Enero 2018
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Galatas 6:7
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”


Si sembramos una semilla de mango crecerá un árbol de mango y cosecharemos mangos. No podemos esperar naranjas, por ejemplo. De igual manera no es posible sembrar semillas de pera y cosechar manzanas, y así por el estilo con todas las demás frutas. Esta es una regla natural que no admite cambios. Este principio se aplica también en el mundo espiritual de manera inexorable. Siempre cosecharemos lo que sembremos. Esto es lo que nos dice el pasaje de hoy.

Muchas veces nos quejamos de las desdichas presentes y no nos damos cuenta de que en el pasado hemos sembrado malas semillas y por eso ahora estamos cosechando malos frutos. El que ha sembrado odio, en algún momento de su vida recogerá odio. Si una persona ha practicado el chisme, hablando mal de otras personas, con seguridad hablarán mal de ella también. Por el contrario, si ha mostrado amor y misericordia a los demás, en momentos de necesidad en su vida no le faltará alguien que le dé una mano. En el Sermón del Monte, Jesús enseñó a sus discípulos acerca de este principio. Allí les dijo: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia." (Mateo 5:7).

En las cosas de Dios, si tú siembras obediencia siempre cosecharás bendiciones. "Sembrar obediencia" es aplicar las enseñanzas de la palabra de Dios a nuestras vidas. Puede ser diciendo la verdad siempre, no mintiendo, o no apropiarse de lo ajeno, o amar al prójimo como a uno mismo, darle a Dios lo que le corresponde en el aspecto económico, servir al Señor, es decir todo aquello que hagas con la intención de obedecer y agradar a Dios es una siembra de una buena semilla. En su carta a los Colosenses, el apóstol Pablo escribe: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas." (Colosenses 3:23-25). El principio de la siembra y la cosecha está expresado de manera muy clara a través de toda la palabra de Dios.

Durante nuestras vidas constantemente se estarán presentando oportunidades para sembrar. Es nuestra responsabilidad aprovechar esas oportunidades. La Biblia nos advierte que aquel que no se preocupa por sembrar no recogerá cosecha. Así dice Eclesiastés 11:4: “El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará.” Y considerando que cosecharemos de acuerdo a lo que sembremos es muy importante que tratemos siempre de sembrar buenas semillas conforme a lo que Dios espera de nosotros. Cuando hacemos algo con el fin de agradar al Señor, con toda seguridad en algún momento recibiremos bendiciones, aunque habrá ocasiones en que los resultados tardarán más tiempo del que deseamos.

Quizás en el pasado has sembrado malas semillas; a lo mejor ya han producido frutos que han afectado tu vida negativamente. Pero no te desalientes, pues Dios en su infinita misericordia está dispuesto a perdonarte si te arrepientes y te haces el propósito de cambiar totalmente el método de tu siembra. En lugar de malas semillas siembra semillas que agraden a Dios, y verás el huerto de tu vida lleno de frutos totalmente bendecidos por el Señor.

Si crees que este es un objetivo muy difícil de alcanzar para ti, Dios también puede ayudarte a lograrlo si buscas su ayuda. El Espíritu Santo está a tu disposición siempre. Sólo tienes que hacerte el propósito de dedicar un tiempo diario a leer la Biblia, meditar en sus enseñanzas, y orar pidiendo discernimiento espiritual. Esto sí lo puedes hacer si te lo propones. Entonces se llevará a cabo en ti una transformación interna que te capacitará para sembrar de manera natural y espontánea esas buenas semillas que producirán buenos frutos en tu vida.

ORACION:
Mi Dios amado, te ruego me capacites para ser un sembrador de semillas agradables a ti, de manera que la cosecha que yo recoja sea de bendición para mí y mi familia. En el nombre de Jesús, Amén.