Septiembre 2018
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¿Eres persistente en la oración? Enviar esta meditación

Lucas 18:1-8
“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”


La madre de Hudson Taylor había estado orando por mucho tiempo por la salvación de su único hijo. Aquella noche esta mujer sintió como nunca antes un intenso anhelo por la conversión de Hudson. Se levantó de la mesa, se fue a su habitación, cerró la puerta y se arrodilló a suplicar a Dios a favor de su hijo con la firme intención de no levantarse hasta que hubiese sido concedida su petición. Hora tras hora aquella madre estuvo clamando al Señor aferrada a la promesa de Hechos 16:31: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa.” De momento una paz y un gozo inexplicable comenzaron a inundarla. Entonces se puso de pie con la plena seguridad de que su oración había sido contestada. Al día siguiente recibió una llamada de su hijo dándole la noticia que ya ella sabía: ¡Él había aceptado a Jesucristo como su Salvador! Años más tarde Hudson Taylor fundó la Misión del Interior de China por medio de la cual miles y miles de chinos conocieron al Señor.

En el pasaje de hoy, Jesús refirió “una parábola sobre de la necesidad de orar siempre, y no desmayar.” Conocedor de la naturaleza humana y de nuestra tendencia a abandonar los esfuerzos cuando no vemos pronto los resultados que esperamos, el Señor nos exhorta a ser persistentes en la oración. Cuando ya no deseamos orar más, cuando la decepción y el desaliento se están apoderando de nosotros es cuando más tenemos que orar. Jesús nos dice que no desmayemos, sino que continuemos insistiendo pues la respuesta de los cielos no habrá de tardar. Debemos perseverar en la oración con la expectativa de que veremos los resultados, poniendo toda nuestra confianza en "Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos", según afirma Efesios 3:20.

La madre de Hudson Taylor actuó exactamente como la viuda de la parábola. Ella persistió en su petición a Dios por la salvación de su hijo; no desmayó sino que se mantuvo firme hasta que su oración fue contestada con creces. Si hubiera desistido de su empeño antes de lograr su objetivo quizás nunca su hijo hubiese sido salvo ni tampoco los miles de chinos que, por medio de él, llegaron a conocer a Jesucristo.

El multimillonario hombre de negocios norteamericano, y candidato presidencial en las elecciones de 1992 en los Estados Unidos, Ros Perot dijo: “La mayoría de las personas se dan por vencidas justo cuando están a punto de obtener la victoria. Utilizando un término de fútbol, diríamos: Se retiran en la “yarda una”. Se rinden en el último minuto del juego, a un pie de anotar el punto de la victoria.” Esto puede aplicarse a nuestras vidas espirituales. ¡Cuántas veces nos hemos desanimado y hemos dejado de orar, y entonces hemos decidido actuar por nuestra propia cuenta en lugar de esperar el tiempo del Señor! Quizás si hubiésemos persistido, en poco tiempo hubiéramos obtenido lo que deseábamos y aun más.

Aprendamos a no darnos nunca por vencidos confiando plenamente que Dios está al tanto de nuestras necesidades y de nuestras súplicas. Seamos persistentes como la viuda de la parábola y la madre de Hudson Taylor, y oremos sin cesar hasta que nuestro Padre celestial nos conteste… en su tiempo.

ORACION:
Mi bendito Dios, te adoro y te doy gracias por la seguridad que nos da tu palabra de que tú contestarás nuestras peticiones si persistimos en la oración. Por favor, aumenta mi fe y ayúdame a perseverar y no desmayar confiando en que tu respuesta no ha de tardar. En el nombre de Jesús, Amén.