Septiembre 2018
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¿Quién es tu maestro? Enviar esta meditación

Juan 14:26
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”


La Biblia es el perfecto libro de texto para nuestra enseñanza. 2 Timoteo 3:16-17 afirma que “toda la Escritura es inspirada por Dios.” Y continúa diciendo que es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” En el pasaje de hoy Jesús habla acerca del maestro que imparte esta enseñanza de la Palabra de Dios: el Espíritu Santo. En esta conversación con sus discípulos, después de casi tres años predicando el evangelio y enseñándoles todo lo relativo al reino de Dios, Jesús les habla acerca de su próxima partida. Y, sintiendo la profunda tristeza de ellos, les anuncia la futura llegada del Espíritu Santo.

Más adelante Jesús les anima diciendo: “Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.” (Juan 16:7). Y entonces les dice lo que ellos podían esperar del Espíritu Santo: “Cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.” (Juan 16:13). Dios envió su Espíritu Santo para instruirnos personalmente, pues está perfectamente capacitado para ser nuestro Maestro. Él es Dios, pues es una persona de la Trinidad y, por lo tanto es omnisciente, es decir todo lo sabe. Por eso es categóricamente capaz y confiable para instruirnos en los asuntos divinos.

En Efesios capítulo 6, el apóstol Pablo escribe acerca de la guerra espiritual en medio de la cual vivimos todos los creyentes, y nos exhorta a vestirnos “de toda la armadura de Dios.” Al referirse a la Palabra de Dios, Pablo la define como “la espada del Espíritu.” (Efesios 6:17). Es decir, en esa guerra espiritual contra Satanás y sus demonios el Espíritu Santo usa la Palabra de Dios como una espada para pelear por nosotros y defendernos de las asechanzas del diablo.

Cuando recibimos a Jesucristo como nuestro salvador el Espíritu Santo viene a morar en nuestros corazones (Efesios 1:13). E inmediatamente comienza el proceso de santificación. En su epístola el apóstol Santiago escribe lo siguiente: “El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente.” (Santiago 4:5). Nuestra responsabilidad como hijos de Dios es depender del Espíritu Santo para que él nos enseñe, y no guiarnos por nuestras propias opiniones. La Biblia nos dice que ni siquiera sabemos pedir lo que verdaderamente nos conviene, pero si permitimos que el Espíritu Santo nos dirija él se hará cargo de interceder por nosotros. Así dice Romanos 8:26: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”

Mantente siempre atento a la dirección del Espíritu Santo pero de una manera especial en situaciones difíciles, en las que el poder de Dios pueda significar una notable diferencia en los resultados. Así aconsejó Jesús a sus discípulos: “Cuando os trajeren a las sinagogas, y ante los magistrados y las autoridades, no os preocupéis por cómo o qué habréis de responder, o qué habréis de decir; porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que debáis decir.” (Lucas 12:11, 12).

Busca una comunión cada vez más íntima con Dios leyendo su Palabra, meditando en ella y pasando tiempo de oración cada día de tu vida. Pídele al Señor, en el poder del Espíritu Santo, que te bendiga mientras estudias su Palabra y te dé discernimiento espiritual para entender con claridad todo lo que él quiere enseñarte.

ORACION:
Padre santo, te doy gracias una vez más por tu palabra y por tu Espíritu Santo quien me enseña, me redarguye, me dirige y además me consuela cuando estoy en aflicción. Por favor dame discernimiento espiritual para entender sus enseñanzas y dame la fuerza y el valor para ponerlas en práctica cada día de mi vida. En el nombre de Jesús, Amén.