Septiembre 2018
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¿Lo dejarías todo por seguir a Jesús? Enviar esta meditación

Mateo 4:18-22
“Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.”


Lucas 5:27-28
“Después de estas cosas salió, y vio a un publicano llamado Leví, sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme. Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.”


Cuando Jesús llamó a sus discípulos para que se unieran a su ministerio ellos inmediatamente lo dejaron todo y le siguieron. En el primer pasaje Mateo nos cuenta que Simón Pedro y su hermano Andrés, que eran pescadores, “dejando al instante las redes, le siguieron.” De igual manera Juan y Jacobo, hijos de Zebedeo, “dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” Después, Lucas nos habla de un cobrador de impuestos llamado Leví, al cual Jesús simplemente le dijo: “Sígueme.” Y este hombre, “dejándolo todo, se levantó y le siguió.” ¿Qué sintieron ellos en sus corazones cuando escucharon la invitación de Jesús que los movió a dejar todo lo que tenían y seguir a aquel hombre que no les ofrecía beneficios económicos, ni comodidades, ni bienes materiales, sino solamente sacrificios y dedicación a su causa? ¡Qué impactante debió haber sido la voz del Señor! Sin duda una mezcla divina de una autoridad irresistible y un amor verdaderamente imposible de describir.

Ellos no solamente debían tomar la decisión de dejar los bienes materiales, sus medios de sustento, sus trabajos y hasta sus familias por seguir a Jesús, sino que también debían considerar los peligros a los que se expondrían por su causa. Recientemente habían conocido la suerte que corrió Juan el Bautista, quien había sido encarcelado (Marcos 1:14), para posteriormente morir decapitado en manos de sus captores. Así es que bien sabían ellos que estaban arriesgando sus vidas al responder el divino llamado. Y aun así ellos decidieron seguir al Señor. Ciertamente Jesús no les brindó un jardín de rosas, pero les ofreció algo mucho más profundo y trascendental: su paz inefable y la seguridad de su protección, su ayuda, su consuelo y su provisión en los momentos difíciles que encontrarían en sus vidas. Así dijo Jesús a sus discípulos: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33).

Más adelante la Biblia nos cuenta que un joven rico se acercó a Jesús interesado en saber qué debía hacer para heredar la vida eterna, pero después de conversar con el Señor salió triste y decepcionado. (Marcos 10:17-22). Al ver esto, los discípulos se asombraron y se preguntaban: “¿Quién, pues, podrá ser salvo?” Entonces Jesús les dijo: “Para los hombres es imposible, mas para Dios, no; porque todas las cosas son posibles para Dios.” Entonces Pedro le dijo: “He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido.” Al escuchar esto el Señor declaró una preciosa promesa para aquellos discípulos, la cual ha permanecido vigente a través de los siglos hasta nuestros tiempos para todos aquellos que, habiendo escuchado su llamado, han tomado la decisión de dejarlo todo para seguirlo: “De cierto os digo que no hay ninguno que haya dejado casa, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por causa de mí y del evangelio, que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.” (Marcos 10:29-30).

Lee de nuevo esta promesa del Señor y reflexiona en ella. Ahora, ¿sientes en tu corazón el deseo de seguir a Jesús y servirle por el resto de tu vida? ¿Lo dejarías todo por seguir al Señor?

ORACION:
Padre amado, gracias por la oportunidad que me brindas de servirte formando parte del plan que tú tienes para la salvación de este mundo. Te ruego me ayudes a ponerte siempre en primer lugar en mi vida, y echar a un lado todo lo que me impida seguir a tu Hijo Jesucristo. En su santo nombre te lo pido, Amén.