Dios te habla
Septiembre 2021
DLMMJVS
 1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930 

 
¿Estás preparado para la venida del Señor? Enviar esta meditación

Mateo 24:29-32
“E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro
.”

Por regla general, cuando esperamos visita preparamos la casa lo mejor posible. Hacemos una buena limpieza, organizamos, nos deshacemos de cosas que no necesitamos, compramos artículos que hacen falta, etc. Todo con el fin de causar una buena impresión a los visitantes. El pasaje de hoy nos habla de un evento de mucha mayor magnitud y significado que una simple visita de familiares o amigos. Se refiere a la segunda venida de Jesucristo. El Señor viene por su iglesia, sus ángeles “juntarán a sus escogidos” y Jesús nos llevará a vivir con él por toda la eternidad. Es, pues, muy importante que estemos preparados espiritualmente para esa maravillosa visita divina que significará el fin de todos los sufrimientos y aflicciones, y “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor.” (Apocalipsis 21:4).

Ciertamente queremos causar una buena impresión al Señor, y que a él le agrade lo que encuentre al llegar. La diferencia en relación a otras visitas consiste en que no sabemos exactamente cuando llegará Jesucristo. “Del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre”, les dijo Jesús a sus discípulos (Mateo 24:36). Entonces les dio este sabio consejo: “Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.” (Mateo 24:42-44).

La llegada del Señor está cerca. Las señales que vemos a diario así lo indican. Cuando sus discípulos le preguntaron: “Dinos, ¿cuándo serán estas cosas, y qué señal habrá de tu venida, y del fin del siglo?”, Jesús les respondió: “Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin. Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.” (Mateo 24:3-8).

Cuando una mujer va a dar a luz hay un “principio de dolores”, y a medida que se acerca el momento del parto los dolores y las contracciones se intensifican y se hacen cada vez más frecuentes. Estas señales indican que está próxima la llegada de la criatura. Sin duda ha habido siempre guerras, pestes, hambres y terremotos. Pero la frecuencia y la intensidad con que han estado sucediendo en los últimos años estos fenómenos nos indican que estas son las señales a las que Jesús se refirió como preámbulo a su regreso. También vemos como cada vez con más frecuencia aparecen hombres proclamándose a sí mismos "apóstoles", algunos dicen que son la reencarnación del apóstol Pablo y otros hasta afirman ser el mismo Jesucristo.

Debemos velar, debemos estar atentos, debemos estar preparados como si fuera mañana el día en que Jesús va a llegar. No queremos que nos suceda como a las cinco vírgenes insensatas que no prepararon sus lámparas con aceite y se quedaron fuera de las bodas. Queremos ser como las cinco prudentes que tomaron sus lámparas y las prepararon con suficiente aceite y cuando llegó el esposo entraron con él y disfrutaron de las bodas. (Mateo 25:1-13).

ORACION:
Padre santo, te ruego pongas en mi corazón un ferviente deseo de buscarte día tras día, de adorarte, de obedecerte y de servirte. Que, ya sea cuando tu Hijo Jesucristo venga de nuevo o cuando llegue mi momento de partir de este mundo, yo esté totalmente preparado para ese maravilloso encuentro. En el nombre de Jesús, Amén.