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¿Estás firme en tu confianza en Dios? Enviar esta meditación

Hebreos 4:15-16
"Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro."


Aún habiendo entendido que debemos poner toda nuestra confianza en Dios no siempre es fácil caminar en la seguridad que esa confianza debe producir en nosotros. La Biblia declara que Dios nos capacitará y nos dará el poder para lograr todo lo que esté dentro de sus planes para nuestras vidas. Así lo afirmó el apóstol Pablo en su carta a los filipenses cuando dijo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13). Sin embargo frecuentemente nos asustamos o quedamos paralizados ante pruebas u obstáculos inesperados. Hay varias razones que pueden debilitar nuestra confianza en la promesa de Dios de capacitarnos y darnos poder para vivir en victoria. Veamos dos de ellas:

Primera: En muchas ocasiones seguimos las sugerencias de otros que reaccionan frente a nuestros problemas desde una perspectiva humana, y preocupados por nuestro bien nos ofrecen su consejo. Ahora bien, no debemos olvidar que Dios podría estar usando nuestro problema para indicarnos algo que fácilmente puede escapar al entendimiento de ellos; por lo tanto las consecuencias de seguir esos consejos pueden ser malas. Y esto afecta nuestra confianza de seguir adelante. No está mal escuchar los consejos de alguien que sabemos nos ama y desea nuestro bien. Proverbios 24:6 dice: “En la multitud de consejeros está la victoria.” Pero no debemos olvidar que “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios.” (1 Corintios 2:14). Por eso tenemos que orar en busca de discernimiento espiritual buscando la confirmación del Señor por medio de la oración constante.

Segunda: Nuestra confianza se debilita cuando hemos cometido pecado. El pecado crea culpa y esta culpa puede llevarnos a una sensación de indignidad que afecta nuestra relación con el Señor. Sentirnos indignos del apoyo de Dios puede convencernos de que no podemos recibir el poder que Dios ha prometido en su Palabra para sus hijos. No permitas que un sentimiento de culpa te robe la confianza en el amor y el poder de Dios que están siempre a tu disposición. Si has entendido que le fallaste a tu Padre celestial, arrodíllate ante él y confiesa tu pecado. Así dice 1 Juan 1:9: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” Cuando lo hagas tienes que tener la seguridad de que Dios ha removido todo obstáculo que te separaba de él. Ni aun cuando nosotros somos infieles, Dios deja de ser fiel. En 2 Timoteo 2:13 leemos: “Si fuéremos infieles, él permanece fiel; él no puede negarse a sí mismo.”

Si sientes que una de estas dos razones o algún otro motivo está afectando tu confianza en Dios, recházalo en el nombre de Jesús. Si bien nadie es digno del cuidado y la protección de Dios, él decidió por su gracia infinita rescatarnos de las garras del pecado aunque no lo merecíamos, y derramar sobre nosotros su amor y su favor. Romanos 5:6 dice: “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos.” Y el profeta Jeremías declara: “Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.” (Lamentaciones 3:22, 23).

Al poeta místico Rabindranath Tagore se le acredita la frase: "Los vientos de la gracia siempre están soplando, pero tú debes levantar las velas." En todo momento podemos contar con la gracia de Dios, pero para avanzar en el mar de la vida y llegar a la meta victoriosamente es necesario que nos acerquemos a él. Así dice Santiago 4:8: “Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros.” Busca una íntima relación con Dios pasando tiempo en oración y meditando en su palabra día tras día. Reflexiona en la enseñanza de hoy y aplícala en tu vida. Todo esto fortalecerá tu confianza en Dios y podrás disfrutar de su gracia y su misericordia en todas las circunstancias.

ORACION:
Mi Padre amado, ¡cuántas veces ha fallado mi confianza en ti! Te ruego me perdones y me ayudes a enfocarme en lo que me dice tu Palabra y hacer de ello el centro de mi vida. Que nada ni nadie desvíe mi atención de ti, mi Rey y mi Señor. En el nombre de Jesús, Amén.