dios alumbra su camino. Y el apóstol Pablo escribió en Filipenses 2:14-15: “Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.”

Así es que podemos ser luz para el mundo predicando el Evangelio de Jesucristo y viviendo nuestras vidas de tal manera que nuestro testimonio sea un reflejo de la vida de Jesús. ¡Deja que la luz de Cristo brille en ti! ¡Lleva tu luz dondequiera que vayas! ¡Dios puede usarte para sacar a otros de las tinieblas!

ORACION:
Amante Padre celestial, ayúdame a guardar tu palabra en mi mente y en mi corazón de manera que tu Santo Espíritu produzca en mi vida el carácter de Cristo y que los que están a mi alrededor que no te conocen reciban en sus vidas esa luz redentora que puede librarlos de las tinieblas en las que viven. En el nombre de Jesús, Amén.